Crónicas

Ryoku Shin: Fuerza del Espíritu

Crónica por Empar Roch Bernat

La vida posee dimensiones ocultas, capas de profundidad por las que transitamos, maneras de vivir los instantes que se van sumando, encadenando a través de un hilo conductor por el que fluye siempre eterno, el presente.

El pasado sábado 12 de octubre, tuvo lugar la inauguración del Dojo Zen Ryoku Shin, Fuerza del Espíritu, de la Comunidad Budista Zen Luz del Dharma en Miraflores de la Sierra, Madrid.

Hace dos años, mientras contemplaba la puesta de sol en la azotea de la casa de Sonia, una amiga que vive en el centro de Madrid, algo se coló dentro de mí. Fue una experiencia que todavía hoy no soy capaz de explicar y mucho menos de definir. Lo cierto es que a partir de ese mismo instante, el germen de vivir como monja o practicante budista zen en un dojo en Madrid, o en los alrededores, comenzó a tomar fuerza en mi interior. Al principio pensé que se trataba de una mera ilusión que se iría apagando con el tiempo. Pero al contrario de lo esperado, el germen inicial comenzó a crecer, a echar raíces cada vez más profundas en mi interior, como si tomaran vida propia y solo me dejaran la opción de hacer sampai frente a ellas. Han pasado dos años desde entonces, en los que ha habido un sinfín de movimientos internos y externos que me han llevado hasta este magnífico e inolvidable día de celebración.

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Arautápala única

Acompañadas del crepitar de las hojas cuando crujen al pisarlas, sembradas al frío con mantas esterillas, sacos y tiendas de campaña. Se sembraron presencias, diseminadas como las hojas prendidas de las ramas que se han resistido al invierno, a la bocanada de frío.

La lluvia nos humedeció el cuerpo, nos ablandó el espíritu y regaló su rocío al susurro de sus noches, la espesura de sus días.

Consagradas a un cuerpo único, entretejidas por los fenómenos del bosque; los castaños susurraban a las fuerzas, a cada rueda de energía, cada lloro en compañía.

Cada rincón era un pétalo de loto, una flor que se abría al instante, a la generosidad desde la otra orilla. Saludando desde el más allá del más allá. Frecuencias y Elementos; Colores y Energías flotaban al viento en las diez direcciones. Fuimos Alíseos. Karma estremecido. Teide escondido. Y el Éter suspendido en un mar inquieto, perdiéndose en un horizonte esbelto, testigo del ashram que nos cocinó con cariño. Éramos el verbo.

            Meditar sin meditar

            Pensar sin Pensar

            Llover sin Llover

            Subir sin Subir

            Llorar sin Llorar

            Mirar sin Mirar

            Escribir sin Escribir

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El primer despertar

Por Pilar Álvarez

El primer día de un nuevo año amanece y con él una nueva posibilidad, una nueva esperanza, esta vez rodeada de hermanos de la sangha en un escenario diferente, pero con el mismo sentir.

Tras desayunar juntos, iniciamos el camino. La luz del sol ilumina el sendero hasta nuestro lugar de práctica y un sinfín de verdes se presentan a nuestro alrededor.

Llegamos, si es que hay que llegar algun lado, y nos sentamos bajo el cuidado de un fastuoso pino. Comienza lo que nunca empieza, ni termina. Y sientes…

Sientes la brisa, el murmullo del viento, el aleteo de los pájaros, el danzar de los pinos que forman una comunidad interdependiente, sientes la unidad con todos los seres.

De repente, se oye un canto milenario y volvemos al sendero después de haber experimentado el primer despertar de un nuevo año.