Meditar no es poner la mente en blanco. Tampoco es filosofar en silencio con la barbilla apoyada en el puño. La palabra ‘meditación’ está cargada de significados ajenos a esta milenaria práctica. Los dos términos que usan en tibetano y sánscrito capturan sus matices y nos ayudan a comprender su esencia. También hay una palabra castellana que describe cómo aplicarla con precisión. Y no es meditación.

Familiarización

Familiarizarse es aprender por repetición. Por ejemplo, las letras tibetanas parecen jeroglíficos, pero verlas una y otra vez las vuelve conocidas, les da significado y, con el tiempo, permite usarlas con fluidez. La exposición repetida nos familiariza con ellas. También nos familiarizamos con estados mentales. Y lo hacemos a diario, sin saberlo: planes, expectativas, sueños, egocentrismo, emociones descontroladas que dictan nuestras acciones, estrés, juicios, preocupaciones y falta de autoestima. Somos meditadores inconscientes. Nos familiarizamos con lo negativo. Meditar es generar amor, paz, compasión… y familiarizarnos con ellos. Hoy, el amor desinteresado nos parece tan exótico como el guacamayo rojo. Pero hay esperanza. Solo necesitamos generar amor y mantenerlo en mente el tiempo suficiente. Poco a poco, la insólita bondad que sentimos pasará a ser la norma, no una excepción.

Cultivo

Cultivar es crear las condiciones necesarias para el florecimiento. La semilla no basta. Requiere ciertas condiciones externas, como agua, tierra fértil, luz del sol y protección de los animales. Con ellas, su germinación es imparable. La meditación necesita condiciones favorables para florecer. Los estados positivos que buscamos son tan escasos, volátiles y delicados que necesitan apoyo externo. ¿Qué es mala hierba para nuestra meditación? Todo influye: amistades, actividades de ocio, información que consumimos y horas que dormimos, palabras que decimos y acciones de las que nos arrepentimos, ejercicio físico, higiene y alimentación. ¿Por dónde empezar? Una pista: calidad, no cantidad.

Entrenamiento

Entrenar es aplicar técnicas y conocimientos a un adiestramiento. La perseverancia y las condiciones favorables son clave, pero no aseguran el éxito. También tenemos que hacerlo bien. Mi intento fallido de ser un runner me enseñó esto. Correr era dar vueltas al parque como si me persiguieran y volver a casa agotado. Craso error. Un profesional me descubrió que hay que medir los tiempos, alternar la velocidad, respirar a tiempo y pisar correctamente. Si no, a largo plazo, terminaría con una lesión. Meditar es entrenar la mente. No basta con cerrar los ojos y reproducir una meditación de Youtube (aunque lo hagamos a diario). A largo plazo, no funcionará. ¿Practicamos una o varias técnicas? ¿Cuál es la mejor postura? ¿Cómo enfrentar los obstáculos?

Hay respuestas, y de ellas depende nuestro éxito.

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Por Gerardo Montes

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