Luz del Dharma

Comunidad budista zen

VACIARSE, DAR TODO EL ALIENTO

Todos respiramos para vivir, pero pocos comprenden que respirar es vivir. Desde el nacimiento hasta la muerte estamos respirando. Dormidos, distraídos, desmayados, caminando, acostados … siempre respiramos y siendo como es algo esencial, solemos pasarlo por alto. El aire es esencial no solo a los humanos, sino también a los animales, a las plantas, a los minerales. Todo el mundo respira. El cosmos entero es una gran respiración.

Constantemente estamos intercambiando, religados por el aire. Un aire que es común a todos y que, por lo tanto, no nos pertenece. Sin embargo, y al mismo tiempo, cada uno debe respirar por sí mismo, cada uno es responsable de su propia respiración.

El respirar de todos es el respirar de cada uno, porque todos somos iguales, pero cada uno es diferente.

Durante zazen prestamos particular atención a la respiración y básicamente haz de apoyarte en la exhalación. Esto no significa que le demos más importancia a la inhalación. No, ambas deben armonizarse como el dorso de la palma, puesto que son dos partes de una misma cosa.

Algunos piensan que la respiración debe ser controlada. Esto es un error. El controlar, el reprimir, son formas de violencia generadas por el deseo y el temor. La respiración debe ser observada. Si observas tu exhalación y la acompañas suavemente hasta el final, la inspiración llegará por sí misma.

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Comentarios al Sutra de la Gran Sabiduría (Maka Hannya Haramita Shingyô)

El Dharma del Buda se manifiesta de forma ininterrumpida desde hace milenios. Se viene compartiendo en la intimidad del ser, trascendiendo el paso de los tiempos y actualizándose con una fuerza extraordinaria en el presente. Así como no hay límites en los cielos abiertos, los anchos mares, los bosques con sus verdes praderas y las altas montañas, en el lenguaje y sabiduría del corazón no caben las distancias. Memorable fue aquel momento en Rajgir, en el Pico de los Buitres, donde el eco del silencio se hizo tan presente… Fue un simple movimiento, una flor que giraba entre los dedos del maestro, una sonrisa compartida.

El legado espiritual de nuestros predecesores ha quedado recogido en obras de una altura inigualable. Concretamente, lo observamos en los vastos textos dedicados a la Prajñaparamita, cuyas enseñanzas fueron expresadas en más de 8.000 versos y tratadas especialmente en la escuela Mādhyamika con el maestro Nāgārjuna a la cabeza. Luego, con el paso del tiempo, derivó en el llamado Sutra de la gran sabiduría (Hannya Shingyô en jap.), un texto común en todos los rituales de la tradición zen.

En los libros antiguos, las definiciones de la perfección de la sabiduría son relativamente raras, y esto es muy comprensible, pues, en realidad, la experiencia a la que se alude, no puede ser captada ni con los conceptos de la mente ordinaria, ni tampoco sin ellos. Por esta razón, en el mencionado sutra encontramos una secuencia repleta de negaciones:

No hay nacimiento, ni comienzo, ni pureza, ni mácula, ni crecimiento, ni disminución. Por eso, en la vacuidad, no hay ni forma, ni agregados, ni ojo, ni oreja, ni nariz, ni lengua, ni cuerpo, ni conciencia. No hay color, ni sonido, ni olor, ni gusto, ni tacto, ni objeto de pensamiento. No hay sabiduría, ni ignorancia, ni ilusión, ni cese de la ilusión, ni decadencia, ni muerte, ni fin de la decadencia, ni cese del sufrimiento. No hay conocimiento, ni provecho, ni no provecho.

No es lo mismo comprender que entender. Esto es importante. Para no dejarse atrapar por las redes del intelecto pensante, la tradición budista se ha caracterizado desde siempre por una transmisión que va más allá de las palabras. Por esta razón, se habla de la meditación como una experiencia de trascendencia y liberación de eso que nos creemos ser. El Buda dijo:

Para entender todo, es necesario olvidarlo todo.

 

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PRESENCIA Y CONTEMPLACIÓN

Meditar es despertar.
 
Despertar es reconocernos en lo próximo.
 
Lo próximo es vivir en la plenitud de la certeza.
 
La certeza está fundamentada en el respeto por lo auténtico.
 
Lo auténtico se presenta siempre en el ahora.
 
El ahora acontece siempre en el instante verdadero.
 
El instante verdadero es único y eterno.
 
Eterno es el camino del corazón.
 
Corazón tiene la vía por descubrir.
 
Descubrir es la expresión natural de la luz de la conciencia.
 
La conciencia es todo en todo al mismo tiempo.
 
 
Por Denkô Mesa
Abril 2022
 
 

El hombre que aprendió a cruzar el río

El río discurre por los arroyos. Toma el caudal vertiginoso de los rápidos. Encuentra su remanso en los charcos, en los lagos, en el mar. Vasudeba, el barquero, sabe escucharlo: sus risas, sus carcajadas, el Om. El río trae consigo cortesanas, bandidos, mercaderes y campesinos que cruzan, de una orilla a otra, en la barca de Vasudeba. Pero, a veces, también trae extraños pasajeros, como el sramana Siddhartha, dispuesto y decidido a aprender todo de los hombres niños. 

“La sabiduría es una disponibilidad del alma”

dirá Hermann Hesse, autor de la novela, en uno de los párrafos. Con esa apertura el joven Siddhartha iniciará así un viaje lleno de descubrimientos que lo llevarán a adentrarse en un profundo conocimiento del mundo y de sí mismo.  

Insatisfecho y desconfiado, de doctrinas y de maestros, Siddhartha abandonará su hogar, renegará del ascetismo más extremo, e incluso del mismo Dharma, para llegar a experimentar y conocer de primera mano las cosas y los asuntos del samsara. En este juego de los hombres niños tendrá como nuevos maestros a la hermosa y sensual Kamala y al avaricioso y astuto Kamaswami, de quienes, respectivamente, aprenderá todo lo relacionado con el amor y los negocios. 

La historia de Siddhartha nos muestra que el autoconocimiento es un camino experimentación y de aprendizaje. No importa si este comienza en el lujo y termina en el ascetismo. No importa que se sea un muchacho de inteligencia brillante y se acabe siendo un humilde barquero. Las corrientes que lleva el río consigo se cruzan, confluyen y divergen, y, por ello, puede parecer que alguna de sus trayectorias se desvíe y llegue a perderse por otros afluentes. Pero nada más lejos para los que saben escuchar el río. 

Siddhartha: hermosa y directa. Parece que Hesse quiso decirnos con esta novelita:

“Lo que no conozcas, ve y tócalo”

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Por Takame