Luz del Dharma

Comunidad Budista Zen en Tenerife

Ser en la presencia

 

«Conocer es recordar» decía Platón en sus Diálogos. Por eso la palabra atención, en sánscrito sati, se traduce como ‘recuerdo’. ¿De qué no hay que olvidarse dirá alguno? Pues de la presencia siempre está ahí de forma natural, pero puede pasar inadvertida durante toda una vida, por lo que es necesario explorarla y reconocerla experiencialmente.

No podemos abandonar al destino las condiciones que favorecen la emergencia y mantenimiento del estado de presencia. No son los otros los que sienten, se emocionan o piensan por nosotros. Debemos volver una y otra vez al cuerpo para revisar cómo se está dando la experiencia, revisar y seguir manteniendo el tono de la mirada contemplativa (mudra, respiración, partes del cuerpo, mirada periférica…)

A veces, como si de un acto psicomágico se tratara, pueden venirnos muy bien unos pesados zapatos con suelas de plomo que nos mantengan unidos a la tierra. La práctica son estos zapatos, nos instalan siempre en el presente.

A medida que te familiarices con esta capacidad de observación, te darás cuenta de que la conciencia es tu primer y último refugio, un lugar interno, natural y lleno de equilibrio tanto para la mente como para el corazón. Tienes una capacidad ilimitada para encontrarte con la Experiencia (mayúsculas) y abrazarla.

Normalmente nos consideramos a nosotros mismos como una colección de pensamientos, sentimientos y sensaciones: está el yo separado que vive en el interior del cuerpo-mente y la meditación que normalmente es considerada como una actividad en la que yo, este cuerpo-mente, se compromete a fin de lograr algún tipo de objetivo, sea cual sea ese objetivo: la iluminación, la quietud, la paz, la liberación.

En otras palabras, desde ese punto de vista, se cree que el yo separado es lo que somos y la meditación se considera como una actividad que hacemos. Sin embargo, meditar no es ningún tipo de actividad aunque la definamos con un verbo. Podemos usar si prefieren un sustantivo donde la meditación es lo que somos, no lo que hacemos. Dicho así, Zazen un destello de luz de la conciencia. En este enfoque, la meditación no tiene nada que ver con una actividad o cese de actividad de la mente: enfocarla, observarla, disciplinarla o aquietarla, u observar la respiración. Es simplemente ser, simplemente ser en la presencia.

Quienquiera que sea que carezca de autocontrol

 y no permanezca en la verdad,

aunque se vista con la túnica amarilla,

no es merecedor de ella.

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Denkô Mesa

(Fragmento de las enseñanzas del Retiro Zen de Primavera, Gran Canaria, abril 2017)

XI

Lo Real se impone

por más que tratemos de escapar

o de evadirnos por los infinitos caminos de la fantasía.

La vida es un río sin cartografiar

El budismo zen es un camino de experiencia. No hay autoridad a la que seguir. ¿Quién es tu maestro? Todas las existencias son nuestros maestros, todos los fenómenos nos dan la oportunidad de aprender. Los maestros únicamente acompañan y constatan tu aprendizaje. Si te equivocas, ¿qué pueden hacer por ti?  Si aciertas, ¿qué pueden hacer por ti?

La moral en la tradición budista es la expresión práctica de la recta comprensión. He aquí un antiguo cuento que nos puede inspirar sobre lo que está bien y lo que está mal:

El Budha fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión. Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.

Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de lo sucedido permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.

 Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente. Muy sorprendido, Devadatta preguntó:

  –¿No estás enfadado, señor?

  –No, claro que no.

  Sin salir de su asombro, inquirió:

  –¿Por qué?

  Y el Buda dijo:

  –Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada.

Existen innumerables códigos de conducta de tipo religioso y social, pero la moral no puede ser codificada, por lo que cada situación deberá ser evaluada por sí misma. El budismo siempre ha defendido que no hay dogmas, ni leyes que creer o pautas de conducta que seguir, más que aquellas que nacen desde la propia sabiduría interna y personal, fruto de la práctica y del conocimiento. Cuando un ser humano actúa de acuerdo a ciertas reglas simplemente porque teme el castigo o porque espera cierta recompensa, esta moral carece de todo valor.

Aunque uno recite muy a menudo las escrituras,

si es negligente y no actúa en consecuencia,

es como el vaquero que cuenta las vacas de los otros.

(Dhammapada)

Los resultados de la práctica vienen con el tiempo, como las nuevas flores en cada primavera. Siéntate y respira, nada más. La verdadera ética que surge de la apertura mental (Sabiduría) y de la apertura del corazón (Compasión), no puede ser manipulada o ser auto impuesta, sino sentida hondamente. Por muchos libros y estudios que abordemos sobre el bien y el mal, guiados por el apego y el rechazo, siempre acabaremos enjuiciando y opinando sobre esto y lo otro, sobre éste y aquel.

La moral no es la causa, sino el resultado de nuestra actitud espiritual. Todo acto genera un resultado inmediato. Así pues, como seres con capacidad de autoconciencia podemos y somos responsables de dirigir nuestro comportamiento y formas de relacionarnos. Vivimos entrelazados en una infinita red de interrelaciones y es nuestra propia responsabilidad movernos por ella de forma consciente El Budha dejó expresado: “es el hombre el que crea su propia prisión”. Y esa prisión se basa en la ciega creencia de sentirnos diferentes: yo frente a los demás.

Las leyes que gobiernan las relaciones sabias en nuestras vidas, llámense política, familia, negocios o educación, por ejemplo, son las mismas leyes que las de la vida interior. Toda práctica espiritual es un asunto de relaciones, con nosotros mismos, con los demás, con todas las situaciones de la vida. No hay evasión posible.

No existe un plan o modelo exacto y común. Todos seguimos un camino nuevo en cada momento. La vida es un río sin cartografiar; se necesita entrega y perseverancia, poner atención a cada instante y caminar con el corazón bien abierto.

Denkô Mesa

(Fragmento de las enseñanzas de la tarde, primer día del Retiro de Primavera, abril 2017, Gran Canaria)

No hay nada impuesto

Poco a poco nos vamos adentrando en la práctica. Hoy ha sido un día de nuevas pautas de comportamiento, herramientas y soportes que regulan nuestro ser y estar interno, nuestro ser y estar externo. Sin embargo, en el budismo no hay nada impuesto. Todo fenómeno que acontece es recurso de aprendizaje, si bien depende mucho de la actitud del trabajo interior que muestras, la verdadera, no la que aparentas. ¿Con cuántas mentiras te autojustificas? ¿Qué tal llevas la reflexión sobre el compromiso?

El budismo surge y se desarrolla con motivo del sufrimiento, no busca dioses o seres celestiales a los que rendir pleitesía. Siempre ha defendido que no hay dogmas, ni leyes que creer o pautas de conducta que seguir, más que aquellas que nacen desde la propia sabiduría interna y personal, fruto de la práctica y del conocimiento.

Lo que aquí estamos mostrando forma parte de toda una pedagogía de la conciencia que se viene actualizando generación tras generación. Por ejemplo, los viejos hábitos medievales de los templos japoneses deben dejarse de lado. Debemos evitar caer en la mitificación de lo que es o no es zazen. En la práctica meditativa debe prevalecer la cordura y no hacernos daño, por ejemplo, con la impostura. Pero tampoco vale hacerlo de cualquier manera.

¿Cómo sabes lo que está bien o lo que está mal? También te puedes preguntar, ¿qué tipo de verdad andas buscando: verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa…? Muchos de los grandes maestros cuando un discípulo pregunta sobre la verdad responden con una enorme y sonora carcajada.

Aquí practicamos tres principios fundamentales: no hacer mal, hacer el bien y ayudar a todos los seres. Por lo menos el primero y luego los otros vienen solos. ¿Cómo hacer el bien si no estamos presentes? Pueden ser entendidos como preceptos, pero vaciando la carga de imposición que lleva su significado. Se entienden más bien como » crear un hábito».

En el budismo los preceptos son una guía de orientación personal y fuente de armonía en las relaciones de una comunidad. Son un andamio para ayudarnos a construir el edificio del saber, son la base para ejercitar la realización. Como tales andamios, no necesitan ser perfectos, pero sí han de ser sólidos y suficientes para cumplir su función.

Aquí venimos a aprender a cultivar la atención, ¿no es cierto? Lo importante aquí es practicar. Nada más. Lo demás es caer en el discurso del que se cree o dice de sí que practica. A medida que profundicemos en la práctica meditativa, nos iremos dando cuenta que los seres humanos tenemos la posibilidad de reflexionar antes de actuar. La meditación nos permite elegir conscientemente qué es lo más correcto y adecuado para cada caso o situación

Denkô Mesa

(Fragmento de la enseñanza de la tarde en el primer día del Retiro Zen de primavera, abril 2017)