Recuerdo que los primeros meses, cuando tuve mi primer contacto con el zen, quedaba entusiasmado y absorto, mirando de vez en cuando los lomos de los libros que estaban en la pequeña biblioteca del centro. Ya había hecho varias búsquedas por internet: Las crónicas del acantilado azul, Fundamentos de la Vía Media, el Shôbôgenzo… El gran afán que tenía en aquellos momentos por leer y comprender esos textos hacía que mi fascinación creciese con ímpetu. Sin embargo, la torticolis no tardó en aparecer y el sueño del principiante comenzaba a esfumarse como un tierno hilillo de incienso.
Ahora mismo, creo que. si tuviese la capacidad de volver al pasado, lo haría para despejar el escritorio de aquel principiante y, durante la noche, dejarle un pequeño libro publicado por la editorial EDAF y titulado: Antología Zen. Cien historias de Iluminación recopiladas por Thomas Cleary.
Las páginas que contiene oscilan entre la leyenda y la devoción. La mayoría tienen como protagonistas a los maestros Bankei y Hakuin. Están escritas a partir de anécdotas que muestran la sabiduría de dichos maestros y la ternura y excentricidades de otros: monjes que se limpian el trasero con sutras, maestros que podan un jardín de crisantemos para provocar la cólera de un gobernante, así como otras con un carácter introspectivo como son “Mal carácter” y “Hablar y escuchar”.
Estas historias te pueden hacer reír con sus locuras, te pueden deleitar con sus poemas, te pueden despertar admiración por la energía y resolución de los practicantes, pero, sobre todo, consiguen acercarte al zen de una manera directa y sencilla, sin que por ello dejen de ser profundas. Por eso, es ahí donde creo que está el pequeño secreto de este hermoso librito.
Por Juan Manuel