Luz del Dharma

Comunidad Budista Zen en Tenerife

Un Mapa de la Conciencia

Tenerife 2019 | Febrero > Diciembre 2019

 

Enseñanzas budistas y prácticas de meditación, especialmente diseñadas para el bienestar integral de la persona

A continuación, se detalla la visión, misión, estructura y composición del primer año del curso Un mapa de la conciencia (niveles del ser) ideado en función de los siguientes criterios:

VISIÓN

Responder adecuadamente al quién soy yo, cómo estas, cómo te sientes y cuál es tu propósito en la vida son cuestiones capitales para el desarrollo de la conciencia humana. Conocernos en intimidad es el propósito del Dharma del Budha. Sus enseñanzas y prácticas meditativas deben ser correctamente transmitidas y correctamente integradas, lo cual conlleva ofrecer un asesoramiento continuado para quienes practican regularmente en los centros, así como para todas aquellas personas y entidades afines al conocimiento del budismo y sus principales formas de meditación.

MISIÓN

La formulación y planteamiento del curso Un mapa de la conciencia (niveles del ser) queda resumido en los siguientes principios:

  1. Favorecer la comprensión interna del budismo, así como la integración de las prácticas meditativas en la vida cotidiana.
  2. Propiciar y dar soporte a la auto observación más allá de los límites de los centros de práctica.
  3. Indagar y experimentar una clara comprensión de la realidad existencial propia y ajena.

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El primer despertar

Por Pilar Álvarez

El primer día de un nuevo año amanece y con él una nueva posibilidad, una nueva esperanza, esta vez rodeada de hermanos de la sangha en un escenario diferente, pero con el mismo sentir.

Tras desayunar juntos, iniciamos el camino. La luz del sol ilumina el sendero hasta nuestro lugar de práctica y un sinfín de verdes se presentan a nuestro alrededor.

Llegamos, si es que hay que llegar algun lado, y nos sentamos bajo el cuidado de un fastuoso pino. Comienza lo que nunca empieza, ni termina. Y sientes…

Sientes la brisa, el murmullo del viento, el aleteo de los pájaros, el danzar de los pinos que forman una comunidad interdependiente, sientes la unidad con todos los seres.

De repente, se oye un canto milenario y volvemos al sendero después de haber experimentado el primer despertar de un nuevo año.

Cultivar la mente

Por Margaret Cullen y Gonzalo Brito

En la psicología budista, la mente es descrita como un sexto sentido, que se suma a los cinco habituales (vista, oído, olfato, gusto y tacto). Desde esta perspectiva, del mismo modo que el ojo percibe todo tipo de formas, colores y luces, el oído toda clase de sonidos, y la nariz todos los olores, la mente percibe todo tipo de pensamientos: grandes y pequeños, hermosos y feos, interesantes y aburridos, sabios y ridículos, etc. La mayoría de las personas no se identifican a sí mismas con los colores y las formas que ven, ni con las texturas que tocan. Normalmente no pensamos, por ejemplo: “Soy verde claro” o “soy rugoso”, cuando vemos algo verde o tocamos algo rugoso. Pero los pensamientos, como objetos de la mente, son un poco distintos y, quizás porque son inmateriales e internos, somos más propensos a confundirlos por quienes somos.

Los pensamientos de autoevaluación son particularmente seductores y convincentes. Aparecen en la mente disfrazados de verdad absoluta. Cuando aparecen pensamientos como: “No sirvo para nada”, “No soy querible”, “He defraudado a la gente” o “No tengo remedio”, enseguida nos quedamos atrapados en ellos y los separamos de otros comentarios internos como si fuesen verdades con autoridad. Aunque esto no les ocurra a todas las personas, muchos tenemos la tendencia profundamente arraigada de desestimar las fantasías y otras categorías de pensamientos como fabricaciones de la mente, y, en cambio, tomamos cualquier juicio sobre uno mismo como una verdad absoluta. Esta es precisamente la razón de que el reconocimiento de que los pensamientos no son la realidad pueda brindarnos una gran paz emocional.

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El mundo no es una lilusión

Por Steve Taylor

Uno de los mayores mitos sobre la espiritualidad es el que revela que el mundo es una ilusión. Según el mito, cuando “despertamos” o nos iluminamos, nos damos cuenta de que el reino físico de las cosas es sólo un sueño.

El mundo y todos los acontecimientos que se producen en él son vistos como un espejismo. Sólo el espíritu es real, el cual existe por encima y más allá del mundo físico.

Uno de los problemas con este punto de vista es que conduce a tener una actitud desapegada e indiferente hacia los acontecimientos mundanos. ¿Qué importa si millones de personas sufren de pobreza y hambre? ¿Qué importan las guerras o la catástrofe ecológica? ¿Por qué debemos molestarnos en luchar por causas sociales o contra problemas globales? Todo es parte del sueño, así que nada de eso tiene importancia.

Esta actitud se justifica a menudo haciendo referencia al concepto hindú de maya, que a veces se traduce como “ilusión“, pero su significado real se acerca más al de “engaño“.

Maya es la fuerza que nos engaña al pensar en nosotros mismos como entidades separadas y que el mundo consiste en fenómenos independientes y autónomos.

En otras palabras, maya nos impide ver el mundo como realmente es. Nos ciega para no ver la unidad que hay detrás de la aparente diversidad. Nos impide ver el mundo como brahman, o espíritu. Así que no significa literalmente que el mundo es una ilusión, sino que no es lo que parece. Significa que nuestra visión del mundo no es completa ni objetiva, que hay realmente más de lo que vemos superficialmente.

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