Por Ken Wilber

El vil metal. No toquen el ámbito burdo. Con la mirada vuelta siempre hacia arriba, trascendamos solamente: no entremos, con cuidado y compasión, en los intercambios relacionales que definen este mundo: relaciones de comida y de sexo y de dinero.

Y señalemos, para nuestros ideales, a los sabios agrarios que se negaron al intercambio monetario (y, de hecho, lo condenaron). Estamos usando unas normas éticas apropiadas para la estructura agraria en un mundo posmoderno en el que ni siquiera son remotamente aplicables. Toda la estructura agraria apoyaba a yoguis y mendicantes con limosnas y donativos, que no tenían que preocuparse por el dinero, por un lugar donde vivir, por cómo pagar los impuestos; y es muy fácil condenar algo que de todas formas te están dando gratis.

Lo único que consigue esto, en el mundo posmoderno, es crear e imponer una hipocresía despiadada. Puesto que los individuos y los maestros deben recaudar dinero para sobrevivir, pero puesto que el dinero es malo, entonces, con la conciencia llena de culpa, recaudemos dinero, pero llamémoslo de otra forma (donativos «libres»). Sigamos señalando que Ramana no aceptaba dinero (le mantenían los devotos, por supuesto); que el Dalai Lama no acepta dinero (solo tiene a todo un pequeño país manteniéndolo). Y no quiera dios que algún maestro sea hallado conduciendo un BMW: el diablo, sin duda, lo obligó a hacerlo.

Y peor aún: el mensaje que sale del Dharma  no es cómo ser responsable del dinero apropiado, sino cómo evitar esa responsabilidad. El Dharma puro no toca los billetes: por tanto, los practicantes puros no deberían preocuparse por el dinero. Lo que significa que un buen practicante debería estar minuciosa, total y ferozmente desconectado de la realidad.

A nadie le gusta ver la espiritualidad maltratada por una codicia y una avaricia monetarias exorbitantes, a los Jimmy Swaggart y Oral Roberts[1] (o Rajneesh,[2] etc.) sacándoles los dólares a los incautos. Pero lo contrario de la codicia de dinero no es nada de dinero, sino dinero apropiado. Hay que corregir y completar la lista ascendente: comida correcta, sexo correcto, dinero correcto.

Mi propia opinión, de hecho, es personalmente aún más enérgica. Creo que este Dharma hippie (vil metal) en realidad rebaja el Dharma. Transmite el mensaje de que el Dharma no tiene ni idea de cómo tener éxito en el mundo real. Transmite el antiguo disparate ascendente de que el Dharma es igual a puritano, muerto del cuello para abajo. Transmite el mensaje de que el Dharma no puede tocar el dinero sin mancillarse. Y eso es lo más rebajado de lo rebajado.

Como ya he dicho, creo que debería hacerse todo el esfuerzo pragmático posible para poner el  Dharma al alcance de cualquier persona, con independencia de su capacidad para pagar (volveré a esto en un momento). Pero eso es totalmente diferente de la postura que dice que nunca se debe compensar al Dharma por sus esfuerzos.

En otras palabras, son dos cuestiones totalmente distintas: poner el Dharma al alcance de quienes no pueden pagarlo y la idea de que el Dharma no se debe pagar en absoluto. La primera es encomiable, noble y honorable; la segunda es patética, retrasada, regresiva y obscena. Y un Dharma asqueado con el ámbito burdo: eso no es un Dharma libre y gratuito, es un Dharma rebajado, paralizado por su incapacidad para abrazar el ámbito burdo con cuidado e interés e inteligencia.

El dinero es el poder del intercambio relacional en el ámbito burdo. Es el modo totalmente apropiado de permitir que se muevan bienes y servicios en el ámbito burdo. Y un Dharma que incluya (y no desprecie) el ámbito burdo es un Dharma que funciona con dinero apropiado y, por tanto, un Dharma que se establece en el mundo moderno y posmoderno sin este descabellado elogio de la postura agraria, sexista, ascendente, puritana, antitierra, anticuerpo, antimujer; y, créanme, es un solo paquete.

Entonces la cuestión difícil pasa a ser no si el Dharma y el dinero deberían encontrarse (desde luego que deberían), sino más bien cómo ponemos el Dharma al alcance de quienes no pueden permitírselo.

Y aquí se vuelve a la pregunta, mucho más prosaica y ordinaria, de cómo hacemos esto en cualquier dominio y con cualquier bien o servicio. El Dharma no tiene absolutamente nada especial en este sentido. ¿Cómo logramos un intercambio equitativo en cualquier caso?

Por ejemplo, yo ganaba dinero en la universidad dando clases particulares. No podía decidir un precio fijo porque algunos estudiantes eran increíblemente ricos y algunos bastante pobres. Así que les cobraba por hora lo que ellos ganaban en una hora (o un valor equivalente; al hijo de un médico le cobraba lo que ganaba el médico en una hora). Esto quería decir que tenía algunos alumnos que pagaban 3,75 dólares la hora (el salario mínimo de la época) y unos pocos que pagaban alrededor de cien dólares la hora (lo cual, curiosamente, no parecía importarles).

En ningún momento se me ocurrió hacerlo totalmente gratis como cuestión de principio (porque es un principio estúpido; y completamente diferente de hacerlo gratis, o casi gratis, por la pragmática razón de que no podían pagarlo).

Este tipo de escala móvil, naturalmente, se usa a menudo en los bufetes de abogados, en centros médicos, en psicoterapia y en servicios sociales, y personalmente me encanta. Por desgracia, es bastante difícil aplicarlo a seminarios y retiros y actos similares del Dharma debido a la complejidad de la contabilidad, pero puede haber diversas áreas de la enseñanza del Dharma en las que podría aplicarse de forma creativa.

Del mismo modo, hay diversos tipos de actividades que se pueden organizar y que tienen un diferencial monetario. Por ejemplo, algunos maestros pueden dar conferencias gratuitas, abiertas a cualquier persona, y luego los estudiantes interesados pueden inscribirse en sesiones individuales especiales o retiros de grupo, con un precio monetario (esto también se puede organizar con una escala móvil o no, dependiendo de las circunstancias; y siempre se pueden ofrecer becas para practicantes sinceros y desfavorecidos, no porque el Dharma no deba tocar el dinero, sino porque está dispuesto a hacer concesiones a los menos afortunados).

Pero el Dharma supuestamente «gratuito» (como cuestión de «pureza»), lo que es lo mismo que decir Dharma rebajado, transmite el mensaje inequívoco de que el Dharma no vale nada y de que tú también puedes perder tu valor si practicas lo suficiente. Transmite el mensaje de que el Dharma no asume ninguna responsabilidad madura del intercambio relacional burdo y de que tú también puedes volverte totalmente irresponsable si te aplicas con diligencia. Transmite el mensaje inequívoco de que «liberación» e «incompetencia flagrante» son idénticos.

Y lo peor de todo, crea una atmósfera generalizada de hipocresía: puesto que en realidad el intercambio relacional burdo es inevitable en cualquier caso, hay que recaudar dinero de otras fuentes y llamarlo con otros nombres: haciendo constantemente la pelota a patrocinadores acaudalados, arrastrándose para obtener limosnas por un Dharma «puro» que no se mancillará con el vil metal; degradando a los maestros y las enseñanzas por una «pureza» que esconde su rostro avergonzado ante las necesidades del mundo real, da la espalda humillada a los rigores de la claridad económica y llama todo este disimulo «gratuito» y «puro».

Hay maestros de Dharma dotados con más de veinte años de experiencia y sabiduría —y que enseñando ahorrarán a sus alumnos una enorme cantidad de tiempo y dinero (y sufrimiento)— que aun así rechinan los dientes, se autoflagelan y hacen muecas cuando piden cinco dólares para cubrir gastos.

Esto no es trascendencia, sino un puritanismo lamentable y corroído de culpa. El Vacío no te va a librar ni a ti ni a mí ni a nadie de la necesidad de un intercambio relacional apropiado en el mundo manifestado. Tener menos apego al dinero no significa ingenuamente tener menos dinero: menos apego no significa no tocar, sino tocar con elegancia y no apretuja; significa tocar con las manos abiertas, no amputarse las manos.

Yo he sido pobre la mayor parte de mi vida adulta (fui lavaplatos y ayudante de camarero y empleado de gasolinera durante la mayor parte de una década), hasta que mis libros empezaron a generar dinero (bastante avanzado el partido) y luego Treya me dejó unos pozos de petróleo y de gas en Texas, así que ahora no tengo que preocuparme demasiado por el dinero. Pero mis puntos de vista sobre este asunto no eran diferentes entonces y ahora: los dólares y el Dharma no solo no son incompatibles, sino que el intercambio monetario es una manifestación totalmente apropiada y funcional de lo Divino en la vida cotidiana, igual que la comida apropiada y la sexualidad apropiada.

Y en cuanto al punto de vista despectivo —vil metal—, les garantizo que, por razones estructurales, ese punto de vista está inextricablemente ligado a las posturas anticuerpo, antitierra, antiecológica, antisexo y antimujer: a todos los efectos, un solo paquete (surgieron históricamente a la vez y solo caerán a la vez: están unidas por estructuras ocultas de intercambio relacional).

Y solo llevaremos a rastras al Dharma, pataleando y gritando, al mundo moderno y posmoderno cuando se ataquen simultáneamente todas y cada una de estas posturas «anti» (dinero, comida, sexo, cuerpo, tierra, mujer): permanecerán o caerán a la vez.

Ya es hora de acabar con este Dharma rebajado; ya es hora de dejar de anunciar que el Dharma no tiene valor, de dejar de dar a entender que un buen practicante no tiene ni un duro ni tiene ni idea, de cesar este maltrato infantil espiritual. Es hora, más bien, de entrar en el ámbito manifestado del intercambio relacional apropiado y funcional —de dinero, comida, sexo, cuerpo, tierra— y encontrar, como dijo Plotino, que esta tierra y todos sus bienes devienen en un ser bendito, y santifica todos y cada uno de los acontecimientos tocándolos con gracia, no desinfectándolos con repugnancia.

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Traducción al castellano por Dharma en español. Texto completo en castellano aquí
Texto original en inglés: Ken Wilber, Rights Bucks (en la página web del autor).