Todos respiramos para vivir, pero pocos comprenden que respirar es vivir. Desde el nacimiento hasta la muerte estamos respirando. Dormidos, distraídos, desmayados, caminando, acostados … siempre respiramos y siendo como es algo esencial, solemos pasarlo por alto. El aire es esencial no solo a los humanos, sino también a los animales, a las plantas, a los minerales. Todo el mundo respira. El cosmos entero es una gran respiración.

Constantemente estamos intercambiando, religados por el aire. Un aire que es común a todos y que, por lo tanto, no nos pertenece. Sin embargo, y al mismo tiempo, cada uno debe respirar por sí mismo, cada uno es responsable de su propia respiración.

El respirar de todos es el respirar de cada uno, porque todos somos iguales, pero cada uno es diferente.

Durante zazen prestamos particular atención a la respiración y básicamente haz de apoyarte en la exhalación. Esto no significa que le demos más importancia a la inhalación. No, ambas deben armonizarse como el dorso de la palma, puesto que son dos partes de una misma cosa.

Algunos piensan que la respiración debe ser controlada. Esto es un error. El controlar, el reprimir, son formas de violencia generadas por el deseo y el temor. La respiración debe ser observada. Si observas tu exhalación y la acompañas suavemente hasta el final, la inspiración llegará por sí misma.

Es como despedir a un amigo al que acompañamos en su partida. Nos quedamos con él hasta el final, hasta que ya no se le ve, hasta que ya no se lo oye. Y cuando se ha ido totalmente, ahí está la inspiración. Un nuevo amigo que ha llegado, llenándonos totalmente. El aire entra y sale como por una puerta de vaivén. En instantes está dentro, en instantes está fuera. Es como una onda que va y viene. Si se la observa sin interferir, la onda encuentra su ritmo. Funciona por sí sola. Ya no hay un yo que respira. No hay ni adentro ni afuera, solo una puerta de vaivén. 

La mayor parte de nuestras dolencias tiene su origen en una respiración deficiente. La medida de la inspiración está en concordancia con la medida de la exhalación. La proporción de dar es igual a la proporción de recibir. Es una ley. Si se da poco, se recibe en consonancia. El común de las personas tiene una respiración superficial, tímida. Desean recibir lo máximo, pero entregando lo menos posible. De este modo, abren la puerta enfermedades, prolongan en el sufrimiento, acentúan el egoísmo. Si practicas la respiración justa, comprenderás la ley del dar y de recibir. Si practicas esta ley, comprenderás todas las leyes.

Por el solo acto de respirar correctamente, nuestra vida cambia, el entorno cambia.

Nuestra respiración puede cambiar el mundo.

Vaciarse, dar todo el aliento, ir hasta el fin, es el gran secreto del zen.

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Fragmento de la obra De cara al muro, Jorge Ryunan Bustamante.