Con el boom de la tecnología y el exceso de información, nos sumergimos en unas turbulentas aguas porque queremos hacer muchas cosas y termina la jornada y no logramos concretarlas. Sucede muy a menudo y vemos personas aparentemente ocupadas, en nada.
Hace poco conversaba con un amigo y éste me decía “el que mucho abarca poco aprieta” y puede que tenga lógica, pero cuando abarcamos muchas responsabilidades que no tienen nada que ver con lo que realmente es mi propósito, este dicho tiene mucha validez.
Podemos abrir nuestro compás de acción siempre y cuando tenga definido claramente hacia dónde voy, cuáles son mis debilidades, oportunidades, fortalezas y amenazas, lo que en gerencia se conoce como matriz Dofa. Tener bien establecido nuestros escenarios, deseos, anhelos y hasta limitaciones, nos llevará inevitablemente a conseguir nuestros sueños.
Enfocarnos nos permitirá lograr proyectos, dar prioridad a lo importante sin dejar de lado esas cosas que no necesitan tanta agenda como son nuestros espacios; bien sea a solas, con la familia, amigos, dosis de diversión y distracción. Lograr un equilibrio armónico es, en algunos casos una tarea titánica. Priorizar, enfocar, visionar, anhelar, actuar, son unos aspectos muy importantes a tomar en cuenta en pro a conquistar nuestro mundo.
Autores coinciden que el primer paso para conseguir todo lo que anhelamos es saber primero qué queremos. “Un buen comienzo es la mitad del trabajo. ¿Hacia dónde vas? Mientras más claridad tengas en lo concerniente a tu resultado final, más fácil será planear para los pasos intermedios”, resalta Brian Tracy en su libro Plan de vuelo.
No hay que dejarlo a la suerte, a lo que digan otros, es sentarnos a hacer una revisión interna y poner en marcha ese proyecto, idea o cumplir un sueño. Estar convencidos de lo que realmente queremos y cuáles serán nuestros recursos y nuestros aliados, el tiempo que nos tocará llevar a andar ese plan, tomar en cuenta las tormentas y los ajustes necesarios que nos podamos permitir a lo largo del camino.
Intentar cada vez que sea necesario hasta que salga bien, hasta que nos guste el resultado, hasta que podamos llamar a un sueño “misión cumplida” o “meta lograda”.
El gran secreto de tener un óptimo resultado de ese logro es conocer mi visión, mi punto de llegada, dónde me dirijo… conocer mi enfoque.
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