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Integrando el Dharma en nuestras vidas

Uno de los puntos más importantes en el budismo es el darnos cuenta de que todos estos problemas que experimentamos surgen de causas. No es que surjan de la nada. La fuente de estos problemas está dentro de nosotros mismos. Este es un gran entendimiento profundo y no es fácil para muchas personas aceptarlo, ya que la mayoría de nosotros tendemos a culpar de nuestros problemas a los demás o a causas externas. Sentimos: «Soy infeliz por lo que hiciste, no me llamaste, me abandonaste, no me amas. Todo es tu culpa» . O culpamos a nuestros padres, por lo que hicieron o dejaron de hacer cuando éramos niños. O culpamos a la situación económica, política o social en la que nos encontramos. Por supuesto que todos estos factores juegan un rol en nuestra experiencia de vida. El budismo no niega esto. Pero la causa principal, la causa más profunda de nuestros problemas está dentro de nosotros mismos: son nuestras propias actitudes, especialmente nuestra confusión.

Si queremos encontrar un factor que defina claramente la actitud budista respecto a qué significa practicar el budismo en la vida diaria, yo diría que es éste. Cuando tenemos dificultades, buscamos dentro de nosotros para tratar de encontrar el origen y, una vez que lo identificamos, tratamos de cambiar la situación desde adentro. Cuando hablamos de buscar dentro de nosotros y encontrar la fuente de nuestros problemas, no nos referimos a hacer un juicio moral y pensar que soy malo y que tengo que cambiar y ser bueno. El budismo no emite juicios morales. Tratamos de localizar adentro de nosotros la fuente de nuestros problemas simplemente porque nos hace sufrir y porque queremos liberarnos de ellos y de nuestra infelicidad, y la fuente principal de ambos está en nuestras actitudes. Específicamente, el Buda dijo que la causa más profunda de nuestros problemas y de nuestro sufrimiento es nuestra confusión. Así que lo que tenemos que hacer es descubrir en qué radica nuestra confusión y cómo podemos corregirla a través de adquirir un entendimiento correcto.

¿Acerca de qué estamos confundidos? Acerca de varias cosas. Una de ellas tiene que ver con las causas y los efectos de nuestro comportamiento. Creemos que si actuamos de cierta manera, esto no tendrá ningún efecto. Por ejemplo, pensamos: «Puedo llegar tarde, ignorarte, y eso no importa» . Eso es incorrecto; es un estado de confusión. O pensamos que algo que hacemos o que la forma en la que nos comportamos tendrá un efecto que es absurdo e imposible. Por ejemplo, «Fui bueno contigo así que debes amarme. Te compré este lindo regalo, ¿porqué no me amas ahora?». Con pensamientos como estos nos imaginamos que nuestras acciones tendrán efectos imposibles, o pensamos que esos efectos serán mayores de lo que en realidad pueden ser. También podemos pensar que ciertas acciones nos traerán cierto tipo de efecto, pero en realidad nos traen el efecto totalmente opuesto. Por ejemplo, queremos ser felices y pensamos que para lograrlo hay que estar borrachos todo el tiempo. Pero esto produce más problemas que felicidad.

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Consciencia, mente y cerebro

La percepción es una descripción, construida por el cerebro, de la realidad. Constructo que se explica, en parte, por la miríada de formas que pueden alejarse de la realidad. La ventriloquia nos ofrece un ejemplo elocuente: el ventrílocuo habla mientras mueve la boca del muñeco, produciendo la impresión de que es el guiñol quien conversa. Pero el muñeco no puede emitir palabras. Ahora bien, si el ardid del ventrílocuo funciona en nuestro cerebro, entonces sabemos que lo que es verdad se aleja de lo que percibimos como tal. En Consciousness and the social brain, Michael S. A. Graziano sostiene que la consciencia es un constructo perceptivo: el cerebro atribuye consciencia a otras personas, de manera muy parecida a como atribuye el habla al muñeco del ventrílocuo.

Por definición, la consciencia da fe de la exclusividad de los pensamientos, emociones y sensaciones del sujeto. Unas experiencias que percibe en cambio constante. ¿Cuál es la base cerebral de semejante flujo de experiencia consciente? A tres principales se resumen los criterios esenciales. En primer lugar, la capacidad de seleccionar un estado de entre infinitos posibles; es lo que permite distinguir entre un sensor de luz y un ser consciente. En segundo lugar, una capacidad de conocer que conoce; en epistemología eso se llama metacognición y representaciones de segundo orden. Por fin, una capacidad de asignar un sentido personal al estado.

Para mayor concreción, atendamos a las diferencias fundamentales entre sensibilidad (no consciente) y consciencia. La sensibilidad reposa sobre la representación de primer orden; la consciencia descansa sobre la de segundo orden. La sensibilidad solo requiere capacidad para responder de forma específica a determinados estados de cosas, mientras que la consciencia demanda del agente saberse sensible a ellos. Además, esta última atiende de preferencia a un determinado estado de cosas. Para mayor claridad: una cámara no es consciente; solo es sensible a la luz, dato que ignora. Podríamos convertir en consciente a la cámara si dotáramos a esta de un mecanismo de segundo orden que pudiera coordinar el momento de registro de luz con una memoria de registros de luz en el pasado, así como su preferencia para ese momento particular de sensibilidad a la luz y trazas de recuerdos. El mecanismo en cuestión pudiera ser un contador del tiempo. Para que operase dicho mecanismo, cada canal de inputs tendría que tener su propio reloj, de suerte que todos pudieran sincronizarse para formar una representación del presente, del ahora.

Teorías sobre la consciencia las hay a docenas. De acuerdo con la teoría del esquema de la atención de Graziano, nuestra propia consciencia es un constructo perceptivo y único que emerge cuando el cerebro aplica, recursivamente, la misma atribución perceptiva a sí mismo. Concedemos consciencia a los demás como parte de nuestro modelo perceptivo de aquello a lo que están prestando atención (una inferencia útil para predecir su comportamiento). Graziano se propone construir la suya sobre dos pilares: base científica y coherencia lógica. Acude a la anatomía y fisiología del cerebro y recoge innúmeros datos (psicológicos y clínicos) con el fin de aportar una explicación biológica de la consciencia. El cerebro humano contiene unas cien mil millones de neuronas que interaccionan entre sí. Conocemos, a grandes rasgos, redes de neuronas la información.

De acuerdo con la teoría de Graziano, la consciencia es un relato descriptivo sobre un fenómeno real. La tinta con que se escribe el relato (la actividad neural) es real; también lo es el fenómeno físico descrito por el relato (la atención). Pero lo mismo que en el caso del muñeco parlante, lo que no es real es el relato. Famoso por su trabajo sobre la corteza motora, Graziano es un recién llegado a la investigación sobre la consciencia.

Quienes buscan en el cerebro el apuntalamiento de la consciencia investigan la circuitería compleja que ha elaborado y capacita al hombre para ser socialmente inteligente. Una función de esa circuitería consiste en atribuir consciencia a los otros: inferir que la persona Y es consciente del fenómeno X. En la teoría de Graziano, la maquinaria que atribuye consciencia a los demás es la que nos permite a nosotros tener consciencia. El daño ocasionado a esa circuitería repercute en nuestra consciencia. Algo aparentemente escondido en nuestro cerebro nos hace conscientes de nuestro yo y del mundo que nos rodea. La consciencia es la ventana a través de la cual comprendemos.

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Continuum

Nuestras actitudes y creencias acerca de la muerte tienen una gran influencia en la forma en que enfocamos la vida.

Probablemente no exista un dolor mayor que el de ser separados de un ser querido a causa de la muerte. A pesar de que todos sabemos con la mayor de las certezas que nuestro tiempo es limitado y que nadie puede escapar de la impermanencia de la vida, aún así, esto no hace que nos preparemos para el impacto de la muerte o que abordemos nuestra propia e inevitable separación de este mundo.

¿Por qué nacimos? ¿Por qué debemos morir? ¿Qué clase de valor podemos extraer de esta frágil existencia? La búsqueda de respuestas a todas estas preguntas fue la razón de ser del surgimiento del budismo.

El budismo nos enseña que no deberíamos eludir el hecho de la muerte sino confrontarlo cara a cara. Nuestra cultura contemporánea ha sido descrita como una cultura que busca evitar y negar la cuestión fundamental de nuestra mortalidad. El ser conscientes de la muerte, sin embargo, nos obliga a examinar nuestras vidas y a tratar de vivirlas de forma significativa. La muerte nos capacita para atesorar la vida; nos despierta a la maravilla de cada momento compartido. En la lucha por navegar a través del dolor de la muerte, podemos forjar un radiante tesoro de fortaleza en las profundidades de nuestro ser. A través de esa lucha, nos volvemos más conscientes de la dignidad de la vida y nos mostramos más dispuestos a empatizar con el sufrimiento de los demás.

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El ojo invisible

Por Yolande Duran

Esta mirada única está siempre aquí y no hace ningún esfuerzo por ver. Cuando uno siente que está haciendo un esfuerzo por ser más lo que ya es, en algún punto, se está alejando de si mismo. Me parece que  hay que atreverse a ser esta mirada única sin pretender serla más de lo que es en este mismo instante.

Si estamos aquí ahora es porque no tenemos otra elección (aun si todavía no lo sabéis). En mi caso, se ha vuelto una evidencia absoluta porque caí en este vacío, al ritmo de lo que es sin tiempo. Es natural que en el mundo de las apariencias, queramos delimitar las fronteras: la naturaleza de la horizontalidad, de todo lo que es movimiento, es decir nuestros sentidos y nuestra mente, es moverse sin parar, es pensar, elegir, pretender, etc.. La naturaleza del movimiento nunca cambiará. Y la naturaleza de lo que Somos, esta verticalidad, es la Inmovilidad absoluta, es Paz, Tranquilidad, Perfección. Una vez que se comprenden la naturaleza de estos dos aspectos deja de haber confusión: ya no le pediremos a la naturaleza de lo que es movimiento, que esté en calma.

¿Qué ocurre en ese instante de evidencia absoluta?: lo único que ocurre es que nos reconocemos en lo que Somos. Habiendo dado este paso invisible y sin tiempo, me reconocí como Perfección, como Paz, aun si nunca tuve, ni tengo pruebas. En cambio, algo se ha ido equilibrando poco a poco dentro de mi y el Silencio, Lo que Soy, me ha ido enseñando a ver  con mayor claridad, sin olvidar nunca la naturaleza de lo que no soy y de lo que soy.

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