Meditar es adentrarnos en una exploración consciente a través de una postura noble y estable, en la que las rodillas están sobre la Madre Tierra y la columna se eleva de manera natural. Igualmente, disponiendo el corazón, los hombros se relajan y el rostro se refresca durante toda la práctica meditativa, recibiendo la alegría de la presencia que se expande de manera generosa en cada encuentro. Más allá de todo esto, ¿qué podemos decir? Meditar es un sobrecogerse en la experiencia del Ser.
Instálate de manera cómoda en la postura. Inspira y espira de forma natural a través de una respiración nasal silenciosa. Deja que sean los sonidos del momento los que te acompañen por aquí o por allá, sean cuales sean los paisajes a donde te lleven la mente, la emoción, el cuerpo. Ábrete a la intuición, permite ver qué hay más allá de aquello que la mente trata de atrapar. La apertura y la entrega son características propias de la práctica meditativa, entendida esta como un sendero de indagación consciente.
Si eres capaz de dejar a un lado el sujeto que parece que se sienta a hacer algo cuando medita, si simplemente te sientas, para ir más allá de las sensaciones, profundizar en las emociones, yendo más allá de ellas, traspasando incluso ese proceso encadenado de los pensamientos, yendo más allá de ellos, ¿qué es lo que acontece? ¿Qué es lo que estás realmente tocando? ¿Qué es aquello que se revela?