Crónicas

Un Dojo urbano

Entre los resquicios de la madera. Entre los azulejos. En las estanterías. Las varitas de incienso poco a poco se van consumiendo. Poco a poco su aroma acoge el nuevo espacio y su presencia envuelve cada uno de sus rincones hasta, incluso, llegar al exterior para darnos la bienvenida.

La calle es tranquila.

Por la manera que tiene de caer la luz por las dos ventanas a una compañera le recuerda a la mirada del Buda.

Los practicantes van llegando. Algunos más tempraneros, otros un poco más tarde.

El sonido de la campana de una iglesia cercana y el canto de un gallo son algunos de los sonidos que nos acompañarán durante kinhin y zazen.

Abrazos, choques de puños, saludos con el codo. En gasshô.

 Llevábamos tiempo sin vernos, llevábamos tanto tiempo sin casa. “De un barreño a otro”.  

El recibidor, el baño, el vestidor, la sala. Está todo tan vacío que parece que la imaginación germina con mayor agilidad. Surgen las ideas. Cada uno va visualizando dónde iría cada cosa: “Tal vez una cortina detrás del altar para crear un ambiente más apropiado. Incluso, podríamos aprovechar los enganches que ya están en el techo”. El maestro opta por dejarlo tal cual está.

– ¿Qué les parece el enso aquí?

Alguno se cambia de lugar para ver cómo quedaría viéndolo desde otro ángulo. Otros miran.

¿Y aquí?

Observan.

– A mí no me desagrada

Sopesan en silencio.

– Interrumpe un poco la estética de la sala.

–  ¿El vestíbulo para las mujeres y los hombres que se cambien tras una cortina? Hay quien no tendría pudor en cambiarse en el recibidor.

– ¿Y esa pizarra? – Tal vez para el que se porte mal y tenga que escribir el Maka Hannya ochenta mil veces.

Con el paso de los días siguen surgiendo algunas ideas para el mobiliario. Unas banquetas a la entrada para dejar para el calzado estarán bastante bien.

Todavía falta el Buda para el altar. El otro, dice el maestro, se rompió en medio de la vacuidad.  El practicante al que le comenta lo ocurrido, cree que le está tomando el pelo. Otro compañero, que sabe de decoración y cuestiones de estética, aconseja al maestro para terminar de preparar el espacio.

Los zafutones ya están dispuestos a cada lado. Los zafus al fondo a la izquierda, en los estantes, colocados en hileras, bajo las ventanas. Y en medio, entre una pared y otra, el altar, el palo de lluvia, el tambor octogonal, el sonajero, el haiseki.

Dojo urbano.

Ya suena el moppan.

Alguien de fuera que pasa rápidamente en cholas.

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Por Takame

 

El abrazo tierno del silencio

Al norte de Alicante, cerca de la localidad de Alcoy, siendo testigo las montañas pobladas de encinas y la luna llena.

Una casa labriega (Els Plans Welness) en el regazo de este paisaje, acondicionada para recibir y acoger unos corazones que no entienden de distancias.

Cada uno de nosotros, alentados por el deseo del encuentro, después de un período de tiempo en el que la presencia solo se realizaba online, iniciamos un viaje destino al verdadero hogar, nuestro corazón bondadoso.

Todos reunidos.

Viernes, siete de la tarde, en la sala de meditación, con unas ventanas amplias que abren a la vista, los ojos propios de la naturaleza. En un extremo, nuestro sensei, Denkô Mesa y a su lado, Marta, la organizadora de tal evento. Y distribuida ordenadamente como las piezas de un puzzle, la Sangha.

En el núcleo de la sala, una imagen de Buda, otorgando una solemne presencia a la experiencia que está por acontecer.

Al igual que las alas de una mariposa, se desplegó la esencia del retiro, tocando y bendiciendo a cada una de las personas que participaban en él.

Momentos de calma y plena consciencia acompañados por el abrazo tierno del silencio.

Intenso, transformador, sobrecogedor… Palabras que compartíamos en nuestra despedida del domingo con profunda gratitud.

Por María José Barragán

 

Crónicas del Ser de Todos los Seres: Despierta y Conecta

 

El privilegio en estas formas de aire, noche y día. Mismo cielo.

En los criterios de todos nuestros momentos se alimenta la profunda libertad de ser siempre ahora lo que ya estamos siendo.

Convertirse en lo experimentado, nos regala presencia y volcán en cada piel sin tormento, aquí en este reino Retiro de Silencio, la tierra sin frío ni ausencias es testigo.

Ven, ven, ven, vamos más allá del más allá, juntas con cada hoja quebrada del inefable árbol fértil.

Somos dominio sin permanencia, vibrando este cantar universal. Suena y resuena el tambor por cada barranco del Ashram. Ya estamos muertos siempre vivas.

Silencio y Quietud
en esta Roca Azul

 

Pedro Brito,

Retiro de Silencio  en el Ashram Arautápala, La Hondura, La Orotava.
Febrero de 2020

Primeras nieves en Ryoku Shin

Qué suerte la nuestra al volvernos a encontrar, como copos de nieve al caer, en su viaje fugaz.

Qué preciosa sinfonía al juntarse los unos con los otros,
en su bonita danza armoniosa .

Qué bella geometría creada,
en la unión ante el mandala,
al tomar todos forma en él
con el calor de llama encendida.

Cantos que nacen del alma en la oración sincera y profunda por todos los seres vivientes, reverencias y respeto absoluto.

Sencillez y quietud. Suena el madero y el ser escucha el latido en su repicar. La mente parece callarse en el reposo calmado de ZaZen junto a la actitud humilde y compasiva del Maestro en este día invernal y soleado.

Primer ZazenKai llevado a cabo, con el inmenso regalo de esta preciosa nevada de enseñanzas y prácticas compartidas en la bella sierra madrileña junto a los pies de la firme y majestuosa montaña Anajarra y en el esplendor de la linda y bella naturaleza en su estado infinito de ser.

En este primer y entrañable encuentro, sin la posible apariencia de que podamos observar que este nevando hoy «qué lindo es ver caer las nieves en Ryokushin « mientras comemos juntos dentro del Dojo, en la armonía de la Sangha.

El agua del río corre,
la vida pasa……

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