Mi casa está en la sombra del membrillo,

en los largos atardeceres dorados

y en la brisa fresca del anochecer.

Mi casa está en el lejano canto de las águilas

y en las hojas secas

caídas sobre la hierba mojada.

Mi casa está en el paño tendido

y en el aroma dulce de la noche.

Mi casa está en el altar florecido

y en el avance sereno de la bruma entre los pinos.

Sin lugar donde reclinar la cabeza,

mi casa es la no morada.

Mi casa está en la dulce sombra del membrillo.

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(Escrito por Eva María López al finalizar el retiro zen – ango de verano 2020)