Dojo Zen Ryoku Shin

Primeras nieves en Ryoku Shin

Qué suerte la nuestra al volvernos a encontrar, como copos de nieve al caer, en su viaje fugaz.

Qué preciosa sinfonía al juntarse los unos con los otros,
en su bonita danza armoniosa .

Qué bella geometría creada,
en la unión ante el mandala,
al tomar todos forma en él
con el calor de llama encendida.

Cantos que nacen del alma en la oración sincera y profunda por todos los seres vivientes, reverencias y respeto absoluto.

Sencillez y quietud. Suena el madero y el ser escucha el latido en su repicar. La mente parece callarse en el reposo calmado de ZaZen junto a la actitud humilde y compasiva del Maestro en este día invernal y soleado.

Primer ZazenKai llevado a cabo, con el inmenso regalo de esta preciosa nevada de enseñanzas y prácticas compartidas en la bella sierra madrileña junto a los pies de la firme y majestuosa montaña Anajarra y en el esplendor de la linda y bella naturaleza en su estado infinito de ser.

En este primer y entrañable encuentro, sin la posible apariencia de que podamos observar que este nevando hoy «qué lindo es ver caer las nieves en Ryokushin « mientras comemos juntos dentro del Dojo, en la armonía de la Sangha.

El agua del río corre,
la vida pasa……

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Zazenkai en Ryoku shin

Sobre el eterno fluir del río, la niebla baja. Árboles en quietud. Dentro del Dojo se comparte la experiencia en silencio.  Nadie sobre el zafu, nada bajo él.

Ayer 1 de febrero se celebró la primera jornada de meditación intensiva en Ryoku Shin, guiada desde el corazón y la experiencia por el maestro zen Denkô Mesa y Empar Roch. Con confianza y generosidad, 7 asistentes compartimos el encuentro al calor del fuego transformador del Dojo.

Para mí, practicante desde hace algún tiempo, la experiencia de la meditación es una experiencia única, poderosa. Sentarse y sentirse sobre el zafu es permitirse acceder a tu propio océano interno. Ese que no queremos observar o dejamos para más tarde, ese al que nos da miedo acercarnos. O por el contrario, ese al que permanecemos fijados de manera enfermiza, la imagen congelada de nosotros mismos. Unas veces contemplarás un mar en calma, otras, la tempestad, decía el maestro.

Siempre podemos recordar, al menos a mí me ayuda, que, aunque nos percibamos como una ola solitaria, también somos el océano y más allá, los múltiples océanos de las múltiples olas solitarias. Todo, finalmente, consiste es darse cuenta de lo interconectado en permanente movimiento y sí, permitírnoslo.

Al realizar el tiempo durante el samu (trabajo consciente) en la naturaleza, fuimos guiados por la experiencia de Jan, quien acertadamente nos señalaba que era importante gestionar nuestro propio esfuerzo y detenernos a observar el propio ritmo del entorno. Esto es fundamental en las labores de jardinería. –Es el entorno el que va pidiendo qué hacer, cómo hacerlo y cuándo- sin embargo, aquí de nada sirve querer ir más rápido, sólo hacer lo que es preciso que se haga en cada momento y saber esperar. Y esto, que parece tan sencillo, en realidad es el trabajo más difícil de todos).

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Pintando de azul el viento

Crónica  por Carlos Hernández

Parece que fue hace solo un momento cuando asistíamos a la inauguración del Dojo Zen Ryoku Shin (Fuerza del Espíritu) que está adscrito a la Comunidad Budista Zen Luz del Dharma que dirige el maestro Denkô Mesa. Aquí estábamos de nuevo, otra vez viajando desde Toledo para asistir a la segunda parte del curso que está impartiendo Empar sobre enseñanzas zen y su práctica.

Esta vez el tema serían las tres marcas de la existencia… o de la vida, no estoy seguro. Para mí son raíz, base fundamental: Anitya o Transitoriedad, Anatta o insustancialidad y Dukka o lo que venimos llamando  sufrimiento.

Sin duda alguna este Dojo tiene algo especial, no sé si llamar mágico. El caso es que cuando atravesamos el portón del recinto, volvieron a la mente unas palabras que escribí para no olvidar con qué pie se entra y con cuál se sale del dojo: “avanza el pie izquierdo, entro en el espacio sagrado, avanza el pie derecho y salgo del ego ilusorio. Mientras tanto, barro en los pies.”

Y de nuevo esos abrazos tan sinceros y tan deseados por mi parte. ¡Qué enorme privilegio poder pertenecer a este grupo, qué alegría poder comprobar todo lo que me queda por aprender de ellos!

Hace tiempo, no sé si leí o escuché algo del maestro Denkô Mesa sobre la verdad revelada y la verdad desvelada, con qué facilidad dejas caer esos velos gracias la apertura de corazón que en Ryoku Shin habita.

No sé qué en mí está pasando ni me interesa saberlo, prefiero vivir lo que en mí está quedando. Gracias Denkô sensei, Empar, gracias al Lama Tubob, Rafa, Pilar, Sonia, Gloria, María Ángeles, Helena, Juanan, Paz.

A las 11:00 aprox. Se comenzaban a impartir las enseñanzas. Como siempre, el círculo de corazones inicial para comentar nuestras vivencias sobre cómo habíamos llevado la práctica estos días y Empar con sus comentarios certeros. Enseguida pasamos a las enseñanzas y, de pronto, no sé cómo ni por qué, esa voz de Empar que me suena siempre tan dulce y joven, comenzó a resonar en mí como “la voz del dragón que parte de dentro del hueco tronco del árbol viejo”. Dejé de intentar comprender, me atreví por un momento a dejarme vencer por la vulnerabilidad bien entendida, confianza en el corazón, este corazón sonríe. Transitoriedad, insustancialidad, dukka… conceptos que separamos y, sin embargo, se entremezclan.

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Primeras nieves en Ryoku Shin

Crónica por Empar Roch Bernat

Vivir la impermanencia, la transformación, el cambio, como una danza, en ese ritmo constante con el que bailan los árboles movidos por el viento. Vivir la transitoriedad de los fenómenos naturales, en conexión con ellos, como una hoja cuando se desprende del árbol y cae flotando sobre el suelo para acabar fundiéndose con la tierra.

La noche sigue al día como la carreta sigue al buey. El invierno con su manto blanco de nieve, llegó al Dojo Zen Ryoku Shin, con la fuerza del espíritu que arrastra esta estación tras la desnudez del otoño, donde todo se transforma y cambia de color.

Y el día amaneció nevando. Son las primeras nieves para este espacio de meditación, este lugar sagrado que, con solo unos meses de vida, da sus primeros pasos, fluyendo con la vida y con la ley impermanente del cambio, como si fuera un bebé al que hay que arropar, cuidar y alimentar para el bien de todas las existencias.

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