Luz del Dharma

Comunidad Budista Zen en Tenerife

Ceremonia apertura Dojo Zen en Madrid

El sábado 12 de octubre, a partir de las 12.00 horas, el maestro zen Denkô Mesa oficiará la ceremonia de apertura del Dojo Zen de Madrid, centro de práctica adscrito a la Comunidad Budista Zen Luz del Dharma.

El Dojo Zen en Madrid está ubicado en la Sierra de Miraflores, un hermoso paraje natural. La abundancia de agua, la bondad del clima, la vegetación y los parajes naturales convierten al Dojo Zen en Miraflores en un espacio de práctica privilegiada. Está situado a 49 km de Madrid, en una ladera del Sistema Central orientada al sur. Tiene una altitud de 1.147 metros de sobre el nivel del mar. La flora de esta sierra se caracteriza por la abundancia de bosques de pino silvestre y la presencia de robledales de rebollo y encinares en zonas más bajas. La zona es famosa por sus fuentes naturales y cuenta con excelentes zonas de recreo para disfrutar de todo su esplendor, como el humilladero de San Blas o la cercana Fuente del Cura.

Todo ello convierte al Dojo Zen de Madrid en un espacio propicio para la práctica meditativa y el desarrollo de actividades afines al crecimiento integral humano.

La ceremonia comenzará a las 12.00 h, seguida de un concierto al aire libre de cantos armónicos que ofrecerá el músico Rafa Pérez. El almuerzo está previsto para las 14.30 horas. Habrá buffet en los jardines exteriores. Donativo 20€. Es importante confirmar de cara a la organización general.

Nos gustaría mucho contar con tu presencia, poner el corazón en este acto, proyectar y abrir juntos este nuevo dojo de la comunidad. Si te nace, por favor, contacta con Empar Roch.

¡Te esperamos!

Contacto:
(+34) 687 82 55 64
madrid@luzdeldharma.org

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En la sede de la mente

“La consciencia es todo lo que experimentas”, escribe Koch. “Es la canción que se repite en tu cabeza, la dulzura de una mousse de chocolate, la palpitación de un dolor de muelas, el amor feroz por tu hijo y el discernimiento amargo de que, al final, todos esos sentimientos se acabarán”. Hay dos campos científicos que aspiran a, o no pueden evitar, competir con los poetas en la interpretación del mundo: la cosmología y la neurología. Tiene toda la lógica. Una buena ecuación sintetiza una inmensa cantidad de datos en un centímetro cuadrado de papel, igual que un buen verso.

Para filósofos como Daniel Den­nett, el problema de la consciencia es inseparable del enigma de los qualia: lo que sentimos como la rojez del color rojo, la dulzura de un dulce, la sensación de dolor que nos produce un dolor de muelas. Estos filósofos creen que el enigma de los qualia no puede ser resuelto, ni siquiera abordado, por la ciencia, porque esas sensaciones son privadas y no pueden compararse, aprenderse ni medirse por referencias externas. Esta idea, sin embargo, contradice el principio general de que la mente equivale al cerebro, como ya avanzó hace 2.500 años Alcmeón de Crotona.

Si todo lo que ocurre en nuestra mente es producto de —o más bien es idéntico a— la actividad de ciertos circuitos neuronales, la consciencia no puede ser una excepción, o de otro modo volveríamos al animismo irracional, a la creencia en un alma separada del cuerpo, a los fantasmas y a los ectoplasmas. Crick y Koch decidieron saltarse el supuesto enigma de los qualia para concentrarse en buscar los “correlatos neurales de la consciencia”, es decir, los circuitos mínimos suficientes para que se produzca una experiencia consciente. La estrategia ha sido fructífera.

Tomemos el efecto bien conocido de la rivalidad binocular. Con un sencillo montaje, puedes presentar una imagen al ojo izquierdo de un voluntario (un retrato de Pili, por ejemplo) y otra al ojo derecho (un retrato de Juanma). Podrías pensar que el voluntario vería una mezcla chocante de las dos caras, pero si le preguntas verás que no es así. Ve un rato a Pili, luego de pronto a Juanma, después otra vez a Pili y así. Los dos ojos rivalizan por hacer llegar su información a la consciencia (de ahí “rivalidad binocular”). ¿Qué cambia en el cerebro cuando la consciencia flipa de una cara a la otra?

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El núcleo de la compasión es el coraje

Cuando las personas escuchan la palabra compasión, suelen pensar en la amabilidad. Pero su estudio científico ha encontrado que el núcleo de la compasión es el coraje.

La amabilidad, en vez de ser lo que define completamente la compasión, es una forma específica de ser compasivo. Imagínate a un bombero que constantemente pone su vida en riesgo para salvar a otros. Ese acto en sí mismo es compasivo, pero fuera del trabajo, puede que el bombero sea una persona distante, o que tenga un temperamento irritable o que se le olviden una y otra vez los cumpleaños. El punto es que la gente amable no siempre tiene el coraje de comportarse compasivamente.

Una definición de diccionario de la compasión diría algo así como: “una sensibilidad hacia el sufrimiento de uno mismo y de los otros junto al compromiso de intentar aliviarlo”. Esta frase sintetiza dos procesos. El primero es el coraje de volverse hacia, relacionarse y entrar en contacto con el dolor y el distrés, en vez de optar por evadirlo o ignorarlo. El segundo es la disposición a adquirir la sabiduría que necesitamos para responder adecuadamente frente al sufrimiento.

El coraje de ser compasivo yace en la disposición y voluntad de ver la naturaleza y las causas del sufrimiento – ya sea en nosotros mismos, en los demás o, más ampliamente, en la humanidad. Estamos hechos a partir de genes que han evolucionado por millones de años y esos genes construyen nuestros cuerpos y nuestros cerebros —no los elegimos. Y estos cuerpos y cerebros son frágiles, susceptibles a las heridas, a una multiplicidad de enfermedades, al deterioro y la muerte.

Las motivaciones básicas que han evolucionado en nuestros cerebros tales como la búsqueda de status y poder, el sexo y el cuidado de la familia (compartidas con otros mamíferos), pueden llevarnos a quedar atrapados en la ambición auto-centrada y la mentalidad tribal, haciéndonos capaces de llevar a cabo crueldades terribles. Los humanos han sido fuente de sufrimiento unos de otros y de los animales por miles de años. La mente humana inventó la tortura y puede sentir placer en la venganza sádica. Y tal como otros animales, somos vulnerables a una amplia gama de sufrimientos mentales como el miedo, la depresión y la paranoia. Toma bastante coraje comenzar a comprender nuestra especie de esta manera.

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La naturaleza de la realidad

En julio de 1930, el famoso científico alemán Albert Einstein, se entrevistó con el filósofo, poeta y músico Rabindranath Tagore. Quienes mantuvieron una estimulante platica, dilucidando temas entre la ciencia y la religión.

Einstein es reconocido por la teoría de la relatividad y sus numerosos estudios en física, pero no es muy conocida su faceta mística, era conocido su interés por los temas espirituales y esotéricos, esto se revela en las pláticas con R. Tagore,

La concepción del universo, el afán de buscar una verdad ultima, es la verdad independiente de nosotros. Esta entrevista quedara para la historia a continuación extractos de lo que R. Tagore llamó: “La Naturaleza de la Realidad”.

Einstein: ¿Cree usted en lo divino aislado del mundo?

Tagore: Aislado no. La infinita personalidad del Hombre incluye el Universo. No puede haber nada que no sea clasificado por la personalidad humana, lo cual prueba que la verdad del Universo es una verdad humana.

Einstein: Esta es una concepción del universo puramente humana.

Tagore: No puede haber otra. Este mundo es un mundo humano, y la visión científica es también la del hombre científico. Por lo tanto, el mundo separado de nosotros no existe; es un mundo relativo que depende, para su realidad, de nuestra conciencia. Hay cierta medida de razón y de gozo que le confiere certidumbre, la medida del Hombre Eterno cuyas experiencias están contenidas en nuestras experiencias.

Einstein: Esto es una concepción de entidad humana.

Tagore: Sí, una entidad eterna. Tenemos que aprehenderla a través de nuestras emociones y acciones. Aprehendimos al Hombre Eterno que no tiene limitaciones individuales mediadas por nuestras limitaciones. La ciencia se ocupa de lo que no está restringido al individuo; es el mundo humano impersonal de verdades. La religión concibe esas verdades y las vincula a nuestras necesidades más íntimas, nuestra conciencia individual de la verdad cobra significación universal. La religión aplica valores a la verdad, y sabemos, conocemos la bondad de la verdad merced a nuestra armonía con ella.

Einstein: ¿Entonces, la Verdad o la Belleza no son independientes del hombre?

Tagore: No.

Einstein: ¿Si no existiera el hombre, el Apolo de Belvedere ya no sería bello?

Tagore: No.

Einstein: Estoy de acuerdo con esta concepción de la Belleza, pero no con la de la Verdad.

Tagore: ¿Por qué no? La Verdad se concibe a través del hombre.

Einstein: No puedo demostrar que mi concepción es correcta, pero es mi religión.

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