Un elemento fundamental para el buen desarrollo de las personas es que seamos capaces de conocernos en profunda intimidad. Sin embargo, somos unos grandes desconocidos a nivel emocional. Básicamente hay dos grandes emociones: el amor y el miedo.

A nivel primario, cuando hablamos del miedo nos estamos refiriendo a un mecanismo de supervivencia que activa el sistema simpático. Con la aparición del miedo en tu organismo, todo tu ser se pone en modo acción, ya sea de lucha o huida, ante una situación peligrosa. El individuo se siente con un temor ante lo desconocido. 

Ahora bien, desde otro punto de vista, observamos que el miedo no es real, salvo en una mente limitada. Pregúntate: ¿de qué tienes miedo? ¿De dónde procede esta sensación de inseguridad, nerviosismo, preocupación, ansiedad…? 

Si esta verdad no la confrontas y, por el contrario, la vives como si fuera auténtica, te cierras al aprendizaje y te haces vulnerable al dolor que estás experimentando.

El miedo hay que enfrentarlo. Es un recurso para trabajar. Excusarse en la cobardía y en el programa de “no puedo hacerlo” es  elegir permanecer en la parálisis. Esta no es la salida. Frases como, “no estoy capacitado, no estoy a la altura o ¿qué pensarán los otros de mí?, hay que soltarlas. 

El miedo surge ante un vacío que sientes que hay que llenar. Es un movimiento defensivo del ego, es un impulso que te atrinchera más frente a los otros y te deja sin espacio vital. El miedo sólo existe en una mente condicionada por patrones de inferioridad. 

De esta forma, te sientes desprotegido y así favoreces inconscientemente que otros te metan cualquier programa, creencia o limitación, para hacer de ti lo que ellos quieren. Funcionan con ideas falsas porque eres tú quien se mantiene separado de tu ser. Por ello, al no conectar con tu verdadero potencial y con tu sabiduría interna, te alejas de toda vivencia real.

Recuerda que el miedo en realidad es ausencia de amor. Surge de la sensación falsa de separación de la totalidad.  Cuando te sientes con falta de amor, te vives en un estado de carencia. Profundiza en esta experiencia ilusoria.

Quiero acabar con este hermoso y profundísimo mensaje de Nelson Mandela que indica una gran verdad:

“Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.
Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite.
Es nuestra luz, no la oscuridad lo que más nos asusta.
Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?
En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?
Eres hijo del universo.
El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo.
No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.
Nacemos para hacer manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros.
No solamente algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.
Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo.
Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.”

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Enseñanza impartida por el maestro zen Denkô Mesa durante una sesión de meditación online (marzo, 2021)