Autor: Denko

Los cuatro esfuerzos

Por Bhante Vimalaramsi

«Nuevamente Udayin, he proclamado a mis discípulos la manera de desarrollar los cuatro tipos correctos de esfuerzo. Un Bhikkhu se levanta con fervor, por el no-surgimiento de estados no beneficiosos perjudiciales no manifestados, y hace el esfuerzo, despierta energía, empeña su mente, y lucha.»

Aparte de fervor, la palabra pali chanda además significa interés alegre o entusiasmo. Una mente que apunta hacia un objeto beneficioso como la alegría tiene esta cualidad de interés alegre. Así, el primer tipo correcto de esfuerzo es cultivar una mente con interés alegre y entusiasmo para que ésta se vuelva clara y libre de estados perjudiciales. La alegría crece cuando la mente está sonriente y feliz tanto durante nuestra vida diaria como durante la meditación. Como resultado, la mente estará positiva y saludable. Hoy en día, estos cuatro tipos de esfuerzo son usualmente llamados los cuatro esfuerzos correctos. Algunos maestros de meditación solicitan al meditador que pongan un esfuerzo enérgico para notar lo que está ocurriendo en el momento presente. Pero el sutta claramente muestra que este no es ese tipo de atención.

La atención de interés alegre y entusiasmo, es decir, tener una mente sonriente lleva a tener una mente liviana, abierta, aceptante y sin tensión alguna.

Esta es la definición apropiada de esfuerzo correcto y, de acuerdo al sutta, nada tiene que ver con notar los fenómenos hasta que se vayan.

«Se levanta con fervor por el abandono de estados no-beneficiosos perjudiciales no manifestados, y hace el esfuerzo, despierta energía, empeña su mente y lucha.»

 

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Las bondades de la meditación

 

DIÁLOGOS DEL DHARMA: LAS BONDADES DE LA MEDITACIÓN.

Con este título el maestro zen Denkô Mesa retoma el ciclo de enseñanzas públicas en el Dojo Zen de Gran Canaria. Viernes 8 de febrero a las 20.00 h.

«Un meditador está abierto a la visión adecuada, esto es, mira la práctica como un ejercicio de realización. Llega un momento en el transcurso de la misma en la que percibe internamente que ya no se sienta para alcanzar nada porque experimenta que todo es tal y como es en ese preciso instante. La meditación no es una búsqueda de algo especial o diferente de lo que está sucediendo. La meditación es una fusión alegre y comprensiva con aquello que acontece.»

La actividad comienza puntualmente a las 20.00 h. Como preámbulo a las enseñanzas, el maestro dirigirá una pequeña meditación. Luego expondrá la temática elegida para la ocasión y finalmente se abrirá un turno de preguntas y respuestas con los asistentes.

Se pide una aportación mínima de 5€.

Más información:
Dojo Zen de Gran Canaria (Hôjin Zen Dojo)
C/ Los Almendros, 15 La Galera – Tamaraceite
35018 – Las Palmas de Gran Canaria
Tfno: (+34) 629 285 943
Email: grancanaria@luzdeldharma.org

El arte de la lentitud

El arte de la lentitud, del perdón, el arte de cuidar y habitar, de la compasión, de la felicidad, el arte de morir y el arte de no saber, son los componentes de la Teología de la lentitud, una propuesta del pensador portugués José Tolentino Mendonça. Su anhelo: que la humanidad se deje desconcertar por el inefable esplendor de cada amanecer. Lógicamente, el primer arte que nos ofrece es el de la lentitud. Y, ciertamente, es un arte el intento de demorar la vertiginosa rapidez que nos envuelve. Hoy, lo que importa son los resultados, lo que lleva a una jornada laboral que invade y sobrepasa la esfera de lo privado; y, sin embargo, este agitado ritmo no nos deja percibir lo que nos estamos perdiendo, nos impide vivir. Nos aconseja Mendonça rescatar nuestra relación con el tiempo, mediante una relajación interior. 

Del arte de lo inacabado, nos hace ver el autor que el tiempo no se estira, que el día tiene veinticuatro horas y no cuarenta y ocho, por lo que hemos de aceptar que no podemos alcanzar todos los objetivos que nos hemos propuesto. Sus palabras: “el punto de inflexión se produce cuando contemplamos de otra forma lo inacabado, no solo como indicador o síntoma de carencia, sino como condición inexcusable del propio ser”. Nuestra vida no se basta a sí misma, sino que siempre precisa la mirada del otro, que es mirada y es otro; nuestra vida solo se resuelve individualmente a intervalos ya que solo alcanza su sentido en el acto de compartir y darse. 

 ¿Qué ocurre con lo que no nos dan? El autor nos propone el arte de agradecerlo. Parte de la base de que lo esencial es que nuestra vida es un receptáculo del don, que hemos experimentado (y seguimos haciéndolo) que somos protegidos, cuidados, acogidos y amados, pues, en muchos sentidos somos la obra de los otros. Es tanto lo que recibimos que debemos de agradecer, también, lo que no se nos da. Y cita textualmente las palabras de una anónima (para el lector) informante: “El hecho de que no se me haya concedido alguna de ellas me ha obligado a descubrir en mí fuerzas insospechadas y, en cierto modo, me ha permitido ser yo”.

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Dinero correcto

Por Ken Wilber

El vil metal. No toquen el ámbito burdo. Con la mirada vuelta siempre hacia arriba, trascendamos solamente: no entremos, con cuidado y compasión, en los intercambios relacionales que definen este mundo: relaciones de comida y de sexo y de dinero.

Y señalemos, para nuestros ideales, a los sabios agrarios que se negaron al intercambio monetario (y, de hecho, lo condenaron). Estamos usando unas normas éticas apropiadas para la estructura agraria en un mundo posmoderno en el que ni siquiera son remotamente aplicables. Toda la estructura agraria apoyaba a yoguis y mendicantes con limosnas y donativos, que no tenían que preocuparse por el dinero, por un lugar donde vivir, por cómo pagar los impuestos; y es muy fácil condenar algo que de todas formas te están dando gratis.

Lo único que consigue esto, en el mundo posmoderno, es crear e imponer una hipocresía despiadada. Puesto que los individuos y los maestros deben recaudar dinero para sobrevivir, pero puesto que el dinero es malo, entonces, con la conciencia llena de culpa, recaudemos dinero, pero llamémoslo de otra forma (donativos «libres»). Sigamos señalando que Ramana no aceptaba dinero (le mantenían los devotos, por supuesto); que el Dalai Lama no acepta dinero (solo tiene a todo un pequeño país manteniéndolo). Y no quiera dios que algún maestro sea hallado conduciendo un BMW: el diablo, sin duda, lo obligó a hacerlo.

Y peor aún: el mensaje que sale del Dharma  no es cómo ser responsable del dinero apropiado, sino cómo evitar esa responsabilidad. El Dharma puro no toca los billetes: por tanto, los practicantes puros no deberían preocuparse por el dinero. Lo que significa que un buen practicante debería estar minuciosa, total y ferozmente desconectado de la realidad.

A nadie le gusta ver la espiritualidad maltratada por una codicia y una avaricia monetarias exorbitantes, a los Jimmy Swaggart y Oral Roberts[1] (o Rajneesh,[2] etc.) sacándoles los dólares a los incautos. Pero lo contrario de la codicia de dinero no es nada de dinero, sino dinero apropiado. Hay que corregir y completar la lista ascendente: comida correcta, sexo correcto, dinero correcto.

Mi propia opinión, de hecho, es personalmente aún más enérgica. Creo que este Dharma hippie (vil metal) en realidad rebaja el Dharma. Transmite el mensaje de que el Dharma no tiene ni idea de cómo tener éxito en el mundo real. Transmite el antiguo disparate ascendente de que el Dharma es igual a puritano, muerto del cuello para abajo. Transmite el mensaje de que el Dharma no puede tocar el dinero sin mancillarse. Y eso es lo más rebajado de lo rebajado.

Como ya he dicho, creo que debería hacerse todo el esfuerzo pragmático posible para poner el  Dharma al alcance de cualquier persona, con independencia de su capacidad para pagar (volveré a esto en un momento). Pero eso es totalmente diferente de la postura que dice que nunca se debe compensar al Dharma por sus esfuerzos.

En otras palabras, son dos cuestiones totalmente distintas: poner el Dharma al alcance de quienes no pueden pagarlo y la idea de que el Dharma no se debe pagar en absoluto. La primera es encomiable, noble y honorable; la segunda es patética, retrasada, regresiva y obscena. Y un Dharma asqueado con el ámbito burdo: eso no es un Dharma libre y gratuito, es un Dharma rebajado, paralizado por su incapacidad para abrazar el ámbito burdo con cuidado e interés e inteligencia.

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