Autor: Denko

El cuidado como virtud

La práctica meditativa requiere rigor y conlleva implícito el desarrollo de la perseverancia. Es fundamental que se mantenga la constancia y la regularidad indagatoria para que pueda darse un natural aprendizaje y manejo correcto en el cultivo de la atención. Sin embargo, la avidez humana es grande y se manifiesta cuando pretendemos alcanzar iluminaciones inmediatas y acabamos reduciendo el mundo espiritual al nivel del cheque exprés.

La meditación no se compra con bonos narcisistas, no se da cuando el ego quiere. La meditación no es antes, ni después. Es cuando es, o sea, es todo el tiempo. Por otro lado, no vale hacerlo de cualquier manera. No todo está bien, pero nos hemos convertido en grandes expertos de la justificación y la banalidad más chabacana.

En la Vía del Budha se cuida cada instante con la máxima presencia. No somos sujetos pasivos. El meditador asume la autorresponsabilidad de sus propias conductas. La meditación zazen es una práctica tranquila de vigilancia ininterrumpida, de ahí que la certeza surja a través del gesto preciso, exacto e impecable. Por esta razón, la atención es entendida como un gran sistema de control de la calidad de la conciencia, lo cual permite ir sorteando distintos obstáculos que se encuentran a lo largo del camino del conocimiento. Así se dice que hay al menos tres remedios para afrontarlos con éxito: primero percibiendo la interferencia con claridad, pero sin darle excesiva atención, segundo repitiendo este remedio hasta que termine por desaparecer y tercero convirtiendo la interferencia en principal objeto de atención

Si lo expresáramos de otra manera, podemos impedir que surjan los estados perjudiciales que aún no han brotado (evitando que crezcan las malas hierbas en nuestro jardín interior), disolver aquellos estados nocivos ya surgidos (esforzándonos en quitarlas si nacen), generar estados provechosos que no han salido (plantando hermosas flores) y manteniendo los estados provechosos ya surgidos, esto es, esforzarnos finalmente en mantenerlo bello y hermoso es entender el mimo y el cuidado como una virtud de la práctica meditativa. Porque como dijo el maestro zen Eihei Dôgen “Las olas se forman incansablemente en la superficie de la corriente, pero no pueden borrar el reflejo de la luna que mora en ellas.”

Denkô Mesa

 

Hacia el encuentro con el ser

El zen es un viaje hacia el encuentro con el ser. Su secreto radica en aprender a sentarse sin ansiedad, experimentar lo que acontece sin prisas, vivenciándolo a través de un estado de apertura y recogimiento sereno.

Meditar es un estado de plena absorción. Es un ejercicio desnudo que favorece la contemplación serena. Es una opción válida para cualquiera y muy necesaria en el día a día, pero hay que llevarla a cabo de manera correcta, constante y precisa. No vale de cualquier forma, pero nos excusamos con todo tipo de justificaciones, tanto que hemos hecho de la mentira el reino de este mundo.

La práctica de la meditación consiste en ver sin mirar, escuchar sin oír, captar sin querer coger. De esta manera, la actitud del meditador se equipara al estado del quien se sienta tranquilo al borde de un acantilado, disfrutando del ir y venir de las olas de la playa que contempla; es así como se entiende la práctica meditativa, descubriendo con serenidad lo que surge, se desarrolla y termina por desaparecer, observando sin manipular el movimiento de la conciencia.

De esta manera, la meditación es un sutil arte que nos hace descubrir cómo somos en realidad, experimentándolo desde un ángulo pleno de paz y bienestar, viviéndolo sin confrontación y sin coacciones.

La meditación no es crear un estado ideal con el que te identificas, no se puede eludir la confusión. Se trata de despertarte, reconocerte tanto en situaciones gratas como ingratas. Todos somos luces y sombras y que yo sepa no hay rosas sin espinas, salvo en las manipulaciones transgénicas. Esta es la razón por la que los alimentos han perdido sabor y color en nuestros supermercados. Y esta sensación se puede observar en distintos órdenes de nuestras vidas. Carecemos de tono y presencia debido a una gran falta de atención. Vivimos narcotizados y nos hemos convertido en consumidores de productos exprés.

Por lo tanto, meditar es un sutil arte de equilibrio entre la plena atención y la relajación profunda. Estabilidad y apertura se dan la mano en el viaje hacia el quién soy yo y qué es esto.

La meditación no es una postura, ni un traje, ni un hábito. Es una experiencia de recapitulación integral que proporciona el gozo de volver a casa y conectar la fuente original de la existencia.

 

 

 

El corazón de la experiencia

La meditación es una práctica de contemplación serena a través de la cual emerge el estado de la plena presencia. Si contemplas sin manipular, observarás que esta presencia no está involucrada con ninguna forma particular. Simplemente permite que toda apariencia sea como es, sin involucrarte en ella, actúa de la misma forma que un espejo, esto es, permite que cada imagen se presente tal como es, sin elegir ni rechazar y sin involucrarte en ella.

Poco a poco notarás que no es posible encontrar esta presencia si tratas de conocerla como un objeto. Quizá trates de conocerla bajo la idea de un pensamiento, el impulso de una emoción, una sensación o una percepción. Sin embargo, la presencia no puede ser encontrada como ningún tipo de objeto; la única manera de conocerla es ser ella.

Si accedes a la práctica con una motivación desinteresada, los beneficios se irán presentando de forma natural. Si por el contrario acudes a la práctica con el espíritu de la posesividad, te frustrarás fácilmente y apenas te darás cuenta, estarás a mil millas del momento presente.

Es por eso que nuestro Ser, la Conciencia, a veces se dice que es nada, o sea, no es una cosa, un objeto, un pensamiento, un sentimiento, una sensación o percepción. A veces se dice que es vacía, transparente o vacua, pero estas palabras son para evocar la realización de que lo que esencialmente somos no se puede encontrar, sentir, conocer, ver o experimentar como cualquier tipo de objeto, por muy sutil que sea, ni siquiera la sutil sensación de ser.

Meditar es la expresión de nuestra naturaleza esencial. Meditar es encontrar esta presencia en el corazón de toda experiencia, ser íntimamente uno con. Así pues, meditar es la no acción suprema, la entrega total, la rendición absoluta.

Denkô Mesa

Respeto y generosidad

Sobre el respeto

El respeto conduce al cuidado, a ser impecables en lo que hacemos. Significa apreciar que todo tiene un valor. Cuando prestamos atención, ponemos más cuidado en nuestras relaciones. En este sentido, favorece mucho convivir con compañeros de práctica (tesoro de la sangha). En el seno de un grupo estable aprendemos a respetar los horarios, por ejemplo, a vestir de una forma armónica y no fomentamos aquello que nos haga sobresalir por encima de los otros.

Para el que cultiva el hábito de reverenciar constantemente

a los mayores y respetarlos,

cuatro bendiciones van en aumento:

edad, belleza, bendición y fuerza.

El respeto es equivalente a tener veneración, aprecio y reconocimiento por una persona o cosa. Como tal, la palabra proviene del latín respectus, que traduce ‘atención’, ‘consideración’, y originalmente significaba ‘mirar de nuevo’, de allí que algo que merezca una segunda mirada sea algo digno de respeto. Así pues, es un reconocimiento y valoración especial que se le tiene a alguien o a algo, vivencia que está en franco declive en nuestra sociedad capitalista. Sin embargo, hemos perdido el cuidado de aquellos con los que verdaderamente aprendemos en la vida (padres, maestros…)

Así podemos observar que la idea de veneración se asocia a la idolatría y a los sentimientos que generan las figuras populares. Por ejemplo, una banda de rock, en este sentido, puede generar veneración entre los jóvenes: los seguidores del grupo pueden pasar varias noches sin dormir para conseguir entradas para un concierto, esperan a los músicos en la puerta de un hotel, se tatúan el nombre de la banda, etc.

Sobre la generosidad

Encarna la cualidad de carecer de codicia. Constituye una inclinación natural a dar, querer compartir, en definitiva, es un deseo sano de soltar. La generosidad debilita poco a poco la tendencia del apego y está íntimamente conectada con el sentimiento del amor.

Así como la abeja liba en la flor,

sin dañar su color y esencia,

y luego se aleja, llevándose únicamente la miel,

así el sabio pasa por esta existencia.

Cuando nos sentamos en zazen, al inicio de la práctica, disponemos de un rito privado en el que antes de inmovilizarnos, ofrecemos de todo corazón los posibles méritos de nuestra práctica por el beneficio de todos los seres y entre los cuales estamos incluidos. Este es el espíritu del EKO en nuestras ceremonias, devolvemos con gratitud al universo el regalo de la meditación, la práctica se expande a través del ritmo de la percusión, el canto grupal, los movimientos corporales medidos a conciencia.

Podemos trabajar internamente con situaciones desagradables o conflictivas, llevándolo todo al chakra del corazón (anahatha). Cuando está completamente abierto, el ser ama por el amor en sí, desde la alegría de dar, sin esperar nada a cambio.