
¿Por qué deseamos poseer
si ya lo somos todo?
Comunidad Budista Zen en Tenerife

¿Por qué deseamos poseer
si ya lo somos todo?

La práctica de la paciencia
y de la perseverancia
da siempre sus frutos,
no importa cuál sea la estación del año.
¡Qué dura ha sido
la vuelta,
la vuelta de regreso a la vida cotidiana!
La contracción me ha superado.
Esperaba en ti
la respuesta del abrazo,
la caricia compartida
y ese beso azul
que me reconocieran como tuyo.
¡Qué dura ha sido la noche!
Me he visto superado
por la oscura soledad,
abandonado
en el delirio de un sueño terrorífico.
Aún me dueles,
corazón,
profundamente…
¡Ay, corazón tan roto!
Camino a tientas por las simas de la vida,
conteniendo lágrimas saladas,
estas lágrimas del desamor.
Nace el día con el impulso del ahogo.
Pulsa.
Pulsa.
Pulsa.
Ya llega,
la siento,
la percibo.
Con ella se desnuda toda forma
y toma cuerpo
de palabra acicalada.
El céfiro montés sopla hoy con una fuerza extraordinaria,
anda suelto en las laderas del barranco.
¡Qué contento baja,
silbando alegre en su paseo entre tabaibas y cardones!
El cielo, que también se deja acariciar,
muestra sólo la cara del asombro
pues se queda enteramente ensimismado viendo
el paso blanco del celaje
que transita libre en los espacios,
en un juego eterno con la brisa.
La siento,
la percibo nuevamente.
La conciencia lo abarca,
todo.
El hombre se sabe iluminado.
Así, lo transmite,
y comparte con los otros la experiencia
y es por ello que se siente hoy feliz, entero y satisfecho.