
El zen es un viaje hacia el encuentro con el ser. Su secreto radica en aprender a sentarse sin ansiedad, experimentar lo que acontece sin prisas, vivenciándolo a través de un estado de apertura y recogimiento sereno.
Meditar es un estado de plena absorción. Es un ejercicio desnudo que favorece la contemplación serena. Es una opción válida para cualquiera y muy necesaria en el día a día, pero hay que llevarla a cabo de manera correcta, constante y precisa. No vale de cualquier forma, pero nos excusamos con todo tipo de justificaciones, tanto que hemos hecho de la mentira el reino de este mundo.
La práctica de la meditación consiste en ver sin mirar, escuchar sin oír, captar sin querer coger. De esta manera, la actitud del meditador se equipara al estado del quien se sienta tranquilo al borde de un acantilado, disfrutando del ir y venir de las olas de la playa que contempla; es así como se entiende la práctica meditativa, descubriendo con serenidad lo que surge, se desarrolla y termina por desaparecer, observando sin manipular el movimiento de la conciencia.
De esta manera, la meditación es un sutil arte que nos hace descubrir cómo somos en realidad, experimentándolo desde un ángulo pleno de paz y bienestar, viviéndolo sin confrontación y sin coacciones.
La meditación no es crear un estado ideal con el que te identificas, no se puede eludir la confusión. Se trata de despertarte, reconocerte tanto en situaciones gratas como ingratas. Todos somos luces y sombras y que yo sepa no hay rosas sin espinas, salvo en las manipulaciones transgénicas. Esta es la razón por la que los alimentos han perdido sabor y color en nuestros supermercados. Y esta sensación se puede observar en distintos órdenes de nuestras vidas. Carecemos de tono y presencia debido a una gran falta de atención. Vivimos narcotizados y nos hemos convertido en consumidores de productos exprés.
Por lo tanto, meditar es un sutil arte de equilibrio entre la plena atención y la relajación profunda. Estabilidad y apertura se dan la mano en el viaje hacia el quién soy yo y qué es esto.
La meditación no es una postura, ni un traje, ni un hábito. Es una experiencia de recapitulación integral que proporciona el gozo de volver a casa y conectar la fuente original de la existencia.