
La meditación es una práctica de contemplación serena a través de la cual emerge el estado de la plena presencia. Si contemplas sin manipular, observarás que esta presencia no está involucrada con ninguna forma particular. Simplemente permite que toda apariencia sea como es, sin involucrarte en ella, actúa de la misma forma que un espejo, esto es, permite que cada imagen se presente tal como es, sin elegir ni rechazar y sin involucrarte en ella.
Poco a poco notarás que no es posible encontrar esta presencia si tratas de conocerla como un objeto. Quizá trates de conocerla bajo la idea de un pensamiento, el impulso de una emoción, una sensación o una percepción. Sin embargo, la presencia no puede ser encontrada como ningún tipo de objeto; la única manera de conocerla es ser ella.
Si accedes a la práctica con una motivación desinteresada, los beneficios se irán presentando de forma natural. Si por el contrario acudes a la práctica con el espíritu de la posesividad, te frustrarás fácilmente y apenas te darás cuenta, estarás a mil millas del momento presente.
Es por eso que nuestro Ser, la Conciencia, a veces se dice que es nada, o sea, no es una cosa, un objeto, un pensamiento, un sentimiento, una sensación o percepción. A veces se dice que es vacía, transparente o vacua, pero estas palabras son para evocar la realización de que lo que esencialmente somos no se puede encontrar, sentir, conocer, ver o experimentar como cualquier tipo de objeto, por muy sutil que sea, ni siquiera la sutil sensación de ser.
Meditar es la expresión de nuestra naturaleza esencial. Meditar es encontrar esta presencia en el corazón de toda experiencia, ser íntimamente uno con. Así pues, meditar es la no acción suprema, la entrega total, la rendición absoluta.
Denkô Mesa