Luz del Dharma

Comunidad Budista Zen en Tenerife

Retiro de Silencio

Del 1 al 3 de febrero

Este Retiro de profundización y silencio está especialmente concebido para aquellas personas con experiencia en la meditación zen y su práctica formal (postura de meditación, comida con cuencos, ceremonias…) Lo dirige el maestro zen Denkô Mesa, director espiritual de la Comunidad Budista Zen Luz del Dharma y se desarrollará desde la tarde del viernes día 1 de febrero hasta el mediodía del domingo 3 de febrero.

En esta ocasión, hemos elegido el Ashram Arautápala de La Orotava, un marco incomparable en plena naturaleza para practicar la meditación en profundo silencio y en la presencia de la montaña donde un frondoso bosque de castaños allí habita.

En cualquier caso, si necesitan más información, pueden contactar con el organizador general del retiro, Pepe Rodríguez en el teléfono 680 161 236

La evasión espiritual

Escondiéndose tras lo sagrado. Al uso de prácticas y creencias espirituales para evitar enfrentarnos con nuestros sentimientos dolorosos, heridas no resueltas y necesidades de desarrollo se le denomina “Evasión Espiritual”. La evasión espiritual es mucho más común de lo que podamos pensar y, de hecho, está tan generalizada que pasa enormemente desapercibida, excepto en casos extremos en que resulta más evidente.

Esto es debido, en parte, a nuestra tendencia a no tener mucha tolerancia –ya sea a nivel personal o colectivo- para enfrentarnos a nuestro dolor, adentrarnos en él y tratarlo; en lugar de ello, preferimos sin dudarlo “soluciones” que lo aplaquen, sin que nos importe el sufrimiento que tales “remedios” puedan catalizar. Como esta preferencia se ha extendido tanto y penetrado tan profundamente en nuestra cultura que está ya casi normalizada, la evasión espiritual viene como anillo al dedo a nuestro hábito colectivo de huir de lo que resulte doloroso, como una especie de analgésico superior con efectos secundarios aparentemente mínimos. Es una estrategia espiritualizada no sólo para evitar el dolor, sino también para legitimar esta evasión de distintos modos, que van desde lo descaradamente obvio hasta lo extremadamente sutil.

La evasión espiritual es una sombra muy persistente de la espiritualidad que se manifiesta de muchas formas, a menudo sin que se la reconozca como tal. Entre los distintos aspectos de la evasión espiritual encontramos un desapego exagerado, entumecimiento y represión emocionales, un excesivo énfasis en lo positivo, fobia a la rabia, compasión ciega o demasiado tolerante, límites débiles o demasiado porosos, un desarrollo “cojo” (con una inteligencia cognitiva a menudo muy por delante de la inteligencia emocional y moral), un juicio debilitante sobre la propia negatividad o “lado oscuro”, una infravaloración de lo personal en relación con lo espiritual y falsas ilusiones de haber llegado a un nivel superior de ser.

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Un camino basado en la experiencia

El budismo es un camino basado en la experiencia del instante presente, teniendo en cuenta lo acontecido en el pasado y las repercusiones que tendrá en un futuro, que aún está por llegar, todo aquello que digamos, pensemos o hagamos en este preciso instante. El budismo no es un camino de adoctrinamiento moral. El budismo no es una religión repleta de normas que debemos cumplir para alcanzar un reino espiritual.

Quienquiera que sea que carezca de autocontrol
y no permanezca en la verdad,
aunque se vista con la túnica amarilla,
no es merecedor de ella.

El budismo es un camino que fortalece la emergencia y el mantenimiento de la clara visión frente al impulso ciego de vivir ausentes. Está claro que somos seres afortunados por el simple hecho de haber nacido y aún más por experimentarnos como seres con capacidad para desarollar la autoconciencia y la trascendencia de sí, pero todo esto conlleva efectos secundarios, pues si no estamos atentos, caeremos en la mentira de la auto referencia y el narcisismo, incluida la vanagloria espiritual.

Hay muchos caminos, incluido el budismo, pero creer que puedes levantarte del suelo con tan solo tirar de tus orejas, es un imposible.

Seguir el camino del budismo significa estudiarse y conocerse en profundidad. Se necesitan años de práctica continuada y un asesoramiento adecuados, para vernos cara a cara con la falsa imagen que tenemos de nosotros. Soltar la fijación del ego es nuestro propósito, pues éste se basa siempre en sus propias interpretaciones subjetivas, no en los hechos. Lo que la percepción ve y oye, parece real porque sólo admite en la conciencia aquello que concuerda con los deseos del perceptor, o sea, nosotros mismos.

La realidad es lo que acontece a cada momento mientras tú te pierdes siguiendo las fantasías que vas creando. Si lo que ocurre está dentro de sus pretensiones, dictamina que es correcta, bueno y está bien. Si no es así, el personaje se excusa con el rechazo y lo manifiesta de variadas formas.

Así como la lluvia penetra en una casa mal techada,
la avidez penetra en una mente no desarrollada.

Esta es la principal razón del desajuste cognitivo o perceptivo que padecemos los seres humanos y que se manifiestan en distintos tipos de dolencias. En el fondo todas se refieren a un hecho ineludible: desde que nacemos estamos muriendo. Resolver el enigma del quién soy yo y qué es esto que llamamos realidad, son preguntas fundamentales que forman parte del trabajo meditativo.

La droga de la información nos ha despojado del tiempo para vivirnos. Así que, ¿cómo vivir en plenitud una vida llena de incertidumbres? Esta es la vía del despertar donde lo que importa es lo que haces, no lo que te cuentas. Si hay una atención mantenida, hay una percepción no difuminada. 

Por tanto, el budismo no es únicamente meditación y toda meditación no es budismo. El budismo debe ser entendido, por encima de todo, como un camino de trascendencia de eso que nos creemos ser. El budismo propone un recorrido existencial que nos lleva al íntimo conocimiento del sí mismo, y por ende, nos permite observarnos plenamente a la luz de la conciencia, viendo cómo es nuestra manera de relacionarnos, tanto con otras personas como con todo lo que nos rodea.

Denkô Mesa

 

El arte de la contemplación

Por Consuelo Martín

 

Una mente que no se encuentra encadenada en las experiencias del pasado y los proyectos del futuro vive un presente eterno.

 La contemplación no es algo separado de la vida; forma parte del vivir. En un momento atemporal de nuestra existencia, descubrimos la contemplación, y con ella descubrimos la vida auténtica y el significado profundo de la vida.

No pensemos, por tanto, que la contemplación es ajena a nuestras actividades diarias. En todas las situaciones del vivir se puede contemplar. Se vive con todo, y así todo puede ser transformado. Contemplando descubrimos el porqué de la existencia, por qué sufrimos, por qué amamos. La unidad que se crea al contemplar deshace todas las dudas que la separación creó, y las preguntas que nos hacemos, todas aquellas que quedan sin aclarar desde el nivel del pensamiento, encuentran respuesta en la contemplación.

 En todas las situaciones del vivir se puede contemplar.

 A menudo, escuchamos que el camino contemplativo es difícil. Mientras dicen esto, los seres humanos se enfrascan en grandes dificultades existenciales por no comprender… Pero contemplar no es difícil ni fácil. Es sencillo, como lo es la verdad.

Al contemplar se avanza directo desde la verdad hasta la verdad. Y cualquier método o intención estudiada que no deje nuestra mente en estado contemplativo será mero entretenimiento del pensar o, dicho de otra manera, provendrá del mundo de los sueños.

Entretenerse en el campo mecánico de lo conocido, de lo que es habitual, parece fácil; pero no hay nada que cree más dificultades que mantenerse distraído en lo falso, creyendo que es lo verdadero.

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