Tras varios años de servicio en la corte imperial decide afeitarse la cabeza, vestir los hábitos de monje e irse a vivir a una pequeña choza en las afueras de Kyoto. A partir de entonces pasaría a llamarse Yoshida Kenko.

Bagatelas, chismes, anécdotas, recuerdos de un pasado esplendoroso, reflexiones sobre la vida y la naturaleza humana. Todas ellas, en medio del ocio, fluyendo, entrecruzándose y contradiciéndose al correr de la tinta. Yoshida las cuelga de las paredes de su humilde choza; repara en ellas en medio del sosiego. Algunas las olvida, en otras insiste. Tsurezureguza, Ocurrencias de un ocioso.

A lo largo de los siglos, distintos ojos han vuelto su mirada desde el presente hacia al pasado y han visto las Ocurrencias bien como una obra religiosa, bien como una obra literaria. Sin ninguna duda, las Ocurrencias es una de las grandes obras de la literatura japonesa, resultado de la intuición, del ocio que trae la calma.