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Voces en el Dharma

«Ciertos métodos de meditación, como el «simplemente sentarse y estar presente aquí y ahora», parece que están diseñados para evitar ver lo que está profundamente enterrado en mi inconsciente. Las formas superficiales de meditación, que llamamos bypass o desvío espiritual, con las que te flipas estupendamente en el cojín, pero ignoras qué es lo que realmente está pasando, quizás te hacen sentir algo de paz mental, pero en realidad no resuelven nada, no te permiten transitar la transformación de la que hablan los maestros. Si realmente quiero un cambio, si realmente quiero transformar o mejorar mi vida y las vidas de los demás, necesito ver y necesito ver qué es lo que está fallando».

«Mis amigos suelen ser esas personas que confirman siempre lo que yo pienso de mí mismo, lo cual puede ser muy arriesgado. Por eso resulta tan interesante verse de vez en cuando con alguien que no esté tan de acuerdo. Yo experimenté esto con mucha fuerza con mi maestro zen. Hasta entonces me las había apañado para engatusar a todo el mundo. Pero con él no pude. Él no me compró la moto. Tuve que ir a la otra punta del mundo para encontrar a una persona que no compró mi mierda. Algo que yo nunca había conseguido abrir tenía que abrirse. Y aunque fue muy duro… fue apasionante, porque algo me decía que eso era exactamente lo que yo necesitaba».

«El cuerpo y la mente van juntos. Solo el cuerpo o solo la mente no lo conseguirán. Si haces muchas postraciones y te entregas a ello plenamente, llega un momento en el que ya no puedes parar. De alguna manera, tú simplemente sigues una forma, aunque no tengas muy claro por qué lo haces, o aunque lo hagas solo porque crees que es una buena idea hacerlo. Pero luego, llega un momento en que las postraciones comienzan a influir en tu mente. Eso me encanta. Quizás comienzas a hacer las postraciones porque sientes gratitud. Pero también, a base de hacer postraciones puede aparecer en ti la gratitud. Esto es porque podemos influir en nuestra mente por medio de hacer ciertas cosas. Por eso a esto lo llamamos práctica. Práctica. Práctica. Práctica»

«Si orientas tu propia luz hacia tu interior lo suficiente y el yo no se apropia de la experiencia, no solo experimentas una espaciosidad completamente nueva, sino que además comienzas a mirar y escuchar de una manera nueva y también a pensar de una manera nueva. La mente pensante, que antes era continuamente conflictiva, ahora comienza a ser altamente colaborativa. Entonces descubres que la llamada Mente de Buddha no está en contra de la llamada mente racional en absoluto, muy al contrario, ambas son una sola mente. Esto es lo más maravilloso»

«Imagina que dices que has tenido una experiencia que ha transformado tu mente, pero que eso no se ve en absoluto, que es algo que no lo nota nadie. Si nadie lo nota, ¿qué utilidad tiene? Puedes tener el depósito del coche lleno de gasolina, pero si no pones el coche en marcha… »

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Fragmentos de las enseñanzas impartidas por el maestro zen Tenkei Roshi, fundador y director espiritual del templo Zen River en Holanda

El príncipe Siddhartha

La vida del príncipe Siddhartha Gautama refleja el camino que todo buddha transita en su última existencia. Este aspecto es importante a retener. Porque, a diferencia del relato del Cristo, el del Buda cuenta que ha habido otros buddhas y han transcurrido muchas existencias.

Un buddha es alguien que ha despertado del sueño de la ignorancia y ha recorrido la senda que conduce a la liberación. Es aquel que ha comprendido: un despierto. Algunos incluso afirmarían que es el universo percatándose de sí mismo.

Las tradiciones clásicas entienden que el camino que conduce a ese despertar requiere de infinidad de existencias. En el contexto religioso índico y de la mayor parte de Asia, la presente vida es solamente una dentro de una cadena. Los popularísimos jatakas (“Relatos de los nacimientos previos”), de los que conocemos varios centenares, son textos que se explayan en narrar las historias de las vidas anteriores del Buda. (Muchos son cuentos populares indios debidamente budizados.) Estos recuentos han tenido gran importancia como fuente de entretenimiento y forma de aleccionar sobre los principios esenciales del budismo: el cultivo de la generosidad, la retribución kármica, la amistad, etcétera. Poseen una fuerte carga pedagógica. En muchos países del Sudeste Asiático, por ejemplo, el relato de su existencia bajo la guisa del generoso príncipe Vessantara rivaliza en popularidad con el del propio príncipe Siddhartha [véase FIG. 2].

La “historia” del Buda, pues, suele comenzar mucho antes de nuestra era. Se inicia hace eones, cuando el asceta Sumedha encuentra al buddha Dipamkara, el primero de los buddhas del presente ciclo cósmico. Sumedha se afana en cultivar las grandes “perfecciones” (paramitas): la sabiduría, la generosidad, la paciencia, la contemplación, el esfuerzo y la honestidad. La habilidad y perseverancia en estas perfecciones siembra la semilla del “propósito de despertar” (bodhichitta) para el bien de todos los seres. Esta es la actitud propia de todo bodhisattva, es decir, de “aquel que va a devenir un buddha” (Theravada) o “quien aspira al despertar” (Mahayana).

La maestría de estas perfecciones durante incontables existencias conduce a un penúltimo nacimiento en Tushita, uno de los cielos de la cosmología tradicional budista, justo aquel en el que renacen los futuros buddhas. Según algunas versiones, el bodhisattva toma la “gran resolución” de proclamar una vez más el camino que conduce al despertar a esta humanidad. (Nótese, sin embargo, que no es una proclama de un ser divinamente escogido o enviado de ningún Dios.)

LAS TRES JOYAS

El Buda, su enseñanza y la comunidad. Una introducción al budismo

Agustín Pániker

Editorial Kairos

 

Mirar adentro

La llamada ley del karma nos afecta a todos por igual. Establece de manera universal cómo es la relación entre nuestras intenciones y los resultados. Ajena a las expectativas personales, indica que todo acto, pensamiento o acción deriva, tarde o temprano, en un resultado y un efecto determinado. Ahora bien, ¿cómo tener en cuenta esta verdad sin caer en los terrenos resbaladizos del apego, el rechazo y la desidia?

La meditación aporta siempre la posibilidad de poner luz en todas y cada una de nuestras voluntades. La práctica no es un conjunto de ejercicios que nos lleven a ninguna realización especial. La meditación es un espejo donde podemos mirar con tranquilidad. Al contemplar serenamente, observamos que todo se refleja a la luz de conciencia. En este sentido, contamos afortunadamente con los centros de meditación, auténticos laboratorios fotográficos de la existencia. En ellos, veremos cómo estamos y cómo nos sentimos, esto es, cómo nos estamos relacionando con nosotros mismos y con los demás. En este sentido, la postura durante la meditación refleja el tono existencial de la persona. Los comportamientos de los practicantes, instantes previos, durante y después de la sesión de meditación también son buenos indicadores de su estado interno, así como la forma de colocar sus zapatos al llegar al centro, la manera de vestirse, de mirar, de hablar, de moverse, de recitar en las ceremonias, de inclinarse o de salir al despedirse. En la práctica todo se convierte en un reflejo del quién soy yo.

Por otra parte, meditar en soledad excesiva, sin una orientación adecuada sobre los procesos por los que uno atraviesa, puede llevar a engaños, como, por ejemplo, caer en el ensimismamiento. En el seno de un grupo estable no hay escapatoria posible. Algunas personas mal entienden la meditación y la califican como una técnica que conduce al contentamiento. Esta es la gran mentira del mercado de la autoayuda.

Por lo general, acudimos a los centros de meditación buscando la salvación de las tormentas interiores. Visto así, la práctica es un reflejo de las turbulencias que alimentamos. Cuando nos sentamos a meditar, el primer signo del desequilibrio lo encontramos al entrar en contacto con nuestro cuerpo. Toda la biografía emocional está inscrita en cada poro de nuestra piel. El gran regalo surge cuando llega un momento en el que un meditador constata que no se sienta para alcanzar nada porque experimenta que todo es tal y como es en ese preciso instante. Esta es la gran bondad de la vía del Budha. La meditación no es una búsqueda de algo especial o diferente de lo que está sucediendo. La meditación es una fusión alegre y comprensiva con aquello que acontece.

En general se suele considerar la Primera Noble Verdad («El dolor forma parte de la vida») como la esencia mas característica del budismo, pero se olvidan que ésta no es mas que una parte de la realidad.  Entonces surgen preguntas como, ¿y qué hay de la paz, acaso es posible? La respuesta es afirmativa y hace del budismo una pragmática existencial sumamente optimista. La Tercera Noble Verdad es la certitud de que no hay nadie al que liberar. Con el avance en la meditación, se vivencia una apertura comprensiva: el ego y sus creencias basadas en programas limitantes dejan de existir. Meditar es despertar. Hablo de una experiencia consciente. Meditar es darse cuenta de que tú eres un estado de gozo real.

Debemos ser conscientes de dónde está el verdadero trabajo con la atención. Meditar es cuidar, mimar y atender con energía estable el mantenimiento de la conciencia. Nos sentamos en meditación, para situamos y encontrar la quietud en los recovecos de nuestro ser. A través de esos espacios se hace visible la luz de la presencia que acaba envolviéndonos por dentro y por afuera.

Todos tenemos la capacidad de abrirnos, soltar tensiones innecesarias y fomentar el bienestar saludable. Éste es el anhelo de todo seguidor espiritual. Para ello, el primer paso está en conectar con la sabiduría de tu propio corazón. Sólo cuando nos pongamos al servicio de la serena auto observación, aprenderemos a vivirnos en las luces y en las sombras de una manera armónica y natural.

 El maravilloso regalo es vivir más despiertos.

El desafío más colosal hallar la paz interior.

El logro más provechoso percibir la claridad mental.

 El sosiego de la meditación conduce a la lucidez de la mente.

A su vez, la lucidez de la mente desemboca en el sosiego.

Éste es una energía que no se halla sino en nuestro interior.

 

Meditar es un desvelamiento del ser. Consiste en estabilizarse, observar y contemplar con serenidad. Esta es una experiencia universal y la nueva visión que aporta la meditación. Mirar adentro es un encuentro alegre que no necesita del esfuerzo de la voluntad.

Denkō Mesa

  伝 光 

Maestro zen

Comunidad Budista Zen Luz del Dharma