Una de las grandes virtudes o fortalezas que presenta el budismo es la claridad de sus enseñanzas. Son aptas para todo tipo de personas, si bien cada uno se adentra en la exploración del mundo interior según su propósito vital, según su motivación y según el compromiso que adquiere con este camino.
Una vez que hemos sentido la llamada, es cierto que todos necesitamos referencias que guíen la manera adecuada en el viaje del auto conocimiento. En el budismo se habla de «Tres Estrellas o Joyas» en el camino interior. En líneas generales, entendemos por Buddha al sabio que comprende cuál es la verdadera naturaleza de los fenómenos, el Dharma hace referencia al camino práctico para experimentar el despertar y la Sangha es la comunidad espiritual iniciada por Siddhartha y, por extensión, el conjunto de todos aquellos que hacen del camino de la meditación el centro de sus vidas. En resumen, Buddha significa el despierto, Dharma la ley y Sangha la asamblea. Más allá de los significados básicos, históricamente hablando cada tradición ha desarrollado su propia interpretación de los tres tesoros.
Venerar las Tres Joyas es manifestar la relación con la confianza. Hablo de conectar, sentir el corazón, abrirse a la certeza y no depender de un mundo o referente exterior. La toma de Refugio nos mantiene en un vínculo cercano con el mundo. Seguridad, convicción y determinación son los términos relacionados con la fe o la confianza.
Los Tres Tesoros son el referente de nuestro recorrido vital. Orientan nuestro camino existencial y espiritual, muestran una buena dirección. La expresión «Namu Kie» (南無帰依) es un término fundamental del budismo japonés, que proviene de una combinación de sánscrito y japonés antiguo, y significa «Tomar refugio» o «Encomendarse y consagrar la vida» a las enseñanzas. Significa devoción completa, entrega de cuerpo y mente, volver a tu verdadero hogar. Se presenta la posibilidad de iniciar una verdadera transmutación, una purificación kármica. Así como el bienestar de nuestro cuerpo tiene que ver con lo que ingerimos, de la misma manera debemos poner consciencia en todo aquello que nos nutre y nos hace crecer.
Tomar refugio en los «Tres Tesoros» es la ceremonia más sencilla del budismo, pero no por ello menos significativa, ya que marca el inicio del camino espiritual. Es el primer paso en el camino hacia la iluminación. Consiste simplemente en juntar las manos y recitar en voz alta tres veces la fórmula: «Me refugio en el Buddha (el iluminado), me refugio en el Dharma (las enseñanzas), me refugio en la Sangha (la comunidad)». El Buddha, el Dharma y la Sangha, en conjunto, forman lo que se conoce como los Tres Tesoros o las Tres Joyas. La entrada en la Vía del Buddha está indicada por tres puntos:
- Primero, por la realización de la verdad de que todos los seres son Buddha
- Segundo, por la profunda y resuelta aspiración de vivir en paz y armonía con todos los seres
- Tercero, acompañando desde la verdad y el amor. La expresión de todo esto se llama meditar.
El mismo Shakyamuni recomendó a sus discípulos rememorar cada día, con espíritu de fe, esta Triple Joya. Al decir fe me refiero a una virtud del corazón que se abre a algo más grande que nosotros. La fe es un movimiento interior que no siente la necesidad de apoyarse en algo exterior. La fe se crea desde la profundidad donde no hay obstáculos, problemas o dudas. Esta es la resonancia con las Tres Joyas.
«Este Dharma que tiene un solo sabor, será cultivado de acuerdo a las habilidades de cada uno, así como en los bosques las hierbas y los árboles utilizan el agua de lluvia para su crecimiento de acuerdo a su tamaño. El Dharma de todos los Buddhas es siempre de un solo sabor, produce la perfección en el mundo. A través de su práctica gradual todos alcanzarán los frutos del Camino».
(Sutra del Loto)
La palabra compromiso adquiere relevancia en este paso de la Toma de Refugio. Es una decisión personal y fundamental. Hablo de dejar de eludir las responsabilidades y abrir el corazón incansablemente a pesar de las dificultades que podamos encontrar en el camino. Es un acto de palabra en el que uno da testimonio de su confianza en el Buddha, en el Dharma y en la Sangha. Como toda promesa, nos compromete y nos lleva más allá de nosotros mismos. A nivel esencial se nos promete el despertar. En última instancia, hagamos lo que hagamos con este momento, su eco resonará una y otra vez.
En la Comunidad Budista Zen Luz del Dharma ofrezco esta ceremonia de Toma de Refugio, pero, para ser honestos, no es muy común en nuestra sociedad ni en el zen japonés actual. En la actualidad, esta tradición ha abandonado la toma de refugio como un ritual independiente. La Toma de Refugio ahora está integrada en la toma de preceptos de bodhisattva . Esta es otro tipo de ceremonia que implica una mayor implicación y entrar en una relación maestro-discípulo. Pocas personas toman esa decisión.
Mediante su forma declarativa y ritualizada, inscrita en el transcurso de una vida, Tomar Refugio se presenta como una ruptura. Afirma una decisión: no volver a refugiarse en coartadas, pretensiones, ilusiones e inconsciencia. Afirma una voluntad de autenticidad, de la cual el Buddha, el Dharma y la Sangha son simultáneamente testigos, promesas y manifestaciones.
Tomar refugio permite crear una conexión especial y viva con las enseñanzas de Buddha. Sin embargo, esto no implica seguir ningún precepto en particular, entablar una relación maestro-discípulo ni practicar la meditación. Simplemente implica declarar la decisión de abandonar los errores y deslices y, al mismo tiempo, comprometerse con una vida consciente, responsable y despierta. Es un acto de regocijo interno, apertura y expansión. Es una expresión de la gratitud, una veneración a la energía en la que se abandona todo conflicto y miedo. Estás en y te sientes a salvo, te vives tranquilo y en pleno bienestar. La Toma de Refugio nos mantiene en un vínculo cercano con el mundo. Seguridad, convicción y determinación son los términos relacionados con la fe o la confianza. Es el corazón de nuestra práctica.
Cuando un ser humano se siente internamente comprometido con este camino del corazón, este anhelo e impulso primigenio de vincularse afectivamente, corporalmente, mentalmente y espiritualmente con el Buddha, el Dharma y la Sangha es un hecho que acontece de forma hermosa y natural.
Denkō Mesa sensei
(Fragmento de las enseñanzas del Retiro zen de primavera, 2026)
_______
Fotografía original de Teresa Arozena