Poco a poco nos vamos adentrando en la práctica. Hoy ha sido un día de nuevas pautas de comportamiento, herramientas y soportes que regulan nuestro ser y estar interno, nuestro ser y estar externo. Sin embargo, en el budismo no hay nada impuesto. Todo fenómeno que acontece es recurso de aprendizaje, si bien depende mucho de la actitud del trabajo interior que muestras, la verdadera, no la que aparentas. ¿Con cuántas mentiras te autojustificas? ¿Qué tal llevas la reflexión sobre el compromiso?

El budismo surge y se desarrolla con motivo del sufrimiento, no busca dioses o seres celestiales a los que rendir pleitesía. Siempre ha defendido que no hay dogmas, ni leyes que creer o pautas de conducta que seguir, más que aquellas que nacen desde la propia sabiduría interna y personal, fruto de la práctica y del conocimiento.

Lo que aquí estamos mostrando forma parte de toda una pedagogía de la conciencia que se viene actualizando generación tras generación. Por ejemplo, los viejos hábitos medievales de los templos japoneses deben dejarse de lado. Debemos evitar caer en la mitificación de lo que es o no es zazen. En la práctica meditativa debe prevalecer la cordura y no hacernos daño, por ejemplo, con la impostura. Pero tampoco vale hacerlo de cualquier manera.

¿Cómo sabes lo que está bien o lo que está mal? También te puedes preguntar, ¿qué tipo de verdad andas buscando: verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa…? Muchos de los grandes maestros cuando un discípulo pregunta sobre la verdad responden con una enorme y sonora carcajada.

Aquí practicamos tres principios fundamentales: no hacer mal, hacer el bien y ayudar a todos los seres. Por lo menos el primero y luego los otros vienen solos. ¿Cómo hacer el bien si no estamos presentes? Pueden ser entendidos como preceptos, pero vaciando la carga de imposición que lleva su significado. Se entienden más bien como » crear un hábito».

En el budismo los preceptos son una guía de orientación personal y fuente de armonía en las relaciones de una comunidad. Son un andamio para ayudarnos a construir el edificio del saber, son la base para ejercitar la realización. Como tales andamios, no necesitan ser perfectos, pero sí han de ser sólidos y suficientes para cumplir su función.

Aquí venimos a aprender a cultivar la atención, ¿no es cierto? Lo importante aquí es practicar. Nada más. Lo demás es caer en el discurso del que se cree o dice de sí que practica. A medida que profundicemos en la práctica meditativa, nos iremos dando cuenta que los seres humanos tenemos la posibilidad de reflexionar antes de actuar. La meditación nos permite elegir conscientemente qué es lo más correcto y adecuado para cada caso o situación

Denkô Mesa

(Fragmento de la enseñanza de la tarde en el primer día del Retiro Zen de primavera, abril 2017)