Enseñanzas del maestro Denkô Mesa

Meditar lo es todo

Reposar en la calma del ahora, permanecer recogidos en la intimidad, adentrarnos juntos en el lenguaje del silencio y escuchar su melodía es un gran regalo. He aquí el arte de la contemplación serena.

A través de la práctica meditativa cultivamos semillas de conciencia en el campo fértil de la mente. De esta forma, las palabras, los pensamientos y los actos que en ella surgen, aportan una verdadera nutrición para el bienestar de todos los seres. Por el contrario, cuando nos vivimos a través de la ilusión, todo carece de sentido y coherencia. Por ello, sentarnos y recogernos en el camino del corazón, merece la pena, y mucho, porque esta es la verdad de lo que somos. Ahora bien, pretender que la mente esté vacía de pensamientos, equivale a pedirle al cielo que interrumpa el paso de las nubes o decirles a los pájaros que dejen de volar.

Al sentarte a meditar, permaneces sereno en la estabilidad de la postura y ante ti se levanta una muralla enorme de sensaciones, recuerdos, expectativas, emociones y pensamientos de lo más variado. Entonces, te pregunto, ¿qué puedes hacer ante esa magnitud de la experiencia emergente? ¿Acaso puedes hacer algo? Tratar de vaciar la mente con la propia mente supone incentivar aún más la quimera de aquel que cree estar percibiendo algo a través de ella. ¿Quién es ese perceptor del que te hablo?

La mente del sujeto condicionado siempre está queriendo cosas. El impulso del deseo es el latir del universo y forma parte de la vida. Nuestro problema aparece cuando tratamos de detener este movimiento a través de la mente y fijarlo, llevándolo hacia algún lado o dejándolo en algún lado. Esta es la mente, esa entidad ficticia que trata de controlar y manipular todo y a su manera. En la tradición budista, a este punto ciego, se lo llama el veneno del apego. Es una percepción equivocada, una errónea relación que el sujeto mantiene ante la verdad de la impermanencia.

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Todo está en relación

Desde que leí por primera vez las Meditaciones de Marco Aurelio, quedé prendado por la profundidad de sus palabras. Hoy rescato las siguientes y que nos sirven de inspiración para abordar el tema que me plantearon días atrás, la ley universal de la interdependencia:

 Todas las cosas están ligadas entre sí con un nudo sagrado

y no hay nada que no esté en relación.

Todos los seres están coordinados entre sí,

todos concurren a la misma armonía del mismo mundo.

Es evidente que todo está en relación. No hay nada que exista separado de lo próximo. “Si una ola se levanta, diez mil que la siguen”, dice un antiguo texto budista.

Lo que se mueve aquí, repercute allá. Le mente depende de los sentidos para percibir la realidad, nuestros órganos vitales funcionan en su conjunto. La tierra depende de la lluvia para mantener sus cultivos, los frutos necesitan del árbol que los nutre, los hijos existen gracias a sus padres, la música se disfruta porque existe un oído que la escucha y así ad infinitum.

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Kshanti

La paciencia es una de las virtudes de la meditación. Aprender a estabilizar la mirada interna, no reaccionando de manera automática y compulsiva ante los fenómenos que nos atraen, o bien nos desagradan, es un síntoma de la persona tranquila y ecuánime.

Kshanti es una de las virtudes que se contemplan en el budismo. Junto a ella se desarrollan otras como la generosidad (dâna), la honestidad (sila), la sabiduría (prajña), el trabajo con la energía (virya)…

Estas virtudes son llamadas paramita en pali antiguo y las podemos entender como aquellos factores favorables que nos permiten llegar hasta la otra orilla de la mente, esto es, soltando limitantes y patrones ilusorios y alcanzando así el anhelo del despertar. Con este resulta la expresión madura de la conciencia.

Cuando uno vive en el presente, todo se da de manera natural. No hay prisas por ir hacia ningún lado, ni recuerdos del lugar de donde se estuvo. Todo fluye tranquilamente. Sin embargo, en una mente no entrenada, observamos que tenemos la mala costumbre de querer todo al instante, de hacer las cosas inmediatamente. Cuando esto te ocurra, devuelve tu mirada a la atención consciente, tu gran regalo y hazte íntimo con una respiración larga y tranquila. Este es el antídoto natural contra la ira, esto es, el enfado porque las cosas no han funcionado como tú pretendías.

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El cuento que te cuentas

¿Un cuento? ¿Por dónde irán hoy las enseñanzas? ¿No están intrigados?

Con esta preguntas inicio esta nueva entrada en el blog de la comunidad. La pregunta clave es: ¿y tú qué película te cuentas?

Estaría bien observar las proyecciones que hace tu mente, más bien, el uso que le das al potencial de tu mente. Podemos con ella imaginar, recordar, reflexionar, simbolizar, enjuiciar, fantasear, mentir, comunicar… Hay muchos verbos que hablan de nuestra narrativa interna. Ahora bien, algunos rumian demasiado las historias que se cuentan, se pierden en ellas, dándoles ademas categoría de real. 

La clave aquí está en aprender a colocar la mente al servicio del corazón. Esto es lo que ofrece la práctica meditativa. Entenderlo al revés es creerte el cuento de que tu ego es quien lleva el control. La realidad que creas a cada instante a través de la mente no es real. Es tu propia historia. Adherirte a ella es perderte en la fantasía ilusoria. De hecho, el gran descubrimiento está en que despiertes a la ilusión de una identidad. Cuando nos hemos adherido a las vivencias, internas y externas, no vamos más allá de ellas. Se trata de trascender la mente para acceder al Observador Testigo y convertirnos en el director que equilibra el afuera con el adentro y viceversa. 

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