Luz del Dharma

Comunidad Budista Zen en Tenerife

Los tres corazones

La Compasión budista. Giuseppe Jiso Forzani

Tres son las actitudes del corazón que el zen propone y que están identificadas con tres ideogramas. El primero es el corazón grande, el segundo el corazón de la persona anciana, madura, el tercero es el corazón de la alegría, y son las actitudes que en la vida cotidiana cada uno de nosotros debe manifestar. Obteniendo impulso y fuerza de aquella práctica del estar sentados en silencio que después ilumina toda la vida.

El corazón grande, magnánimo. Aquí grande no es lo contrario de pequeño, grande es cada uno de nosotros cuando es verdaderamente sí mismo, grande es una pulga cuando es una pulga, es una galaxia cuando es una galaxia. En el mundo de las pulgas está todo, como en cada gota individual de agua está todo el universo, que no es más pequeño que el universo contenido en una estrella. Cada uno a su manera grande, si es sí mismo hasta el fondo, si verdaderamente vive hasta el fondo aquella relación con su vida como expresión, manifestación, forma de la vida.

El corazón del viejo. Hay quien dice el corazón de los padres, pero yo pienso en el anciano, en el abuelo que tiene hacia el nieto una relación menos involucrada que la del padre (por ejemplo desde el punto de vista del orgullo personal, del deseo de ver que el hijo realiza sus aspiraciones). Este corazón de la persona anciana que tiene una relación de afecto, de ternura con todas las cosas, por la que cada cosa es parte de su vida y tiene aquel cuidado delicado que no tiene segundas finalidades.

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El ojo que ves

El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.


(Antonio Machado, Provervios y Cantares)

 

por Joost Scharrenberg

Albert Einstein dijo “Nuestra separación de los demás es una ilusión óptica de la consciencia” y con eso se acercó a la idea de la no-dualidad, que dice que en la existencia sólo existe unidad.

La práctica del mindfulness nos permite dar un paso hacia atrás y empezar a observar a nosotros mismos, a nuestra vida, a nuestras posesiones, a las personas y seres a nuestro alrededor desde cierta distancia. Podrás experimentar que tu no eres tus pensamientos o emociones y tampoco eres (las sensaciones en) tu cuerpo. Eres – en esencia – algo bien distinto. Parece que formamos parte de algo inmensamente grande y estamos conectados con los demás seres, aunque sea muy sútilmente y no es fácil distinguirlo.

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El test de la verdad

¿Existe algún test capaz de encontrar la verdad?  Y lo que es todavía más difícil, en el supuesto de que existan esas verdades, ¿hasta qué punto somos capaces de identificarlas?

1.- ¿Qué es la verdad?  

Tal vez lo que llamamos “verdad” sólo sea una tierra sin caminos, según afirmaba Krishnamurti, algo que nunca debemos confundir con la opinión de la mayoría.

Confucio observaba la verdad como cuatro esquinas de las que conocemos sólo una y depende de cada uno de nosotros encontrar las otras tres.

 2.- ¿Cómo podemos llegar hasta la “verdad”?

 Las palabras indican el camino de la verdad, pero no son la verdad, apunta Alejandro Jodorowsky.

También dice que cada ser tiene una parcela de la verdad. Que aceptemos la multiplicidad de puntos de vista y que ante infinitas soluciones es preferible no buscar la verdad, sino la autenticidad.

 3.- ¿Cómo discernir lo “verdadero” de lo que no lo es? 

 Algo es verdadero por su utilidad momentánea, al hilo de las palabras de Buda: “verdad es lo que es útil”. Cuando deje de sernos útil dejará de ser “verdad”.

Dudemos de todos aquellos que digan estar en posesión de alguna verdad -y de todo aquello que no podamos experimentar de primera mano- porque puede que sólo estén tratando de vendernos algo. 

 4.- ¿Crees haber encontrado la tienda de la verdad? 

 Entonces, tal como sucede en el cuento, cuando preguntes al dependiente es posible que te responda:  -¿Qué tipo de verdad anda buscando: verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa…?

Muchos de los grandes maestros cuando un discípulo pregunta sobre la verdad responden con una enorme y sonora carcajada. 

 5.- ¿Ya eres seguidor de alguna verdad? 

 Afirmaba Ryszard Kapuscinski que si de entre las muchas verdades eliges una sola y la sigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad, y tú en un fanático.

¿Por qué seguimos escuchando el sonido de una sola campana … si como apunta un dicho africano la verdad no puede estar contenida en una sola cabeza?

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El amor ocurre dentro de ti

Ser amado es ser visto desde una mirada que nos permite explorar las distintas dimensiones de nuestro ser y de la vida sin temor a ser juzgados por ello. Esa mirada amorosa y no enjuiciadora debe provenir desde un otro en el proceso de formación de un bebé para volverse plenamente humano, y es una mirada indispensable en las relaciones sanas y significativas de la adultez (parejas, amistades, relaciones terapéuticas, etc.). Sin embargo, también es posible aprender a ofrecerse esa mirada a uno mismo.

Cuando las personas aprendemos a cambiar nuestros hábitos de auto-desprecio por un amor genuino hacia nosotros mismos, ya sea a través de una relación íntima reparadora, una terapia, una experiencia mística o a través de prácticas contemplativas religiosas o seculares, poco a poco la auto-crítica centrada en la vergüenza de ser quien uno es va dando paso al cultivo de un espacio seguro en el propio corazón. Este espacio nos permite explorarnos y jugar a ser quienes podemos llegar a ser en esta vida más allá de nuestros prejuicios y creencias autolimitantes.

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