Luz del Dharma

Comunidad Budista Zen en Tenerife

El viaje a los adentros

 Por Ramiro Calle

El ser humano con inquietudes espirituales, sea o no creyente, teísta o ateo, se hace preguntas a las que no logra responderse, se plantea interrogantes existenciales que no consigue resolver por mucho que se enrede en todo tipo de especulaciones metafísicas o elucubraciones filosóficas. La mente ordinaria, basada en las dualidades o pensamiento binario, no arroja ninguna luz.

 Buda fue tajante cuando declaró: “El que interroga se equivoca; el que responde se equivoca”. Igual que lo fue cuando previno sobre un amasijo de ideas que puede llegar a enajenarnos. Es indiscutible que el pensamiento ordinario debe rendirse a la contundente realidad de que no logra ir más allá de sí mismo, igual que una mano no se puede coger a sí misma.

 Los seres humanos con inquietudes espirituales o de autodesarrollo, se han abocado a la búsqueda de lo interno cuando han comprobado que no pueden hallar respuestas en lo externo, que tiende a engatusarnos y a apartarnos de nuestro centro esencial. La mente conceptual y basada en los pares de opuestos o dualidades, tiene que suicidarse, en el viaje hacia los adentros, para poder percibir otra experiencia que escapa a la misma.

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Quietud

 

El maestro zen Denkô Mesa invita a la contemplación serena en su última obra y adentrarnos allá donde se escucha el eco de las horas y se percibe el latir del universo. En esta hermosa publicación, editada con cuidado por la editorial San Pablo, el autor nos propone un vivir en la quietud, convertirnos y ser uno con y en el movimiento pulsátil y dinámico de la mente, sin perder el eje y el centro observador de todo aquello que surge, se desarrolla y naturalmente desaparece.

En la contraportada del libro se lee:

“Gracias al poder de la quietud podemos focalizar la atención y posar la mirada con mimo y entereza sobre aquellos fenómenos que sentimos deben ser conocidos y merecen ser atendidos.”

A lo largo de la obra el maestro habla de una capacidad innata y universal, un potencial que está al alcance de todos y cada uno de nosotros. Expone que todos aspiramos a tocar lo primigenio y vivenciar que en nada nos diferenciamos. Para que esta verdad se revele, indica que disponemos de recursos maravillosos como la quietud estable, el silencio compartido y la contemplación serena, recursos imprescindibles en el hermoso viaje del autoconocimiento.

Para el maestro Denkô, sentarse y morar en la quietud es soltar y dejar de manipular todo aquello que se refleja naturalmente en el espejo de la conciencia. Morar en la quietud es un encuentro amoroso con nuestra naturaleza original.

Hermosa publicación, bella portada, elegidas cada una de las palabras,  Quietud ofrece en su conjunto un hondo mensaje: el silencio, la meditación y la actitud contemplativa son el comienzo de la sabiduría.

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Quietud

Denkô Mesa

Editorial San Pablo

ISBN 978-8428556569

 

La felicidad se puede medir

¿Qué le llevó a estudiar las fortalezas humanas?

Cuando me nombraron presidente de la Asociación Americana de Psicología me propuse hacer bien mi trabajo y me dediqué a preguntar por el mundo qué hacíamos bien y qué hacíamos mal los psicólogos.

Eso es curioso, humilde e inteligente.

Descubrí que investigar y tratar los aspectos negativos y patológicos del ser humano (la ansiedad, el estrés, la depresión, el suicidio, las adicciones…) sabemos hacerlo muy bien; pero nadie se ocupaba de los aspectos positivos, de manera que la psicología no explicaba a la gente cómo llevar una buena vida.

De eso se encargaron algunos filósofos.

…Y no se trata de mostrar a la gente cómo no estar deprimido, no enfadarse o no tener ansiedad, sino de enseñarle a ser feliz. Me propuse estudiar las bases del bienestar psicológico y de la felicidad; y las fortalezas y virtudes humanas, todo dentro del marco de la ciencia.

¿A qué conclusiones ha llegado?

Que las emociones positivas, la calidad de las relaciones, en definitiva, la felicidad, se pueden medir y se pueden enseñar.

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¿Dónde pones tu atención?

Hay un pequeño cuento, en el que un agricultor japonés viajó a una ciudad de occidente porque allí tenía un sobrino lejano al que solía visitar de vez en cuando. Una vez que éste se hallaba en la gran urbe, paseando por las anchas avenidas acompañado de su sobrino, se detuvo porque escuchó un sonido que le resultó familiar. Se acercó a unos pequeños arbustos que decoraban el lateral de las aceras que delimitaban una de las transitadas calles, y entre sus hojas descubrió un pequeño grillo que estridulaba su canto.

― ¿Cómo sabías que estaba ahí? ―preguntó el sobrino sorprendido.

― Muy fácil ―contestó el agricultor―, he escuchado el sonido que emite.

― ¡No es posible! ―respondió el sobrino―, ¿me estás diciendo que eres capaz de escuchar el sonido del grillo entre tanto ruido de coches, gente caminando, autobuses y martillos eléctricos taladrando el asfalto?

Claro, cualquiera puede hacerlo si pone atención.

El sobrino del agricultor le dijo que eso no era posible, que la mayoría de la gente no tenía la suficiente capacidad auditiva para escuchar un sonido tan débil entre la vorágine de ruidos de la gran ciudad. Entonces el agricultor extrajo de su bolsillo una pequeña moneda, le hizo un gesto a su sobrino para que observara atentamente, y lanzó la moneda sobre las losas de la baldosa. Al instante, una mujer que se encontraba a varios metros del lugar en el que cayó la moneda se giró, caminó con premura en esa dirección, fijó su vista en el suelo, se agachó a coger la moneda y continuó caminando en la dirección en la que se dirigía.

― ¿Te das cuenta muchacho? Parece que un sonido tan débil como el del canto del grillo es difícil de percibir; sin embargo otro igual de débil como el de una moneda que cae al suelo se percibe con más facilidad. Esto ocurre porque uno no genera ningún interés en la mayoría de viandantes, pero el otro sí. ¡Todo depende de dónde ponemos la atención!

Todos tenemos la capacidad de ignorar determinados estímulos y poner nuestra atención en otros. Este fenómeno recibe el nombre de atención selectiva y nos permite focalizar nuestra mente en una tarea, acción o estímulo concreto. Tiene una función adaptativa y de gran utilidad, ya que nuestro sistema cognitivo tiene una capacidad limitada, y si tuviéramos que dar respuesta a todos los estímulos que nos envuelven, éste se vería amenazado y sobresaturado de información.

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