Para ser capaces de aplicar el Dharma en la vida cotidiana de una manera no neurótica, necesitamos tener la convicción de que en verdad es posible deshacernos de nuestros problemas. Necesitamos estar convencidos de que es posible deshacernos de nuestra confusión siguiendo la aproximación budista básica: para deshacernos de algo necesitamos eliminar las causas que lo provocan. Por supuesto, es muy difícil obtener una profunda y firme convicción de que es posible eliminar toda nuestra confusión al grado de que nunca más se presente, así como es difícil también tener una convicción firme respecto a que es posible alcanzar la liberación y la iluminación. Esto es especialmente difícil cuando ni siquiera entendemos qué son en realidad la liberación y la iluminación. ¿Cómo podemos considerar seriamente si es posible alcanzarlas o no, si ni siquiera las entendemos? ¿No es un poco hipócrita desear alcanzar algo si ni siquiera creemos que esto exista? De ser así, esto se vuelve una suerte de juego desquiciado; nuestra práctica del Dharma no es algo real.
Necesitamos estar realmente convencidos, y esto requiere mucho estudio y entendimiento, así como profunda reflexión y meditación. Necesitamos estar convencidos de que, no sólo la liberación y la iluminación son posibles, sino que también están a nuestro alcance. No pensar que sólo fue posible para Shakyamuni, y que no es algo para mí, sino que es posible que yo alcance la iluminación y la liberación, y es posible que todos los demás las alcancen también. Necesitamos entender qué es preciso hacer para liberarnos de nuestra confusión. ¿Qué es en realidad lo que nos ayudará a deshacernos de ella? Lo que en realidad nos ayudará a deshacernos de la confusión es el correcto entendimiento; es preciso entender cómo el correcto entendimiento puede ayudarnos a superar la confusión y eliminarla para que nunca regrese. Como resultado de todo esto, vemos que el verdadero lugar de trabajo de la práctica del Dharma es la vida diaria; es lidiar con nuestros problemas, con nuestra confusión, con nuestras dificultades de la vida momento a momento.
La práctica del Dharma requiere introspección. La práctica del Dharma no es simplemente «tiempo fuera» de la vida, no se refiere a irnos a una linda y silenciosa cueva, o incluso encerrarnos en nuestro cuarto y sentarnos en un cojín para no tener que lidiar con nuestra vida. La práctica del Dharma no se trata de escapar. Cuando vamos a un lugar silencioso para meditar, lo hacemos con la intención de construir las habilidades que nos permitan lidiar con nuestros problemas en la vida. El punto de atención es la vida. ¡No se trata de ganar una medalla olímpica en sentarse a meditar! La práctica del Dharma se refiere por completo a aplicar el Dharma a nuestra vida.
Más aún, la práctica del Dharma es introspectiva. Con la introspección tratamos de estar atentos a nuestros estados emocionales, nuestras motivaciones, nuestras actitudes, nuestros patrones compulsivos de comportamiento. Necesitamos poner especial atención en nuestras emociones perturbadas. La característica que define a una emoción o actitud perturbada es que, cuando surge, nos hace sentir incómodos a nosotros y/o a los demás. Perdemos la paz mental y no somos capaces de controlarnos. Esta es una definición muy útil porque nos ayuda a reconocer cuando estamos actuando bajo la influencia de una emoción perturbada. Podemos saber que algo perturbado está ocurriendo en nuestra mente si nos sentimos incómodos. En tales ocasiones, necesitamos revisar qué está pasando dentro de nosotros y aplicar los antídotos para corregirlo.
Esto requiere que nos volvamos muy sensibles a lo que ocurre dentro de nosotros. Para poder cambiar nuestro estado emocional perturbado se requiere que nos demos cuenta de que si actuamos de una forma perturbada y perturbadora generaremos mucha infelicidad tanto para nosotros como para los demás. No queremos eso; ya hemos tenido más que suficiente de eso. Y si estamos alterados ¿cómo podremos ayudar a los demás?
Por Alexander Berzin