El hombre que aprendió a cruzar el río
El río discurre por los arroyos. Toma el caudal vertiginoso de los rápidos. Encuentra su remanso en los charcos, en los lagos, en el mar. Vasudeba, el barquero, sabe escucharlo: sus risas, sus carcajadas, el Om. El río trae consigo cortesanas, bandidos, mercaderes y campesinos que cruzan, de una orilla a otra, en la barca de Vasudeba. Pero, a veces, también trae extraños pasajeros, como el sramana Siddhartha, dispuesto y decidido a aprender todo de los hombres niños.
“La sabiduría es una disponibilidad del alma”
dirá Hermann Hesse, autor de la novela, en uno de los párrafos. Con esa apertura el joven Siddhartha iniciará así un viaje lleno de descubrimientos que lo llevarán a adentrarse en un profundo conocimiento del mundo y de sí mismo.
Insatisfecho y desconfiado, de doctrinas y de maestros, Siddhartha abandonará su hogar, renegará del ascetismo más extremo, e incluso del mismo Dharma, para llegar a experimentar y conocer de primera mano las cosas y los asuntos del samsara. En este juego de los hombres niños tendrá como nuevos maestros a la hermosa y sensual Kamala y al avaricioso y astuto Kamaswami, de quienes, respectivamente, aprenderá todo lo relacionado con el amor y los negocios.
La historia de Siddhartha nos muestra que el autoconocimiento es un camino experimentación y de aprendizaje. No importa si este comienza en el lujo y termina en el ascetismo. No importa que se sea un muchacho de inteligencia brillante y se acabe siendo un humilde barquero. Las corrientes que lleva el río consigo se cruzan, confluyen y divergen, y, por ello, puede parecer que alguna de sus trayectorias se desvíe y llegue a perderse por otros afluentes. Pero nada más lejos para los que saben escuchar el río.
Siddhartha: hermosa y directa. Parece que Hesse quiso decirnos con esta novelita:
“Lo que no conozcas, ve y tócalo”
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Por Takame
Casita sin tejado
I
Hierbas secas.
Casita sin tejado.
Ruido de insectos.
II
En días fríos,
para calentar las manos:
papas arrugadas.
III
La fuente clara.
Nadan los pececillos
entre los musgos.
IV
Huertas y lomas.
Aun en días nublados
flor de trebina.
V
Murió el viejito.
Pronto para cosecha
su huerta de papas.
VI
Días de agosto.
Solo piedras y hierbajos
por las tajeas.
VII
La finca en ruinas:
el tesoro escondido
de Amaro Pargo.
VIII
Flores marchitas.
Tirada por el viento
la cruz de mayo.
IX
Un eucalipto.
Tallados en su tronco
nombres y fechas.
X
La casa vieja.
Tras de las rejas crecen
las flores blancas.
(Por Takame)
SIMPLE
Respirar es simple.
Caminar en simple.
Comer es simple.
Descansar es simple.
Levantarse es simple.
Ser es simple.
Meditar es simple.
El zen es simple.
Todo es como es
sin ideas de lo que es o no es.
Simple simplicidad.
DENKÔ MESA
(Enseñanza impartida durante el Retiro de Primavera de abril 2002. Altar del retiro en el Ashram Arautápala de La Orotava. Fotografía @Teresa Arozena)