El arte de la lentitud, del perdón, el arte de cuidar y habitar, de la compasión, de la felicidad, el arte de morir y el arte de no saber, son los componentes de la Teología de la lentitud, una propuesta del pensador portugués José Tolentino Mendonça. Su anhelo: que la humanidad se deje desconcertar por el inefable esplendor de cada amanecer. Lógicamente, el primer arte que nos ofrece es el de la lentitud. Y, ciertamente, es un arte el intento de demorar la vertiginosa rapidez que nos envuelve. Hoy, lo que importa son los resultados, lo que lleva a una jornada laboral que invade y sobrepasa la esfera de lo privado; y, sin embargo, este agitado ritmo no nos deja percibir lo que nos estamos perdiendo, nos impide vivir. Nos aconseja Mendonça rescatar nuestra relación con el tiempo, mediante una relajación interior. 

Del arte de lo inacabado, nos hace ver el autor que el tiempo no se estira, que el día tiene veinticuatro horas y no cuarenta y ocho, por lo que hemos de aceptar que no podemos alcanzar todos los objetivos que nos hemos propuesto. Sus palabras: “el punto de inflexión se produce cuando contemplamos de otra forma lo inacabado, no solo como indicador o síntoma de carencia, sino como condición inexcusable del propio ser”. Nuestra vida no se basta a sí misma, sino que siempre precisa la mirada del otro, que es mirada y es otro; nuestra vida solo se resuelve individualmente a intervalos ya que solo alcanza su sentido en el acto de compartir y darse. 

 ¿Qué ocurre con lo que no nos dan? El autor nos propone el arte de agradecerlo. Parte de la base de que lo esencial es que nuestra vida es un receptáculo del don, que hemos experimentado (y seguimos haciéndolo) que somos protegidos, cuidados, acogidos y amados, pues, en muchos sentidos somos la obra de los otros. Es tanto lo que recibimos que debemos de agradecer, también, lo que no se nos da. Y cita textualmente las palabras de una anónima (para el lector) informante: “El hecho de que no se me haya concedido alguna de ellas me ha obligado a descubrir en mí fuerzas insospechadas y, en cierto modo, me ha permitido ser yo”.

En relación al arte de cuidar, dice el autor: “Nuestras sociedades son conglomerados de hijos que no saben qué hacer con sus padres, que consideran la vejez un obstáculo y un atraso, que hacen todo lo posible por ocultar la vulnerabilidad porque carecen de recursos para dialogar con ella”. Y nos ofrece una comparación con la obra de arte que ha pasado a ser un objeto mercantil, no algo valioso que cuidar y sobre el  arte de habitar, en planteamiento de Heidegger, “existir como humanos corresponde fundamentalmente al habitar. ‘Yo soy’, ‘tú eres’, significa ‘ya habito’ ‘tú habitas’. El ser humano, por lo tanto, se realiza a medida que habita”. ¿Qué significa habitar para el filósofo? Habitar quiere decir proteger y cultivar. Y recurre a la Biblia, donde se cuenta que Dios, el Señor, tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara; de donde, cultivar nos remite, necesariamente, al modo en que transformamos la naturaleza con nuestra actividad. Conclusión: no solo estamos llamados a servirnos de la vida para vivir, sino, también, a cuidar de los demás seres vivos. 

 Si hay algo importante es saber si estamos o no dispuestos a amar la vida tal y como se nos presenta, es decir, el arte de contemplar la vida. Porque si no somos prudentes y generosos para mantener los ojos bien abiertos sobre el presente, en una alianza con el ahora, ¿qué ciencia podrá fundarnos el futuro?, se pregunta el autor. Vivir es simple: abandonarnos al flujo inexorable de la vida. Y concluye que condicionar el gozo por la vida a una felicidad soñada es ya renunciar a él. 

El posible lector que tenga entre sus manos este libro de José Tolentino Mendonça encontrará pilares sobre los que fundamentar un pensamiento serio y coherente, aquí expresado con un estilo poético, cargado de profundidad. Abordarlo y leerlo con lentitud, como debe ser.

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Por Juan A. Martínez de la Fe

Fuente: https://www.tendencias21.net/Pequena-teologia-de-la-lentitud-una-llamada-al-arte_a44375.html