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RYOKU SHIN

Por Empar Roch Bernat

Supongamos que los vientos que soplan desde todas las direcciones zarandean a un yugo de un sólo agujero que ha sido arrojado al gran océano y que en el fondo de éste habita una tortuga tuerta la cual, cada cien años, sube a la superficie para echar una mirada momentánea al cielo. ¿Será posible que esta tortuga tuerta acierte alguna vez a mirar al cielo a través del agujero del yugo?  Desde el punto de vista matemático esto no es imposible.  Pero es aún más difícil, de acuerdo a un antiguo sutta (Majjhima-nikàya III (PTS), p. 169), nacer como humano que lograr que acontezca ésta no imposible, pero colosal coincidencia.

Así de seria es la actitud que se asume hacia la condición humana. En el Dhammapada Buddha declara en un lenguaje diáfano que es difícil obtener la vida humana (Dhammapada XIV 4. Kiccho manussa-patilàbho).  Al ser la vida humana uno de los logros más extraordinarios, así es el lugar especial que ocupa el ser humano en todo el mundo. De acuerdo con el buddhismo la posición del ser humano es la más elevada entre todos los seres, incluidos devas y brahmas (Entre los seres celestiales los Brahmas ocupan una posición más elevada que los devas).

Buddha colocó al ser humano muy por encima de devas y brahmas quienes pueden disfrutar, por el tiempo correspondiente, de una existencia más cómoda y placentera que la de los seres humanos. Sin embargo, son enormes las posibilidades de que el ser humano alcance los más altos ideales de valor real y permanente.  El Itivuttaka, un texto del Canon Pali, señala que cuando un deva está por abandonar su existencia celestial, los otros devas se reúnen a su alrededor y lo consuelan diciéndole: «Que desde aquí vayas, oh  amigo, a la morada de los seres humanos la cual es un cielo (auténtico)».  (Ituvuttaka (PTS), p.77). Evidentemente, el Buddha consideró al mundo humano como un lugar mejor que el cielo de los devas.

La luna de miel del despertar

Cuando se produce un verdadero y auténtico despertar, quién somos y qué somos queda claro. Ya no hay preguntas al respecto; está resuelto. Así, una de las señales del verdadero despertar es el final de la búsqueda. Ya no sientes el impulso, el tira y afloja. El buscador ha quedado revelado como la realidad virtual que siempre fue, y desaparece como tal. En cierto sentido, ha terminado su tarea. Ha proporcionado el impulso necesario para ayudar a sacar la conciencia o el Espíritu de su identificación con el estado de sueño, y le ha ayudado a volver a su estado de ser natural.

Ahora, si se trata de un despertar permanente, el buscador y la búsqueda se disuelven completamente. Si, por otra parte, el despertar no es de carácter permanente, es posible que el buscador y la búsqueda estén en proceso de ser disueltos, pero sin hallarse totalmente disueltos todavía. En cualquier caso, esta disolución del buscador mismo puede transformar la propia vida. Para los que estamos en el camino espiritual, toda nuestra identidad puede haber estado dedicada a ser un buscador. Literalmente, nuestra vida puede haber estado definida por la búsqueda espiritual, por el anhelo de Dios, de la unión o de la iluminación.

Entonces, de repente, se produce el despertar. El buscador, la búsqueda y toda la estructura egótica que se construye alrededor de la búsqueda espiritual desaparecen de repente. Esta identidad se ve tal como es —carente de significado e inútil—, y se cae.

Esta caída del buscador puede experimentarse como un gran alivio. Da comienzo a lo que he denominado la luna de miel del despertar. Al menos en mi caso, experimenté esta caída del buscador y de la búsqueda como si me hubieran quitado un gran peso de encima. Fue una experiencia muy física. Literalmente sentí como si me hubieran quitado un peso, un peso que había estado acarreando.

Ésta es una experiencia común entre los que despiertan. Cuando la conciencia despierta de su sueño de separación, hay una gran sensación de alivio. Por eso la gente empieza a reír o a llorar, o experimenta una intensa liberación emocional del tipo que sea: sienten el alivio de haber salido por fin del estado de sueño. A veces llamo a este momento el primer beso. El despertar es como tu primer beso espiritual, tu primer beso de la realidad, tu introducción a la verdad de quién y qué eres.

Esta luna de miel puede durar un día, una semana, seis meses o un par de años. Varía según la persona. Lo característico del periodo de luna de miel es la fluidez completa: no hay resistencia en tu ser, en tu experiencia. Todo fluye. La vida es un flujo; todo parece ocurrir por su propia volición. Es el conocimiento experimental de que en realidad todo se está haciendo, y que tú, como entidad separada, no estás haciendo nada.

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