Autor: Denko

Alegría, alegría, alegría…

La alegría es una emoción placentera y tiene el papel único de aportar ánimo vital a la experiencia humana y es crucial en la lucha por la supervivencia y el crecimiento. La alegría es el estado de regocijo interior que nos hace sentir vivos y equilibrados; es una excitación que produce placer y felicidad y es un sentimiento grato que nos obliga a ver el lado risueño y gracioso de las cosas. Es una emoción expansiva que se necesita expresar y compartir con los demás.

Su manifestación más típica es la sonrisa, que puede adoptar diversas formas: genuina, falsa y enmascarada.

  1. La sonrisa genuina, sentida, o autentica acompaña al sentimiento de una emoción positiva.
  2. La sonrisa falsa o fingida es un gesto afectivamente vacío, que trata de aparentar un sentimiento positivo que realmente no está ocurriendo. Se simula experimentar alegría.
  3. La sonrisa enmascarada se da cuando una persona está experimentando una emoción negativa (miedo, ansiedad, tristeza, ira…) e intenta ocultarla aparentando un sentimiento positivo.

¿Cómo se siente la alegría en el cuerpo?

Se trata de una activación general en todo el cuerpo que implica expansión. La risa es la forma más primitiva de disfrute, posteriormente se diferencia en respuestas más discriminadas como la sonrisa, la risa ahogada, la risa tonta, la risotada y las carcajadas. La risa es, por lo tanto, una respuesta compleja y estimulante que involucra a la respiración, los músculos faciales y el cuerpo entero. Recientemente, se ha escrito mucho acerca de las cualidades que tiene la risa para fomentar la salud.

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Conocer mi enfoque

Con el boom de la tecnología y el exceso de información, nos sumergimos en unas turbulentas aguas porque queremos hacer muchas cosas y termina la jornada y no logramos concretarlas. Sucede muy a menudo y vemos personas aparentemente ocupadas, en nada.

Hace poco conversaba con un amigo y éste me decía “el que mucho abarca poco aprieta” y puede que tenga lógica, pero cuando abarcamos muchas responsabilidades que no tienen nada que ver con lo que realmente es mi propósito, este dicho tiene mucha validez.

Podemos abrir nuestro compás de acción siempre y cuando tenga definido claramente hacia dónde voy, cuáles son mis debilidades, oportunidades, fortalezas y amenazas, lo que en gerencia se conoce como matriz Dofa. Tener bien establecido nuestros escenarios, deseos, anhelos y hasta limitaciones, nos llevará inevitablemente a conseguir nuestros sueños.

Enfocarnos nos permitirá lograr proyectos, dar prioridad a lo importante sin dejar de lado esas cosas que no necesitan tanta agenda como son nuestros espacios; bien sea a solas, con la familia, amigos, dosis de diversión y distracción. Lograr un equilibrio armónico es, en algunos casos una tarea titánica. Priorizar, enfocar, visionar, anhelar, actuar, son unos aspectos muy importantes a tomar en cuenta en pro a conquistar nuestro mundo.

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Nada que perseguir

Nos pasamos la vida buscando, ya sean bienes materiales o respuestas espirituales. Pero buscar presupone que hay algo que no está aquí ahora, lo que resulta frustrante. El secreto es que no hay nada que perseguir. La vida es un fin en sí misma, una gran ofrenda que hay que aceptar. Vivir el presente nos permitirá deleitarnos a cada instante.

Vamos a la raíz: esto nunca nos parece suficiente. Lo que está sucediendo ahora mismo en el momento presente es decir, esto nunca nos parece suficiente. Nos pasamos la vida buscando, anhelando y deseando otra cosa, algo más, algo distinto a lo que ahora ocurre. Buscando algo en el futuro que nos satisfaga, nos complete y nos salve. Buscando respuestas… nos asaeteamos a preguntas hasta volvernos locos.

Jamás hemos sabido descansar aquí, relajarnos completamente en lo que está ocurriendo. Estamos sometidos a impulsos que nos empujan hacia un momento futuro en el que suponemos que las cosas irán mejor. Y, como nuestra atención está tan atrapada en el futuro como en su reflejo, el pasado, lo que ahora ocurre acaba reducido a un medio para alcanzar un fin, un simple momento en una larga secuencia compuesta por muchos otros momentos. Y, como nunca estamos contentos con esto, siempre esperamos un futuro mejor.

Eso es, precisamente, lo que llamo búsqueda. Y, en este sentido, todos somos buscadores, porque todos estamos buscando algo. La búsqueda se expresa de muchas formas diferentes. En el llamado mundo material, buscamos dinero, felicidad, estatus, relaciones mejores y más satisfactorias, una sensación de identidad más fuerte. Cosas que nos hagan sentirnos más seguros. En el mundo material es importante saber quiénes somos, hacer que nuestra vida funcione, alcanzar nuestros objetivos y satisfacer nuestras ambiciones. En el mundo material, es muy importante triunfar. La búsqueda se inicia para ser alguien en el mundo, hacer algo con nuestra vida antes de morir. Por eso el mundo material suele ser tan insatisfactorio y nos orientamos también hacia las enseñanzas espirituales. Entonces, el objetivo cambia. Ahora queremos despertar e iluminarnos. Ya no queremos un coche nuevo sino acceder a un estado alterado de conciencia. No queremos una nueva relación sino la beatitud permanente. En lugar del éxito mundano, queremos la iluminación; perder algo llamado ego y trascender algo llamado mente.

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La luna de miel del despertar

Cuando se produce un verdadero y auténtico despertar, quién somos y qué somos queda claro. Ya no hay preguntas al respecto; está resuelto. Así, una de las señales del verdadero despertar es el final de la búsqueda. Ya no sientes el impulso, el tira y afloja. El buscador ha quedado revelado como la realidad virtual que siempre fue, y desaparece como tal. En cierto sentido, ha terminado su tarea. Ha proporcionado el impulso necesario para ayudar a sacar la conciencia o el Espíritu de su identificación con el estado de sueño, y le ha ayudado a volver a su estado de ser natural.

Ahora, si se trata de un despertar permanente, el buscador y la búsqueda se disuelven completamente. Si, por otra parte, el despertar no es de carácter permanente, es posible que el buscador y la búsqueda estén en proceso de ser disueltos, pero sin hallarse totalmente disueltos todavía. En cualquier caso, esta disolución del buscador mismo puede transformar la propia vida. Para los que estamos en el camino espiritual, toda nuestra identidad puede haber estado dedicada a ser un buscador. Literalmente, nuestra vida puede haber estado definida por la búsqueda espiritual, por el anhelo de Dios, de la unión o de la iluminación.

Entonces, de repente, se produce el despertar. El buscador, la búsqueda y toda la estructura egótica que se construye alrededor de la búsqueda espiritual desaparecen de repente. Esta identidad se ve tal como es —carente de significado e inútil—, y se cae.

Esta caída del buscador puede experimentarse como un gran alivio. Da comienzo a lo que he denominado la luna de miel del despertar. Al menos en mi caso, experimenté esta caída del buscador y de la búsqueda como si me hubieran quitado un gran peso de encima. Fue una experiencia muy física. Literalmente sentí como si me hubieran quitado un peso, un peso que había estado acarreando.

Ésta es una experiencia común entre los que despiertan. Cuando la conciencia despierta de su sueño de separación, hay una gran sensación de alivio. Por eso la gente empieza a reír o a llorar, o experimenta una intensa liberación emocional del tipo que sea: sienten el alivio de haber salido por fin del estado de sueño. A veces llamo a este momento el primer beso. El despertar es como tu primer beso espiritual, tu primer beso de la realidad, tu introducción a la verdad de quién y qué eres.

Esta luna de miel puede durar un día, una semana, seis meses o un par de años. Varía según la persona. Lo característico del periodo de luna de miel es la fluidez completa: no hay resistencia en tu ser, en tu experiencia. Todo fluye. La vida es un flujo; todo parece ocurrir por su propia volición. Es el conocimiento experimental de que en realidad todo se está haciendo, y que tú, como entidad separada, no estás haciendo nada.

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