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Mes: marzo 2019

Visita del maestro Denkô al Dojo Zen de Gran Canaria

Somos unos grandes desconocidos del cuerpo como camino de conocimiento. El cuerpo es el vehículo conductor de todas las vivencias y debemos recobrar su natural equilibrio, favoreciendo con la práctica de la atención plena, la armonización del centro motor, emocional e intelectual. Conocernos en intimidad es una experiencia necesaria y universal que no puede ser explicada, razonada, pensada, percibida o atesorada por nadie. Se experimenta en momentos de libertad. Todo está en el cuerpo que te habita.

El maestro zen Denkô Mesa, director espiritual de la Comunidad Budista Zen Luz el Dharma, visita el Dojo Zen de Gran Canaria con motivo del ciclo anual de enseñanzas  que imparte en el centro. En esta ocasión abordará la importancia de la postura y la respiración consciente para profundizar en los bloqueos energéticos y emocionales que afectan a la postura meditativa de los practicantes. No somos los programas que actúa a través de nosotros. Conocernos en intimidad es el fundamento de la Vía del Zen.

El encuentro será el viernes 12 de abril. Comenzará a las 20.00 h con una sesión de meditación (no se requiere experiencia previa). Acto seguido el maestro disertará sobre el tema elegido (SOLTANDO LA CORAZA), concluyendo el encuentro con un diálogo abierto de preguntas y respuestas.

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Integrando el Dharma en nuestras vidas

Uno de los puntos más importantes en el budismo es el darnos cuenta de que todos estos problemas que experimentamos surgen de causas. No es que surjan de la nada. La fuente de estos problemas está dentro de nosotros mismos. Este es un gran entendimiento profundo y no es fácil para muchas personas aceptarlo, ya que la mayoría de nosotros tendemos a culpar de nuestros problemas a los demás o a causas externas. Sentimos: «Soy infeliz por lo que hiciste, no me llamaste, me abandonaste, no me amas. Todo es tu culpa» . O culpamos a nuestros padres, por lo que hicieron o dejaron de hacer cuando éramos niños. O culpamos a la situación económica, política o social en la que nos encontramos. Por supuesto que todos estos factores juegan un rol en nuestra experiencia de vida. El budismo no niega esto. Pero la causa principal, la causa más profunda de nuestros problemas está dentro de nosotros mismos: son nuestras propias actitudes, especialmente nuestra confusión.

Si queremos encontrar un factor que defina claramente la actitud budista respecto a qué significa practicar el budismo en la vida diaria, yo diría que es éste. Cuando tenemos dificultades, buscamos dentro de nosotros para tratar de encontrar el origen y, una vez que lo identificamos, tratamos de cambiar la situación desde adentro. Cuando hablamos de buscar dentro de nosotros y encontrar la fuente de nuestros problemas, no nos referimos a hacer un juicio moral y pensar que soy malo y que tengo que cambiar y ser bueno. El budismo no emite juicios morales. Tratamos de localizar adentro de nosotros la fuente de nuestros problemas simplemente porque nos hace sufrir y porque queremos liberarnos de ellos y de nuestra infelicidad, y la fuente principal de ambos está en nuestras actitudes. Específicamente, el Buda dijo que la causa más profunda de nuestros problemas y de nuestro sufrimiento es nuestra confusión. Así que lo que tenemos que hacer es descubrir en qué radica nuestra confusión y cómo podemos corregirla a través de adquirir un entendimiento correcto.

¿Acerca de qué estamos confundidos? Acerca de varias cosas. Una de ellas tiene que ver con las causas y los efectos de nuestro comportamiento. Creemos que si actuamos de cierta manera, esto no tendrá ningún efecto. Por ejemplo, pensamos: «Puedo llegar tarde, ignorarte, y eso no importa» . Eso es incorrecto; es un estado de confusión. O pensamos que algo que hacemos o que la forma en la que nos comportamos tendrá un efecto que es absurdo e imposible. Por ejemplo, «Fui bueno contigo así que debes amarme. Te compré este lindo regalo, ¿porqué no me amas ahora?». Con pensamientos como estos nos imaginamos que nuestras acciones tendrán efectos imposibles, o pensamos que esos efectos serán mayores de lo que en realidad pueden ser. También podemos pensar que ciertas acciones nos traerán cierto tipo de efecto, pero en realidad nos traen el efecto totalmente opuesto. Por ejemplo, queremos ser felices y pensamos que para lograrlo hay que estar borrachos todo el tiempo. Pero esto produce más problemas que felicidad.

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Consciencia, mente y cerebro

La percepción es una descripción, construida por el cerebro, de la realidad. Constructo que se explica, en parte, por la miríada de formas que pueden alejarse de la realidad. La ventriloquia nos ofrece un ejemplo elocuente: el ventrílocuo habla mientras mueve la boca del muñeco, produciendo la impresión de que es el guiñol quien conversa. Pero el muñeco no puede emitir palabras. Ahora bien, si el ardid del ventrílocuo funciona en nuestro cerebro, entonces sabemos que lo que es verdad se aleja de lo que percibimos como tal. En Consciousness and the social brain, Michael S. A. Graziano sostiene que la consciencia es un constructo perceptivo: el cerebro atribuye consciencia a otras personas, de manera muy parecida a como atribuye el habla al muñeco del ventrílocuo.

Por definición, la consciencia da fe de la exclusividad de los pensamientos, emociones y sensaciones del sujeto. Unas experiencias que percibe en cambio constante. ¿Cuál es la base cerebral de semejante flujo de experiencia consciente? A tres principales se resumen los criterios esenciales. En primer lugar, la capacidad de seleccionar un estado de entre infinitos posibles; es lo que permite distinguir entre un sensor de luz y un ser consciente. En segundo lugar, una capacidad de conocer que conoce; en epistemología eso se llama metacognición y representaciones de segundo orden. Por fin, una capacidad de asignar un sentido personal al estado.

Para mayor concreción, atendamos a las diferencias fundamentales entre sensibilidad (no consciente) y consciencia. La sensibilidad reposa sobre la representación de primer orden; la consciencia descansa sobre la de segundo orden. La sensibilidad solo requiere capacidad para responder de forma específica a determinados estados de cosas, mientras que la consciencia demanda del agente saberse sensible a ellos. Además, esta última atiende de preferencia a un determinado estado de cosas. Para mayor claridad: una cámara no es consciente; solo es sensible a la luz, dato que ignora. Podríamos convertir en consciente a la cámara si dotáramos a esta de un mecanismo de segundo orden que pudiera coordinar el momento de registro de luz con una memoria de registros de luz en el pasado, así como su preferencia para ese momento particular de sensibilidad a la luz y trazas de recuerdos. El mecanismo en cuestión pudiera ser un contador del tiempo. Para que operase dicho mecanismo, cada canal de inputs tendría que tener su propio reloj, de suerte que todos pudieran sincronizarse para formar una representación del presente, del ahora.

Teorías sobre la consciencia las hay a docenas. De acuerdo con la teoría del esquema de la atención de Graziano, nuestra propia consciencia es un constructo perceptivo y único que emerge cuando el cerebro aplica, recursivamente, la misma atribución perceptiva a sí mismo. Concedemos consciencia a los demás como parte de nuestro modelo perceptivo de aquello a lo que están prestando atención (una inferencia útil para predecir su comportamiento). Graziano se propone construir la suya sobre dos pilares: base científica y coherencia lógica. Acude a la anatomía y fisiología del cerebro y recoge innúmeros datos (psicológicos y clínicos) con el fin de aportar una explicación biológica de la consciencia. El cerebro humano contiene unas cien mil millones de neuronas que interaccionan entre sí. Conocemos, a grandes rasgos, redes de neuronas la información.

De acuerdo con la teoría de Graziano, la consciencia es un relato descriptivo sobre un fenómeno real. La tinta con que se escribe el relato (la actividad neural) es real; también lo es el fenómeno físico descrito por el relato (la atención). Pero lo mismo que en el caso del muñeco parlante, lo que no es real es el relato. Famoso por su trabajo sobre la corteza motora, Graziano es un recién llegado a la investigación sobre la consciencia.

Quienes buscan en el cerebro el apuntalamiento de la consciencia investigan la circuitería compleja que ha elaborado y capacita al hombre para ser socialmente inteligente. Una función de esa circuitería consiste en atribuir consciencia a los otros: inferir que la persona Y es consciente del fenómeno X. En la teoría de Graziano, la maquinaria que atribuye consciencia a los demás es la que nos permite a nosotros tener consciencia. El daño ocasionado a esa circuitería repercute en nuestra consciencia. Algo aparentemente escondido en nuestro cerebro nos hace conscientes de nuestro yo y del mundo que nos rodea. La consciencia es la ventana a través de la cual comprendemos.

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I Formación Asistentes Zen

El próximo sábado 30 de marzo tendrá lugar el primer seminario de formación de los futuros Asistentes de Meditación Zen adscritos a la Comunidad Budista Zen Luz del Dharma.

Tal y como aparece en el «Recorrido de la práctica», algunos discípulos del maestro zen Denkô Mesa comenzarán su formación , dirigida por los instructores Carmen Febles y José Luis Yánes.

El seminario se realizará en horario de mañana y tarde y tendrá lugar en el Dojo Zen de Tenerife. El principal objetivo de esta formación conlleva el apoyo en el mantenimiento de los dojos y el servicio en las actividades que organiza periódicamente la CBZLD.