
Sobre el respeto
El respeto conduce al cuidado, a ser impecables en lo que hacemos. Significa apreciar que todo tiene un valor. Cuando prestamos atención, ponemos más cuidado en nuestras relaciones. En este sentido, favorece mucho convivir con compañeros de práctica (tesoro de la sangha). En el seno de un grupo estable aprendemos a respetar los horarios, por ejemplo, a vestir de una forma armónica y no fomentamos aquello que nos haga sobresalir por encima de los otros.
Para el que cultiva el hábito de reverenciar constantemente
a los mayores y respetarlos,
cuatro bendiciones van en aumento:
edad, belleza, bendición y fuerza.
El respeto es equivalente a tener veneración, aprecio y reconocimiento por una persona o cosa. Como tal, la palabra proviene del latín respectus, que traduce ‘atención’, ‘consideración’, y originalmente significaba ‘mirar de nuevo’, de allí que algo que merezca una segunda mirada sea algo digno de respeto. Así pues, es un reconocimiento y valoración especial que se le tiene a alguien o a algo, vivencia que está en franco declive en nuestra sociedad capitalista. Sin embargo, hemos perdido el cuidado de aquellos con los que verdaderamente aprendemos en la vida (padres, maestros…)
Así podemos observar que la idea de veneración se asocia a la idolatría y a los sentimientos que generan las figuras populares. Por ejemplo, una banda de rock, en este sentido, puede generar veneración entre los jóvenes: los seguidores del grupo pueden pasar varias noches sin dormir para conseguir entradas para un concierto, esperan a los músicos en la puerta de un hotel, se tatúan el nombre de la banda, etc.
Sobre la generosidad
Encarna la cualidad de carecer de codicia. Constituye una inclinación natural a dar, querer compartir, en definitiva, es un deseo sano de soltar. La generosidad debilita poco a poco la tendencia del apego y está íntimamente conectada con el sentimiento del amor.
Así como la abeja liba en la flor,
sin dañar su color y esencia,
y luego se aleja, llevándose únicamente la miel,
así el sabio pasa por esta existencia.
Cuando nos sentamos en zazen, al inicio de la práctica, disponemos de un rito privado en el que antes de inmovilizarnos, ofrecemos de todo corazón los posibles méritos de nuestra práctica por el beneficio de todos los seres y entre los cuales estamos incluidos. Este es el espíritu del EKO en nuestras ceremonias, devolvemos con gratitud al universo el regalo de la meditación, la práctica se expande a través del ritmo de la percusión, el canto grupal, los movimientos corporales medidos a conciencia.
Podemos trabajar internamente con situaciones desagradables o conflictivas, llevándolo todo al chakra del corazón (anahatha). Cuando está completamente abierto, el ser ama por el amor en sí, desde la alegría de dar, sin esperar nada a cambio.