
Estos días estamos adentrándonos en un territorio sagrado llamado Conciencia. En un retiro zen se dan las mejores condiciones para familiarizarnos con ella. Veamos a continuación algunos actos útiles para el desarrollo y cuidado de la misma:
Aquel que bebe en la fuente de la Enseñanza,
vive felizmente con una mente serena.
El hombre sabio siempre goza en la Enseñanza,
proclamada por los nobles iluminados.
Una vez leí que un acaudalado empresario contaba una historia acerca de un cine que abrió sus puertas en algún país africano no identificado. La sala se inauguró con la película de King Kong y a los espectadores les encantó. Unas semanas después, los dueños del local probaron con una nueva película, pero esta vez la audiencia no fue a verla, el público se rebeló. Querían ver King Kong de nuevo. Y así fue. El teatro proyectó King Kong durante años.
Si nos fijamos en los niños pequeños, comprobarán lo que es para un niño engancharse a una historia y querer oírla una y otra vez. Hay algo dulce y tranquilizador acerca de los favoritos de siempre, incluso después de que la emoción de la novedad se haya esfumado.
Las enseñanzas sobre el Dharma se parecen mucho a eso. Son siempre lo mismo: el sufrimiento, el apego, la atención, soltar y dejar ir, la bondad, la compasión, la sabiduría, el despertar, etc. Por esta razón se dice que el Buda enseñaba una cosa y solamente una: el sufrimiento es innecesario y la liberación del sufrimiento está en tu propia mente.
¿Por qué comienzo esta tarde así? Las enseñanzas no son palabras huecas. Durante el retiro asistimos a una sinfonía musical con sus más variados tonos. Todo nos está enseñando algo. El maestro hace música con las enseñanzas, emite una melodía que tiene el poder de despertar el eco de nuestra naturaleza incondicionada. Es evocador.
Oír con una mente serena, abierta y receptiva, permite al meditador desbloquear los viejos hábitos cognitivos. Quizá al principio de la práctica no entiendas muchas de las cosas que estás escuchando, pero poco a poco, con el paso de los años, estas semillas depositadas en el fondo de la mente, fructificarán en forma de comprensiones. Por esta razón, hay que escuchar el Dharma y cuantas más veces, mejor que mejor. Como dijo Marcel Proust: “el viaje auténtico de descubrimiento no consiste en ver nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos.”
Así pues, ¿cuál es la mejor actitud para escuchar el Dharma?
Escuchar es recibir. Recibir el Dharma es transmitir el Dharma. ¿Cómo se puede escuchar con frescura algo que uno ha oído una y mil veces?
La mente es como un Coro Griego escuchando y comentando sin cesar: “¡Eso tiene sentido!, ¡Eso no tiene sentido!, ¡Estoy de acuerdo!, ¡No estoy de acuerdo!” La mente no puede evitarlo. Por lo general, cuando los maestros dicen algo con lo que estamos de acuerdo es brillante, cuando dicen algo con lo que no estamos de acuerdo están equivocados.
«Escuchar con frescura» significa dos cosas:
- En primer lugar, significa no asumir que hemos escuchado algo antes. En realidad no hemos oído esta enseñanza en particular antes. Quizá con esta enseñanza en particular, el maestro pueda decir algo de una manera que permita que algo nuevo haga clic en nuestra cabecita, o que ayude a que surjan nuevas preguntas.
El día a día es así. Cualquier fenómeno puede hacernos despertar y abrirnos a la experiencia de la inmediatez. Pensar que ya has escuchado algo antes es una manera de cerrarte y evitar la posibilidad del descubrimiento. Así que, en primer lugar, «escuchar con frescura» es adoptar una actitud de apertura. La parte de atrás del rakusu simboliza esta frescura. Es un dibujo de una hoja de pino que permanece siempre verde.
- En segundo lugar, «escuchar con frescura» significa atender a todo lo que está pasando: las palabras del orador. Los sonidos de los pájaros de fondo. El Coro Griego en tu mente.
Cuando los pensamientos como “estoy de acuerdo” o “no estoy de acuerdo” surgen, ¿pueden ser puestos entre comillas y vistos como una respuesta condicionada a lo que se ha escuchado, sin asignarles un valor verdadero?
Puedes aprender más sobre el Dharma observando tus reacciones con interés y desapego verdadero, de lo que lo haces a partir de las palabras del orador en sí mismas.
Por todo ello, los primeros discípulos del Budha fueron llamados Sravakas, u oyentes, aquellos que realmente oyeron hablar al Buda. Esa es nuestra aspiración también, ser oyentes.
Como un lago profundo es transparente y tranquilo,
así se vuelven los sabios al escuchar la Enseñanza.