El miércoles 3 de agosto me dirigí al Dojo Zen de La Laguna para reunirme con las personas con las que iba a hacer el retiro de verano de la Comunidad Budista Zen Luz del Dharma. Era la primera vez que asistía a un retiro. Las dudas me asaltaban, no sabía por qué me había unido, pero recordando el poema «Nada dos veces» de Szymborska, pensé que las oportunidades no se deben dejar escapar y tenía que probar.

Con un sentimiento de desarraigo y muchos miedos, subimos por las empinadas carreteras de La Orotava en Tenerife que nos llevaron al Ashram Arautapala.

Al poco tiempo, los miedos se fueron desvaneciendo al descubrir que aquel lugar profundo y afectuoso estaba ocupado por personas entrañables.

Con el paso de los días de silencio y mirada calmada, la práctica de la meditación y la introspección se va introduciendo en lo más oculto y escondido de nuestras entrañas. Caer en la cuenta de que el nombre del lugar donde estaba situado el Ashram se llama La Hondura terminó de darle forma a todo aquel totum revolutum.

La gratitud y el vínculo que se establece entre las personas asistentes, así como la sensación de ligereza y de plenitud es lo que me acompañó el domingo 7 de agosto en el regreso a la vida cotidiana.

Rosa Rodríguez

Agosto 2022