Por Adriana Schnake

A primera vista lo psicosomático incluiría la totalidad: soma y psiquis y lo holístico sería una redundancia, sin embargo con este término estamos señalando una diferencia fundamental: lo holístico de una Enfermedad o un Síntoma no es ni psíquico ni somático. No alude a una causa. Se refiere a quienes son los participantes de la escena que se desarrolla.

La Medicina psicosomática ha hecho grandes y valiosos aportes para hacer una Medicina a Escala Humana, siguiendo los caminos de la investigación ‘científica’ del mismo modo que en otras ‘especialidades’ de la medicina se ha llegado a descubrimientos y aciertos notables.

Así como nadie puede negar en la actualidad que el corazón puede mantenerse latiendo fuera del cuerpo que lo contuvo, si se saca en condiciones especiales; nadie puede negar que las relaciones entre lo que se ha denominado «psíquico» y lo somático existe y que en un gran número de casos – cuando se ha tenido el tiempo suficiente y el encuadre adecuado – los resultados en la cura de algunas enfermedades – con este enfoque – han sido espectaculares. Sorprende que enfermedades como el Cáncer, no se hayan clasificado dentro de las Psicosomáticas, como la Úlcera o el Asma.

En cuanto profundizamos en el estudio de cualquiera de las enfermedades que intentamos reconocer o individualizar, descubrimos que la ciencia a la cual estamos habituados nos esclarece el cómo de la enfermedad, sin que jamás nos ofrezca una respuesta con respecto a ese «por qué» que tanto interesa al paciente y que suele confundirse con el concepto, casi místico de una causa primaria.

La ciencia utiliza palabras como «esencial» o «idiopático», con las cuales calificamos a determinadas enfermedades para hacernos la ilusión de que conocemos su origen. Hay conceptos como los de «constitución», «herencia» o «debilidad del yo» que nos permiten postergar el problema y conservar nuevamente la misma ilusión.

Tanto el psicoanálisis como la anatomía y fisiología patológicas desembocan en una vía muerta cuando emprenden este camino. El concepto de «condición necesaria pero no suficiente» al cual también Freud recurrió (utilizando el ejemplo clarificador de la tuberculosis), nos otorga, en cambio, todo lo necesario para fundamentar una terapéutica.

La exploración y búsqueda de causas y determinantes psicológicos ya no es discutida en Medicina. Especialmente cuando se encuentran frente a Enfermedades que aumentan su incidencia y virulencia. Los verdaderos cuidadores de la Salud, no podemos entregar a las personas a una Medicina reparadora de instrumentos. Tampoco los psicólogos podemos seguir cuidando un aspecto de la vida humana. Tenemos que aunar conocimientos para despertar la sabiduría de los hombres, perdida entre palabras grandilocuentes y continuar con en el ejercicio de esta tarea que une y hermana a una tan gran familia.

En algo tenemos que unirnos desde el momento en que nuestra tarea es cuidar la Salud de un pueblo.

Y estamos obligados a cumplir con algunos postulados básicos:

  1. Devolver al hombre su calidad de ‘ser humano’, mirándolo como totalidad.
  2. Entregarle los conocimientos que nos han venido de él (el ser humano), para que reconozca su propia estructura y capacidad de sanación.
  3. Entender la Enfermedad como un acto de detención total que nos permite asomarnos a una realidad diferente.
  4. Entender el hermoso mensaje de la famosa frase «Dolores de crecimiento» que se usa ‘concretamente’ en los dolores de huesos en la pubertad y en los ‘dolores’ de parto.
  5. Entender que cuidar la Salud, no es ‘luchar’ contra nada ni aún contra las enfermedades. Es conocer lo que somos y aceptar límites y posibilidades.
  6. En definitiva colaborar en la Tarea de detener al Ser Humano en la escalada de Omnipotencia y autosuficiencia en la que se encuentra empeñado.

De lo que se trata es de tener una mirada diferente, total, en la que veamos a la persona entera. Una verdadera mirada fenomenológica en la que no podemos saltarnos ‘lo que le duele’ a la persona que está frente a nosotros.

El organismo que somos no tendría que ser afectado por nuestros deseos o por nuestros pensamientos y sin embargo sabemos que puede ser afectado por ellos. Es que ellos (los pensamientos y deseos) son absolutamente parte del organismo que somos. Como nosotros somos parte del mundo en el que vivimos y hemos desarrollado nuestras capacidades y destrezas para adaptarnos al mundo que nosotros mismos vamos creando.

Desde siempre el psicoanálisis se ha preocupado de buscar otras herramientas terapéuticas que vincularan el sentir del ser humano con las dolencias que padece. El relacionar el carácter con manifestaciones o Enfermedades es algo que está en los inicios mismos de la Medicina.

No parece posible que una persona con síntomas o signos evidentes de algo que está ocurriendo en su cuerpo lo oculte a la mirada y escucha de la persona a la que recurre en demanda de ayuda. Y si miramos a la persona total, no podemos separar su discurso, del cuerpo y lo que ocurre en él. Y si nos habla de una parte de sí, no podemos entender la relación de la persona con el órgano o con la parte, si no escuchamos el diálogo interno de esas dos partes. Es decir, lo que es absolutamente personal, es la ‘relación’ de la persona con ese ‘algo’.

Aun cuando las características anatómicas y fisiológicas de los órganos sean idénticas en todos los humanos, la relación y el diálogo posible entre un órgano y la persona a la que pertenece son absolutamente diferentes. Y es ese diálogo el que nos muestra lo más central del conflicto de esa persona, o por lo menos con que aspectos de sí misma se pelea y no está dispuesta a aceptar.

El éxito y la claridad de los mensajes que pueden hacerse presentes en estos trabajos de ‘encuentro’ de la persona con el órgano afectado tienen que ver con el verdadero poder de la Transferencia.

La relación de una persona con cualquier parte de ella misma está inscripta en una básica relación narcisista, no vulnerada por ningún desarrollo neurótico posible y posterior, al fascinante descubrimiento de un cuerpo que nos pertenece y donde cada descubrimiento de sus posibilidades fue inscripto en un ámbito de un profundo contacto con lo ‘otro’ que nos define, nos separa y nos junta – con.

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Fuente: http://www.bonding.es