Desde que leí por primera vez las Meditaciones de Marco Aurelio, quedé prendado por la profundidad de sus palabras. Hoy rescato las siguientes y que nos sirven de inspiración para abordar el tema que me plantearon días atrás, la ley universal de la interdependencia:

 Todas las cosas están ligadas entre sí con un nudo sagrado

y no hay nada que no esté en relación.

Todos los seres están coordinados entre sí,

todos concurren a la misma armonía del mismo mundo.

Es evidente que todo está en relación. No hay nada que exista separado de lo próximo. “Si una ola se levanta, diez mil que la siguen”, dice un antiguo texto budista.

Lo que se mueve aquí, repercute allá. Le mente depende de los sentidos para percibir la realidad, nuestros órganos vitales funcionan en su conjunto. La tierra depende de la lluvia para mantener sus cultivos, los frutos necesitan del árbol que los nutre, los hijos existen gracias a sus padres, la música se disfruta porque existe un oído que la escucha y así ad infinitum.

Frente a esta verdad de la armonía universal, aparecen los ilusos, tratando de crear separaciones donde nunca las hubo, hay ni habrá. Los ilusos se perciben aislados y tratar de existir de forma independiente. Esta es su cárcel.

Aislarse en la supuesta privacidad es un terreno donde el ego se encadena a sí mismo, tratando de levantarse del suelo tirando de sus orejas hacia arriba, dice una vieja enseñanza oriental.

El amor y la verdad son los hilos que mueven el universo. Este es el lenguaje universal del corazón sensible, sabernos en común unidad. Como dijo el poeta chino Satoba, “en el verdadero yo, están todos los demás.”

La realización acontece cuando experimentas y te sientes en profunda intimidad con todas las existencias. Esto sucede siempre a meditar.

Denkô Mesa