Enseñanzas del maestro Denkô Mesa

EL HOGAR DEL SER

Zazen es el hogar del ser.

Si observas bien, la mente siempre va a tratar de controlar la experiencia, atendiendo a lo que ella llama el conocimiento. Ya sea al principio de la práctica o a lo largo de los años, la mente está ahí.

Hoy que nos sentamos y nos abrimos a un nuevo espacio de meditación, es normal que la mente atienda en exceso a los coches que pasan, el caminar los transeúntes o al frescor de la lluvia. Se agudiza el campo sensorial, incorporando fenómenos por primera vez, tales como el canto de un gallo, las campanas de una iglesia cercana… Esta es la mente, que entra en acción y se preocupa porque cree no recordar cómo se desarrolla la práctica.

Si observas bien, al reposar en el fondo de tu corazón, tu cuerpo se hace cuerpo en el hogar del ser.

Todo fluye con naturalidad y alegría. El tiempo se detiene, el espacio se hace inmenso y la práctica adquiere comprensión. De ahí que la noble postura del Budha que eres, se presente en todo su esplendor.

Denkô Mesa

7 de agosto de 2021

(Enseñanza durante la primera meditación en el nuevo Dojo Zen de Tenerife)

 

La conciencia no estacionada

El budismo no es un simple tema de estudio, sino una forma de vida. La esencia de ésta se encuentra en la meditación. Es tan actual esta certeza como el aire que ahora respiramos.

Las tradiciones contemplativas sobrepasan el lenguaje de las palabras, si bien, muchos han hecho el esfuerzo de plasmar y transmitir las experiencias, ya sea de manera oral o por escrito. De esta forma, llegamos a cuestionamientos tales como, ¿qué es la conciencia? ¿Acaso podremos definirla? ¿Dónde se esconde la conciencia? ¿Somos todos seres conscientes?

Conciencia es un concepto limitado en nuestra cultura. En occidente la entendemos como ‘lo opuesto a lo inconsciente’. Si además usáramos “mente” como sinónimo de la conciencia, la opondríamos a “corporal”, sin embargo, en el budismo se incluyen todos los niveles del ser en la conciencia (físico, sensorial, emocional, mental, conductual, espiritual…) Así pues, para penetrar en la naturaleza de la expresión “conciencia”, debemos vivirla no sólo con el intelecto, sino con todo nuestro ser.

Podríamos comenzar, acordando que la conciencia es aquello que nos da la posibilidad para desarrollar la práctica de la atención. Gracias a ésta, podemos observar los distintos fenómenos que ocurren tanto dentro como fuera de nosotros y aprender a relacionarnos de una manera sana y equilibrada. Por lo tanto, un primer acercamiento a la conciencia sería admitirla como algo que nos permite experimentar con plenitud lo que denomino “el poder de darnos cuenta”. En este sentido, la meditación es entendida como una contemplación de la conciencia a través de la propia conciencia.

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Meditar lo es todo

Reposar en la calma del ahora, permanecer recogidos en la intimidad, adentrarnos juntos en el lenguaje del silencio y escuchar su melodía es un gran regalo. He aquí el arte de la contemplación serena.

A través de la práctica meditativa cultivamos semillas de conciencia en el campo fértil de la mente. De esta forma, las palabras, los pensamientos y los actos que en ella surgen, aportan una verdadera nutrición para el bienestar de todos los seres. Por el contrario, cuando nos vivimos a través de la ilusión, todo carece de sentido y coherencia. Por ello, sentarnos y recogernos en el camino del corazón, merece la pena, y mucho, porque esta es la verdad de lo que somos. Ahora bien, pretender que la mente esté vacía de pensamientos, equivale a pedirle al cielo que interrumpa el paso de las nubes o decirles a los pájaros que dejen de volar.

Al sentarte a meditar, permaneces sereno en la estabilidad de la postura y ante ti se levanta una muralla enorme de sensaciones, recuerdos, expectativas, emociones y pensamientos de lo más variado. Entonces, te pregunto, ¿qué puedes hacer ante esa magnitud de la experiencia emergente? ¿Acaso puedes hacer algo? Tratar de vaciar la mente con la propia mente supone incentivar aún más la quimera de aquel que cree estar percibiendo algo a través de ella. ¿Quién es ese perceptor del que te hablo?

La mente del sujeto condicionado siempre está queriendo cosas. El impulso del deseo es el latir del universo y forma parte de la vida. Nuestro problema aparece cuando tratamos de detener este movimiento a través de la mente y fijarlo, llevándolo hacia algún lado o dejándolo en algún lado. Esta es la mente, esa entidad ficticia que trata de controlar y manipular todo y a su manera. En la tradición budista, a este punto ciego, se lo llama el veneno del apego. Es una percepción equivocada, una errónea relación que el sujeto mantiene ante la verdad de la impermanencia.

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Todo está en relación

Desde que leí por primera vez las Meditaciones de Marco Aurelio, quedé prendado por la profundidad de sus palabras. Hoy rescato las siguientes y que nos sirven de inspiración para abordar el tema que me plantearon días atrás, la ley universal de la interdependencia:

 Todas las cosas están ligadas entre sí con un nudo sagrado

y no hay nada que no esté en relación.

Todos los seres están coordinados entre sí,

todos concurren a la misma armonía del mismo mundo.

Es evidente que todo está en relación. No hay nada que exista separado de lo próximo. “Si una ola se levanta, diez mil que la siguen”, dice un antiguo texto budista.

Lo que se mueve aquí, repercute allá. Le mente depende de los sentidos para percibir la realidad, nuestros órganos vitales funcionan en su conjunto. La tierra depende de la lluvia para mantener sus cultivos, los frutos necesitan del árbol que los nutre, los hijos existen gracias a sus padres, la música se disfruta porque existe un oído que la escucha y así ad infinitum.

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