Crónica por Empar Roch Bernat

La vida posee dimensiones ocultas, capas de profundidad por las que transitamos, maneras de vivir los instantes que se van sumando, encadenando a través de un hilo conductor por el que fluye siempre eterno, el presente.

El pasado sábado 12 de octubre, tuvo lugar la inauguración del Dojo Zen Ryoku Shin, Fuerza del Espíritu, de la Comunidad Budista Zen Luz del Dharma en Miraflores de la Sierra, Madrid.

Hace dos años, mientras contemplaba la puesta de sol en la azotea de la casa de Sonia, una amiga que vive en el centro de Madrid, algo se coló dentro de mí. Fue una experiencia que todavía hoy no soy capaz de explicar y mucho menos de definir. Lo cierto es que a partir de ese mismo instante, el germen de vivir como monja o practicante budista zen en un dojo en Madrid, o en los alrededores, comenzó a tomar fuerza en mi interior. Al principio pensé que se trataba de una mera ilusión que se iría apagando con el tiempo. Pero al contrario de lo esperado, el germen inicial comenzó a crecer, a echar raíces cada vez más profundas en mi interior, como si tomaran vida propia y solo me dejaran la opción de hacer sampai frente a ellas. Han pasado dos años desde entonces, en los que ha habido un sinfín de movimientos internos y externos que me han llevado hasta este magnífico e inolvidable día de celebración.

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