Meditar es adentrarnos en una exploración consciente a través de una postura noble y estable, en la que las rodillas están sobre la Madre Tierra y la columna se eleva de manera natural. Igualmente, disponiendo el corazón, los hombros se relajan y el rostro se refresca durante toda la práctica meditativa, recibiendo la alegría de la presencia que se expande de manera generosa en cada encuentro. Más allá de todo esto, ¿qué podemos decir? Meditar es un sobrecogerse en la experiencia del Ser.

Instálate de manera cómoda en la postura. Inspira y espira de forma natural a través de una respiración nasal silenciosa. Deja que sean los sonidos del momento los que te acompañen por aquí o por allá, sean cuales sean los paisajes a donde te lleven la mente, la emoción, el cuerpo. Ábrete a la intuición, permite ver qué hay más allá de aquello que la mente trata de atrapar. La apertura y la entrega son características propias de la práctica meditativa, entendida esta como un sendero de indagación consciente.

Si eres capaz de dejar a un lado el sujeto que parece que se sienta a hacer algo cuando medita, si simplemente te sientas, para ir más allá de las sensaciones, profundizar en las emociones, yendo más allá de ellas, traspasando incluso ese proceso encadenado de los pensamientos, yendo más allá de ellos, ¿qué es lo que acontece? ¿Qué es lo que estás realmente tocando? ¿Qué es aquello que se revela?

Expresar todo esto desde la mente del sujeto no tiene sentido. La práctica meditativa es un sendero hacia la indagación y el descubrimiento del corazón. Es revelar la esencia, dejando partir todo tipo de conceptualización al respecto. Supone la eliminación de todo aquello que entendamos conocido y que tratemos de trasladar a la práctica. La postura no requiere de ningún tipo de fortalecimiento corporal, ni siquiera de un planteamiento mental o emocional. Meditar es una experiencia de desnudez acogedora y amorosa. Meditar es liberaremos de las trampas de la conceptualización, de las etiquetas, de los juicios y categorías de cualquier tipo.

De todos los pensamientos que surgen en la mente, si observas bien, verás que el pensamiento «yo» es el primero en aparecer. A partir de él o del «a mí» se encadenan todos los demás. Esto es una ilusión. No es real porque en la mente sólo existe la dependencia de algo y nada ni nadie puede ser poseído. Al meditar permitimos que la mente se suspenda en el vacío, que la emoción se suspenda en el vacío y que el cuerpo se suspenda en el vacío. Al hacerlo se experimenta la totalidad de todo lo que eres, es decir, somos.

Predisponerse al amor, vivirse en la admiración y acoger eso que se presenta ante ti de manera tan bella e integrarlo. Es una vivencia intuitiva. Así, de manera gradual, la realidad fenoménica dejará de tener un carácter racional, objetivo y lógico, presentándose espontáneamente clara, si eres capaz de hacerte íntimo con esta quietud maravillosa y este silencio sonoro que todo lo envuelve.

Denkô Mesa