Luz del Dharma

Comunidad Budista Zen en Tenerife

Creando paz, dejando de juzgar y culpar

Todos hemos sido heridos, decepcionados, traicionados, tal vez incluso abusados. A veces, la persona que nos daña es alguien a quien amamos; en otras ocasiones puede ser una institución como nuestro empleador o nuestro gobierno; otras veces, nos maltratamos a nosotros mismos. Independientemente de la fuente de nuestro dolor, reaccionamos instintivamente con aversión, tanto como individuos como como comunidades. Nuestro enojo y culpa nos ayudan a sentirnos en control y nos motivan a eliminar la amenaza. Le gritamos a nuestro cónyuge o compañero de trabajo. Nos castigamos a nosotros mismos e incluso declaramos la guerra al enemigo.

El Buda enseñó que, aunque tales reacciones son naturales, en el mejor de los casos solo brindan un alivio temporal e inevitablemente alimentan más reacciones. Al igual que con todos los demás fenómenos, el Buda sugirió que afrontemos la violencia con una presencia compasiva y tolerante. Sin embargo, para muchos de nosotros, hay una pregunta que surge de inmediato: ¿significa esto que debemos ceder y aceptar a la persona que nos ha traicionado, aceptar a quienes dañan o destruyen en nuestro nombre, aceptar nuestros propios comportamientos adictivos? Tal aceptación puede incluso parecer poco ética, como si tuviéramos que dar un paso atrás y presenciar cómo se desarrollan los comportamientos dañinos con imparcialidad. Entonces, ¿cómo reconciliar la aceptación con un mundo violento y lleno de sufrimiento?

Esa es una buena pregunta. Señala un malentendido sobre lo que significa aceptación: no significa permitir que alguien nos haga daño o se lastime a sí mismo. No significa que respaldemos la guerra. Más bien, apela a la capacidad de reconocer claramente lo que está sucediendo dentro de nosotros en el momento presente y de afrontar lo que sentimos y vemos con amabilidad.

Aceptamos nuestra propia experiencia del dolor, el miedo o la ira que surgen como reacción a una circunstancia externa. Solo cuando lo hagamos, nuestras decisiones y acciones podrán ser guiadas por un corazón sabio.

Al profundizar en la atención, probablemente experimentemos miedo: miedo por nuestro mundo, miedo de cómo la violencia y los malentendidos están proliferando, miedo de cómo estamos devastando nuestro hábitat natural. Pero a medida que podemos ofrecer -y ofrecernos- una presencia gentil, el miedo gradualmente dará paso a un notable afecto por la vida, posibilitándonos responder con compasión.

Leer más

Historias zen

Recuerdo que los primeros meses, cuando tuve mi primer contacto con el zen, quedaba entusiasmado y absorto, mirando de vez en cuando los lomos de los libros que estaban en la pequeña biblioteca del centro. Ya había hecho varias búsquedas por internet: Las crónicas del acantilado azul, Fundamentos de la Vía Media, el Shôbôgenzo… El gran afán que tenía en aquellos momentos por leer y comprender esos textos hacía que mi fascinación creciese con ímpetu. Sin embargo, la torticolis no tardó en aparecer y el sueño del principiante comenzaba a esfumarse como un tierno hilillo de incienso.

Ahora mismo, creo que. si tuviese la capacidad de volver al pasado, lo haría para despejar el escritorio de aquel principiante y, durante la noche, dejarle un pequeño libro publicado por la editorial EDAF y titulado: Antología Zen. Cien historias de Iluminación recopiladas por Thomas Cleary.   

Las páginas que contiene oscilan entre la leyenda y la devoción. La mayoría tienen como protagonistas a los maestros Bankei y Hakuin. Están escritas a partir de anécdotas que muestran la sabiduría de dichos maestros y la ternura y excentricidades de otros: monjes que se limpian el trasero con sutras, maestros que podan un jardín de crisantemos para provocar la cólera de un gobernante, así como otras con un carácter introspectivo como son “Mal carácter” y “Hablar y escuchar”.

Estas historias te pueden hacer reír con sus locuras, te pueden deleitar con sus poemas, te pueden despertar admiración por la energía y resolución de los practicantes, pero, sobre todo, consiguen acercarte al zen de una manera directa y sencilla, sin que por ello dejen de ser profundas. Por eso, es ahí donde creo que está el pequeño secreto de este hermoso librito.

Por Juan Manuel

Elogio a la simplicidad

«Simplificar, simplificar, simplificar…»

Estas palabras tan refrescantes escritas por Henry Thoreau nos recuerdan que gran parte de nuestro sufrimiento proviene de añadir innecesarias e inquietantes complicaciones en nuestras vidas.

Parece que estamos continuamente tejiendo redes conceptuales elaboradas en torno incluso a eventos muy sencillos.

Distorsionamos la realidad y la envolvemos con complicaciones mediante la superposición de construcciones mentales fabricadas. Esta distorsión conduce invariablemente a estados y conductas mentales que carcomen nuestra paz interior y la de los demás.

¡Cuántas empresas humanas y causas nobles han fracasado debido a tales complicaciones innecesarias!

Necesitamos simplificar nuestros pensamientos, simplificar nuestras palabras y simplificar nuestras acciones.

Debemos evitar caer en la rumiación mental circular, las conversaciones inútiles y las actividades vanas que desperdician nuestro precioso tiempo y generan todo tipo de situaciones disfuncionales.

Tener una mente simple no es lo mismo que ser ingenuo. La simplicidad de la mente se refleja en la lucidez, la fuerza interior, la flotabilidad y una satisfacción saludable que soporta los tormentos de la vida con un corazón ligero.

La simplicidad revela la naturaleza de la mente detrás del velo de pensamientos inquietos. Reduce la exacerbada sensación de autoimportancia y abre nuestro corazón al altruismo genuino.

 

Matthieu Ricard

_________

 Fuente: https://www.matthieuricard.org/es/blog/posts/elogio-a-la-simplicidad

 

La conciencia no estacionada

El budismo no es un simple tema de estudio, sino una forma de vida. La esencia de ésta se encuentra en la meditación. Es tan actual esta certeza como el aire que ahora respiramos.

Las tradiciones contemplativas sobrepasan el lenguaje de las palabras, si bien, muchos han hecho el esfuerzo de plasmar y transmitir las experiencias, ya sea de manera oral o por escrito. De esta forma, llegamos a cuestionamientos tales como, ¿qué es la conciencia? ¿Acaso podremos definirla? ¿Dónde se esconde la conciencia? ¿Somos todos seres conscientes?

Conciencia es un concepto limitado en nuestra cultura. En occidente la entendemos como ‘lo opuesto a lo inconsciente’. Si además usáramos “mente” como sinónimo de la conciencia, la opondríamos a “corporal”, sin embargo, en el budismo se incluyen todos los niveles del ser en la conciencia (físico, sensorial, emocional, mental, conductual, espiritual…) Así pues, para penetrar en la naturaleza de la expresión “conciencia”, debemos vivirla no sólo con el intelecto, sino con todo nuestro ser.

Podríamos comenzar, acordando que la conciencia es aquello que nos da la posibilidad para desarrollar la práctica de la atención. Gracias a ésta, podemos observar los distintos fenómenos que ocurren tanto dentro como fuera de nosotros y aprender a relacionarnos de una manera sana y equilibrada. Por lo tanto, un primer acercamiento a la conciencia sería admitirla como algo que nos permite experimentar con plenitud lo que denomino “el poder de darnos cuenta”. En este sentido, la meditación es entendida como una contemplación de la conciencia a través de la propia conciencia.

Leer más