El punto de partida es la ignorancia. El Budismo enseña que los seres humanos sufren por un error cognitivo. Elegimos de forma inconsciente nuestros actos, palabras y pensamientos debido a una ausencia de atención, esto es, vivimos en el aire y dispersos.

Por ejemplo, viendo los telediarios, escuchando la radio, navegando por la red o poniendo la mirada en nuestro alrededor, ¿qué ven?

La codicia por el dinero es el reino del nuevo dios llamado “Mercado”. Los poderosos acumulan recursos y propiedades mientras que el resto del planeta lucha por sobrevivir. Los gobiernos y sus políticas de mentira se han convertido en marionetas al servicio del egoísmo. Las redes sociales son ahora los nuevos lugares de culto donde se acude para compartir contenidos vacíos e inconsistentes. Hoy en día no tener una cuenta abierta en Internet, es sinónimo de bicho raro. Asimismo vemos cómo brillan los deportistas de élite en sus nuevos altares, fantoches creados de manera inteligente por la maquinaria del poder. Baste recordar los grandes ritos ceremoniales en el Mundial de fútbol de Brasil y ahora estamos ya inmersos en la Eurocopa.

También lo vemos en los grandes musicales o cualquiera de los programas televisivos llamados basura. Como digo, éstos son los signos de las nuevas religiones que nos motivan a seguirlos ciegamente para conseguir el supuesto bienestar mientras las epidemias se cuelan en los países como una nueva moda y otras siguen matando a millones de personas y las naciones se quedan con los medicamentos que ellas mismas fabrican, o bien los aumentan de precio para ahogarse en la riqueza. Imperios en decadencia que pretenden mantener su primacía bombardeando en una guerra virtual, pero que trae consigo muertos de verdad y el desastre social, físico y económico a pueblos enteros.

Sólo mirando cada uno hacia sí mismo, curando su propio odio, su propia decepción, su propio enfado podremos evitar colaborar en ese despropósito de proyecciones inconscientes. Los culpables no son los otros. En el budismo no se habla de culpa, sino de asunción de la propia responsabilidad. Debemos pasar del yo al nosotros. Si te salvas tú, se salva el mundo, aunque ésta es una enseñanza iniciática que sólo aquellos que han comprendido la profundidad de lo que son, pueden entender.