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Plantar un buda

Por Eihei T.
14 de noviembre de 2020

Conoce lo blanco,
mas permanece en lo negro
(Tao Te Ching, 28)

En el  espacio diáfano de 70 m2 que compartimos con otro antiguo grupo de yoga de la ciudad, se hace necesario montar, cada día que hay zazen, tanto el altar como el  resto del dojo. Los zafutones, el haiseki central o lugar para las postraciones del maestro, las campanas para la sencilla ceremonia que practicamos tras la meditación, incluso la puerta sin puerta o umbral por el que “entramos” a través de dos biombos y que delimita ese corazón colectivo o núcleo  que es siempre una sala de meditación.

Es por ello este nuevo espacio donde practicamos un espacio flexible, provisional, contingente. Sintoniza con esa modernidad líquida que describe el sociólogo y filósofo contemporáneo Bauman, que viene a definir cuestiones claves en nuestra sociedad, donde el cambio constante y la transitoriedad parecen avocarnos a una inconsistencia de las relaciones humanas en tantos ámbitos. El espacio en la isla es caro, y el dibujo de la cuidad está impuesto en gran parte por los designios caprichosos y exigentes de la especulación inmobiliaria y su dictado del m2.

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Kusen. 10 de junio de 2019

Enseñanza oral durante la meditación

En el Lankavatara Sutra se dice: “allá donde hay percepción surge el engaño”.

Aceptando que somos sujetos que interpretamos siempre la realidad, sabemos que nuestra mente actúa a través de programas y patrones condicionados, pero los meditadores contamos con la fortuna de poder observar aquello que acontece sin manipularlo.

Cuando la mente escucha que los fenómenos son vacuidad y que la vacuidad se manifiesta en forma de fenómenos, nos llenamos de conceptos e ideas sobre esta verdad. Por el contrario, cuando nos fundimos en la estabilidad de un cuerpo sin fisuras y fluimos a través de una respiración amplia y generosa, inspiración tras espiración, contemplamos que todo es tal y como está siendo, una experiencia donde la dualidad no tiene cabida.

Al observar así, constatamos que la noche y el día se dan sin oposición, que el azul del cielo y el azul del mar se encuentran en un mismo siendo, tal y como sucede al meditar cuando el dedo pulgar de la mano izquierda se descubre en un sutil roce con el dedo pulgar de la mano derecha.

Al observarlo así, comprendemos que nadie entra o sale de la sala de meditación y que hacerlo con la pierna izquierda o con la derecha, no es relevante. Sobre la cabeza está la tierra, sobre las rodillas la inmensidad del cielo.

Cuando contemplamos con serenidad la impermanencia, todo es bello y hermoso. Decir tú o yo, discípulo o maestro, es un lenguaje que no recoge la armonía y el equilibrio donde la luz es en la oscuridad y la oscuridad es en la luz.

Somos Mente única.
Esto es lo que somos.

Denkô Mesa

(Kusen – Enseñanza oral durante la meditación de la noche del 10 de junio de 2019)
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Dojo Zen de Tenerife – Comunidad Budista Zen Luz del Dharma