Discípulos

El Budha dijo: Eres tú el que has de esforzarte, los Tathagatas son sólo maestros”. Si a Shidharta Gautama se lo puede calificar de “sabio”, es debido únicamente a que descubrió y mostró los pasos hacia la verdadera liberación, pero somos nosotros los que hemos de recorrer el camino por nosotros mismos.

¿Cómo sabemos si estamos desarrollando este proceso interno y externo de una forma adecuada? Esta es la importancia de practicar junto a un maestro, un ser humano que también está en su proceso de auto descubrimientos pero que ya ha pasado, quizá, con desenvoltura sobre algunos paisajes. Te ayuda y aconseja en tu interno proceder. En nuestra tradición, el progreso y aprendizaje, en y de la práctica, no pueden darse en solitario. De ahí la importancia de establecer una relación discipular.

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El maestro es un Amigo de Bien (kalyâna-mitra) un amigo espiritual que te ayuda a descubrir lo esencial en ti mismo  en los demás. Te guía por los vericuetos de la mente y te enseña a plantar en ella las semillas del despertar. Es como un serpa, un guía de alta montaña que ha subido y bajado muchas veces. Te ahorra tiempo, te ayuda en los momentos de desaliento, te avisa de los pasajes difíciles.

En nuestras vidas, esencialmente en épocas de grandes cambios o experiencias de despertar espontáneo, descubrimos que sin el apoyo de un guía, un maestro experimentado y una práctica sistemática, estas experiencias pasan completamente desapercibidas.

Nuestra cultura y sociedad actual, más preocupada en el desarrollo desmedido del capitalismo y de la facturación rápida de las satisfacciones inmediatas, que no verdaderas, nos proporcionan pocos modelos (por no decir ninguno) de cómo encontrar y trabajar adecuadamente con los maestros espirituales. En nuestros tiempos, hemos perdido el maravilloso ESPÍRITU DEL APRENDIZAJE.

Así pues, estudiar con un maestro zen no significa renegar de nuestra propia responsabilidad y debemos prestar mucha atención en no caer en las proyecciones idealizadas. Nadie puede sentarse ni sentirse por ninguno de nosotros. El practicante debe practicar por él mismo. Hay un famoso dicho que repetimos hasta la saciedad: “No confundas la luna con el dedo que la señala”. El maestro no te controla, pero sí te dirige en una dirección adecuada. Está en tu libre elección seguir ese camino indicado o no hacerlo.

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