Luz del Dharma

Comunidad Budista Zen en Tenerife

La luna de miel del despertar

Cuando se produce un verdadero y auténtico despertar, quién somos y qué somos queda claro. Ya no hay preguntas al respecto; está resuelto. Así, una de las señales del verdadero despertar es el final de la búsqueda. Ya no sientes el impulso, el tira y afloja. El buscador ha quedado revelado como la realidad virtual que siempre fue, y desaparece como tal. En cierto sentido, ha terminado su tarea. Ha proporcionado el impulso necesario para ayudar a sacar la conciencia o el Espíritu de su identificación con el estado de sueño, y le ha ayudado a volver a su estado de ser natural.

Ahora, si se trata de un despertar permanente, el buscador y la búsqueda se disuelven completamente. Si, por otra parte, el despertar no es de carácter permanente, es posible que el buscador y la búsqueda estén en proceso de ser disueltos, pero sin hallarse totalmente disueltos todavía. En cualquier caso, esta disolución del buscador mismo puede transformar la propia vida. Para los que estamos en el camino espiritual, toda nuestra identidad puede haber estado dedicada a ser un buscador. Literalmente, nuestra vida puede haber estado definida por la búsqueda espiritual, por el anhelo de Dios, de la unión o de la iluminación.

Entonces, de repente, se produce el despertar. El buscador, la búsqueda y toda la estructura egótica que se construye alrededor de la búsqueda espiritual desaparecen de repente. Esta identidad se ve tal como es —carente de significado e inútil—, y se cae.

Esta caída del buscador puede experimentarse como un gran alivio. Da comienzo a lo que he denominado la luna de miel del despertar. Al menos en mi caso, experimenté esta caída del buscador y de la búsqueda como si me hubieran quitado un gran peso de encima. Fue una experiencia muy física. Literalmente sentí como si me hubieran quitado un peso, un peso que había estado acarreando.

Ésta es una experiencia común entre los que despiertan. Cuando la conciencia despierta de su sueño de separación, hay una gran sensación de alivio. Por eso la gente empieza a reír o a llorar, o experimenta una intensa liberación emocional del tipo que sea: sienten el alivio de haber salido por fin del estado de sueño. A veces llamo a este momento el primer beso. El despertar es como tu primer beso espiritual, tu primer beso de la realidad, tu introducción a la verdad de quién y qué eres.

Esta luna de miel puede durar un día, una semana, seis meses o un par de años. Varía según la persona. Lo característico del periodo de luna de miel es la fluidez completa: no hay resistencia en tu ser, en tu experiencia. Todo fluye. La vida es un flujo; todo parece ocurrir por su propia volición. Es el conocimiento experimental de que en realidad todo se está haciendo, y que tú, como entidad separada, no estás haciendo nada.

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Despertando la Bodhicitta

La legítima aspiración a una vida más plena debe ser encausada y renovada constantemente en armonía con las leyes fundamentales, (Impermanencia, Interdependencia e Insustancialidad). Es ahí donde el bodhisattva funda la correcta aspiración.

Encontramos el valor para convertirnos en nuestra propia antorcha que ilumina el camino al Hogar, además de poner luz al anhelo de bienestar del prójimo. Está aspiración solo solo se desarrolla en tanto nos mantengamos bajo las influencias oportunas y solo se fortalece con la «acción», no con las buenas intenciones.

El despertar a una conciencia no condicionada solo es posible cuando convertimos nuestra práctica en algo sagrado, mucho más que el propio Budha, los sutras, maestros o deidades. Aún así comprendemos su utilidad y los utilizamos como medios hábiles.

De la misma manera nos apoyamos en el amigo, así, no dejamos el peso de nuestras expectativas sobre otras espaldas, oscureciendo y enturbiando la Vía que transitamos, por utilizar la antorcha ajena. Agarramos nuestra vida por los cuernos.

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La mente es un sexto sentido

En la psicología budista, la mente es descrita como un sexto sentido, que se suma a los cinco habituales (vista, oído, olfato, gusto y tacto). Desde esta perspectiva, del mismo modo que el ojo percibe todo tipo de formas, colores y luces, el oído toda clase de sonidos, y la nariz todos los olores, la mente percibe todo tipo de pensamientos: grandes y pequeños, hermosos y feos, interesantes y aburridos, sabios y ridículos, etc. La mayoría de las personas no se identifican a sí mismas con los colores y las formas que ven, ni con las texturas que tocan. Normalmente no pensamos, por ejemplo: “Soy verde claro” o “soy rugoso”, cuando vemos algo verde o tocamos algo rugoso. Pero los pensamientos, como objetos de la mente, son un poco distintos y, quizás porque son inmateriales e internos, somos más propensos a confundirlos por quienes somos.

Los pensamientos de autoevaluación son particularmente seductores y convincentes. Aparecen en la mente disfrazados de verdad absoluta. Cuando aparecen pensamientos como: “No sirvo para nada”, “No soy querible”, “He defraudado a la gente” o “No tengo remedio”, enseguida nos quedamos atrapados en ellos y los separamos de otros comentarios internos como si fuesen verdades con autoridad. Aunque esto no les ocurra a todas las personas, muchos tenemos la tendencia profundamente arraigada de desestimar las fantasías y otras categorías de pensamientos como fabricaciones de la mente, y, en cambio, tomamos cualquier juicio sobre uno mismo como una verdad absoluta. Esta es precisamente la razón de que el reconocimiento de que los pensamientos no son la realidad pueda brindarnos una gran paz emocional.

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Kusen. 10 de junio de 2019

Enseñanza oral durante la meditación

En el Lankavatara Sutra se dice: “allá donde hay percepción surge el engaño”.

Aceptando que somos sujetos que interpretamos siempre la realidad, sabemos que nuestra mente actúa a través de programas y patrones condicionados, pero los meditadores contamos con la fortuna de poder observar aquello que acontece sin manipularlo.

Cuando la mente escucha que los fenómenos son vacuidad y que la vacuidad se manifiesta en forma de fenómenos, nos llenamos de conceptos e ideas sobre esta verdad. Por el contrario, cuando nos fundimos en la estabilidad de un cuerpo sin fisuras y fluimos a través de una respiración amplia y generosa, inspiración tras espiración, contemplamos que todo es tal y como está siendo, una experiencia donde la dualidad no tiene cabida.

Al observar así, constatamos que la noche y el día se dan sin oposición, que el azul del cielo y el azul del mar se encuentran en un mismo siendo, tal y como sucede al meditar cuando el dedo pulgar de la mano izquierda se descubre en un sutil roce con el dedo pulgar de la mano derecha.

Al observarlo así, comprendemos que nadie entra o sale de la sala de meditación y que hacerlo con la pierna izquierda o con la derecha, no es relevante. Sobre la cabeza está la tierra, sobre las rodillas la inmensidad del cielo.

Cuando contemplamos con serenidad la impermanencia, todo es bello y hermoso. Decir tú o yo, discípulo o maestro, es un lenguaje que no recoge la armonía y el equilibrio donde la luz es en la oscuridad y la oscuridad es en la luz.

Somos Mente única.
Esto es lo que somos.

Denkô Mesa

(Kusen – Enseñanza oral durante la meditación de la noche del 10 de junio de 2019)
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