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La meditación no es lo que crees

Por Jon Kabat-Zinn

Convendría empezar aclarando algunos malentendidos muy habituales sobre la meditación. En primer lugar, la meditación no es una técnica ni una colección de técnicas, sino una forma de ser.

Repitámoslo una vez más, la meditación no es una técnica, sino una forma de ser.

Con ello, claro está, no estamos diciendo que no existan métodos y técnicas relacionados con la práctica de la meditación, porque ciertamente nos serviremos de algunos de ellos. Pero si no entendemos que las técnicas son vehículos orientadores que apuntan a formas de ser, a modos de ser de nuestra mente y de nuestra experiencia en el momento presente, nos perderemos con facilidad en las técnicas y en los desencaminados, aunque comprensibles, intentos de utilizarlas para llegar a alguna parte y experimentar algún resultado o estado especial que acabaremos considerando como su objetivo. Pero esta manera de entender las cosas, como veremos, puede llegar a obstaculizar muy seriamente nuestra comprensión de la riqueza de la práctica de la meditación y de lo que esta tiene que ofrecernos. Convendrá, pues, recordar que, por encima de todo, la meditación es una forma de ser o, si el lector lo prefiere, una forma de ver, una forma de percibir y hasta una forma de amar.

En segundo lugar, la meditación no es otro modo de hablar de la relajación.

Repitámoslo de nuevo: la meditación no es otro modo de hablar de la relajación. Con ello no quiero decir que la meditación no vaya acompañada con frecuencia de estados profundos de relajación y de sensaciones de bienestar, porque eso es obviamente lo que, en ocasiones, sucede. La meditación mindfulness consiste en abrazar todos y cada uno de los estados que emergen en nuestra conciencia, sin inclinarnos por uno en desmedro de los demás.

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Los cuatro esfuerzos

Por Bhante Vimalaramsi

«Nuevamente Udayin, he proclamado a mis discípulos la manera de desarrollar los cuatro tipos correctos de esfuerzo. Un Bhikkhu se levanta con fervor, por el no-surgimiento de estados no beneficiosos perjudiciales no manifestados, y hace el esfuerzo, despierta energía, empeña su mente, y lucha.»

Aparte de fervor, la palabra pali chanda además significa interés alegre o entusiasmo. Una mente que apunta hacia un objeto beneficioso como la alegría tiene esta cualidad de interés alegre. Así, el primer tipo correcto de esfuerzo es cultivar una mente con interés alegre y entusiasmo para que ésta se vuelva clara y libre de estados perjudiciales. La alegría crece cuando la mente está sonriente y feliz tanto durante nuestra vida diaria como durante la meditación. Como resultado, la mente estará positiva y saludable. Hoy en día, estos cuatro tipos de esfuerzo son usualmente llamados los cuatro esfuerzos correctos. Algunos maestros de meditación solicitan al meditador que pongan un esfuerzo enérgico para notar lo que está ocurriendo en el momento presente. Pero el sutta claramente muestra que este no es ese tipo de atención.

La atención de interés alegre y entusiasmo, es decir, tener una mente sonriente lleva a tener una mente liviana, abierta, aceptante y sin tensión alguna.

Esta es la definición apropiada de esfuerzo correcto y, de acuerdo al sutta, nada tiene que ver con notar los fenómenos hasta que se vayan.

«Se levanta con fervor por el abandono de estados no-beneficiosos perjudiciales no manifestados, y hace el esfuerzo, despierta energía, empeña su mente y lucha.»

 

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«Quietud», nuevo libro del maestro Denkô Mesa

Quietud, Denkô Mesa, Editorial San Pablo, 2019. ISBN 978-8428556569

Disponible en librerías y a través de la web de la editorial

El maestro zen Denkô Mesa invita a la contemplación serena en su última obra. Con Quietud podemos adentrarnos allá donde se escucha el eco de las horas y se percibe el latir del universo. En esta hermosa publicación, editada con cuidado por la editorial San Pablo, el autor nos propone un vivir en la quietud, convertirnos y ser uno con y en el movimiento pulsátil y dinámico de la mente, sin perder el eje y el centro observador de todo aquello que surge, se desarrolla y naturalmente desaparece.

En la contraportada del libro se lee: “Gracias al poder de la quietud podemos focalizar la atención y posar la mirada con mimo y entereza sobre aquellos fenómenos que sentimos deben ser conocidos y merecen ser atendidos.” A lo largo de la obra el maestro habla de una capacidad innata y universal, un potencial que está al alcance de todos y cada uno de nosotros. Expone que todos aspiramos a tocar lo primigenio y vivenciar que en nada nos diferenciamos. Para que esta verdad se revele, indica que disponemos de recursos maravillosos como la quietud estable, el silencio compartido y la contemplación serena, recursos imprescindibles en el hermoso viaje del autoconocimiento.

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El arte de la lentitud

El arte de la lentitud, del perdón, el arte de cuidar y habitar, de la compasión, de la felicidad, el arte de morir y el arte de no saber, son los componentes de la Teología de la lentitud, una propuesta del pensador portugués José Tolentino Mendonça. Su anhelo: que la humanidad se deje desconcertar por el inefable esplendor de cada amanecer. Lógicamente, el primer arte que nos ofrece es el de la lentitud. Y, ciertamente, es un arte el intento de demorar la vertiginosa rapidez que nos envuelve. Hoy, lo que importa son los resultados, lo que lleva a una jornada laboral que invade y sobrepasa la esfera de lo privado; y, sin embargo, este agitado ritmo no nos deja percibir lo que nos estamos perdiendo, nos impide vivir. Nos aconseja Mendonça rescatar nuestra relación con el tiempo, mediante una relajación interior. 

Del arte de lo inacabado, nos hace ver el autor que el tiempo no se estira, que el día tiene veinticuatro horas y no cuarenta y ocho, por lo que hemos de aceptar que no podemos alcanzar todos los objetivos que nos hemos propuesto. Sus palabras: “el punto de inflexión se produce cuando contemplamos de otra forma lo inacabado, no solo como indicador o síntoma de carencia, sino como condición inexcusable del propio ser”. Nuestra vida no se basta a sí misma, sino que siempre precisa la mirada del otro, que es mirada y es otro; nuestra vida solo se resuelve individualmente a intervalos ya que solo alcanza su sentido en el acto de compartir y darse. 

 ¿Qué ocurre con lo que no nos dan? El autor nos propone el arte de agradecerlo. Parte de la base de que lo esencial es que nuestra vida es un receptáculo del don, que hemos experimentado (y seguimos haciéndolo) que somos protegidos, cuidados, acogidos y amados, pues, en muchos sentidos somos la obra de los otros. Es tanto lo que recibimos que debemos de agradecer, también, lo que no se nos da. Y cita textualmente las palabras de una anónima (para el lector) informante: “El hecho de que no se me haya concedido alguna de ellas me ha obligado a descubrir en mí fuerzas insospechadas y, en cierto modo, me ha permitido ser yo”.

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