Aún los ornamentados carruajes de los reyes envejecen.

También el cuerpo humano llega a la vejez.

Pero la Enseñanza de los Budhas nunca envejece.

 Así, la Sabiduría permanece entre los Sabios

y trasciende el tiempo.

 

Cuenta la leyenda que Siddhartha Gautama escuchó la voz triste de un sirviente en palacio. Sintió en su interior una melancolía extraña que nunca antes había percibido. Entonces, decidió abandonar el palacio y adentrarse en la ciudad cercana en busca de respuestas.

Se dice que tres hechos marcarían su trayectoria como meditador, la visión de la enfermedad, la prueba de la degeneración del cuerpo físico y la consiguiente llegada de la vejez, para llegar finalmente a la certitud de la muerte. Estos tres hechos son poderosos impulsos que nos permiten repensar la vida misma, ya que pueden ser considerados los más grandes motores para la transformación de la conciencia.

De forma tradicional, la historia describe cómo era la apariencia que tenía ese anciano: un hombre débil, acabado, con una joroba en la espalda, con un cuerpo tan delgado que se le notaban los huesos y que se movía dando pasos cortos ayudado por su bastón. Tenía una larga barba blanca y los ojos llorosos. Para los occidentales esto puede sonar un poco exagerado, pero en la India no lo es. Allí la gente envejece de una forma muy evidente debido al clima y a las duras condiciones en que se vive. A los cincuenta o sesenta años los indios tienen una apariencia bastante avejentada.

La vejez se distorsiona. Lo que le tuvo que conmover no fue este hecho, sino cómo el cuerpo se enferma y acaba porque no se ha cuidado bien. Lo que le movió es “cómo un ser tan maravilloso, acaba así.” Esto es el sufrimiento.

No es la vejez, sino el mal envejecer lo que genera el sufrimiento. No se trata de evitar el dolor, sino de liberarse del sufrimiento innecesario. La vejez no es una enfermedad, sino una parte de la vida misma.

Se ha querido inculcar en el inconsciente colectivo que la vida es sufrimiento y esto solo interesa al ego manipulador. ¿Por qué razón cumplir años es visto como un mal? ¿De qué forma los nos limitan cuando cumplimos años? Los condicionantes son como una plastilina que se deforma y manipula, destruyen el cuerpo. No es real esta degeneración del paso del tiempo. La vejez no es un destrozo.

En cierta ocasión, al término de una conferencia, alguien le preguntó al maestro Sunryu Suzuki (todos lo llamábamos «Roshi», que significa «viejo maestro»):

—Roshi, ha hablado usted de un montón de cosas sobre el budismo, pero, francamente, no he entendido nada de lo que ha dicho. ¿Me podría decir una sola cosa del budismo que de verdad pueda entender?

 El maestro lo miró tranquilo luego dijo:

 —Todo cambia.

«Todo cambia», sí, pero esa verdad tiene dos caras. Es cierto que todo aquello que amamos está destinado a cambiar, envejecer y desaparecer. Pero, es igualmente cierto que cada instante trae consigo nuevas posibilidades.

La impermanencia forma parte de la vida, como las nubes forman parte del cielo o las olas del mar. Sin cambio la vida no es posible. Por ello, la vida es un camino de tránsitos y la vejez una etapa más en el sendero. El envejecimiento no es una época de vida, sino de realización.

Denkô Mesa

(Fragmento del curso sobre El Dhammapada)