
Estamos torpes por falta de presencia y por querer vivirlo todo bajo el ritmo frenético y alocado de una mente sin cuerda. Hay que educar la mente, para que permanezca donde queramos mediante una técnica muy precisa. Es todo un proceso a seguir. Una didáctica de la conciencia que seguida meticulosamente nos llevara a estados expandidos de conciencia sin que la atención plena pierda un ápice de su potencial.
Para que esta experiencia se produzca es imprescindible que la postura corporal sea correcta y esté bien equilibrada. No hace falta ser sabios para darse cuenta que un aparente error de milímetros al construir los cimientos de una casa, producirá importantes grietas que pueden afectar a la estructura de la misma. De ahí la importancia de chequearse continuamente en un grupo de práctica y tener como referente a un maestro de la tradición con el que compartir dudas y experiencias. Practicar en solitario no tiene sentido. Recordemos que la práctica de la atención no requiere de la adscripción a ningún credo o ideología. Es simplemente una clave del equilibrio corporal, emocional y mental cuyos beneficios son accesibles a cualquiera que persevere.
La Vía del Zen es un camino que desarrolla el viejo arte del darse cuenta. Es un proceso permanente. No hay descanso en la práctica de la atención, pero para poder realizarla sin esfuerzo, hay un esfuerzo consciente que poco a poco vamos apuntalando a base de paciencia y perseverancia. Así cuando se dan las condiciones favorables, la estabilidad ecuánime va dando paso a la mirada en el otro lado del espejo donde todo es visto tal y como es, o sea, los fenómenos se contemplan en su naturaleza original e interdependiente. No sujetos al movimiento dual de la mente condicionada, somos un siendo en este eterno fluir universal. Nadamos en las aguas cristalinas del Gran Océano de la Mente Única. No hay separación entre el sujeto que observa y el hecho observado. La experiencia se traduce en gozo y serenidad compartida.
Ahora bien, oído esto, seguramente surge en ustedes el impulso “yo quiero. Si el maestro dice que es tan rico, yo me apunto.” Debemos tener mucho cuidado con las compulsiones inconscientes. Debemos reflexionar seria y honestamente sobre lo que estoy diciendo. El Zen implica una profunda recapitulación de la historia personal. Hay un antes y un después de cuando uno se introduce a conciencia en la práctica meditativa. Los logros vendrán por sí mismos y cuando se den las condiciones (interiores) para ello. El Zen es un viaje con mirada de largo alcance.